• MIÉRCOLES 11
  • de marzo de 2026

Opinión

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Sin ahorro no hay inversión

Los sistemas de capitalización individual tienen la gran virtud de permitir la creación de ahorro en la economía.


Editor
Joaquín Rey

Asesor de políticas públicas de la AAFP.


¿Qué significa esto y cuál es su importancia en el contexto peruano? En esencia, lo dicho por el presidente del Banco Central de Reserva da cuenta de un efecto colateral sumamente importante de los sistemas de pensiones. Se trata del vínculo virtuoso entre el ahorro previsional y los mercados de capitales (o, inversamente, el daño que el desahorro previsional puede generar sobre estos).

Aunque la finalidad de todos los sistemas previsionales es asegurar pensiones para la jubilación, también tienen el efecto muy positivo de crear ahorro privado a gran escala en la economía. Esto en particular en el caso de los sistemas de capitalización individual (como el sistema privado peruano), porque en los sistemas públicos de reparto (como en la ONP) los aportes no generan un ahorro de largo plazo, pues son tan solo transferencias de los trabajadores aportantes a los pensionistas.

De hecho, en el Perú, la introducción del Sistema Privado de Pensiones (SPP) a inicios de los noventa fue crítico para la acumulación de ahorro en la economía. Antes de este hito, el ahorro privado era marginal.

Como demostró la historia, esto fue algo central para la recuperación económica de esa década, y lo ha sido desde entonces. La razón es simple: el dinero que reciben las administradoras de fondos de pensiones no se “guarda bajo el colchón”, sino que, con la finalidad de buscar rentabilidad para sus afiliados, se invierte en bonos, acciones, certificados de depósito, depósitos a plazos, entre otros instrumentos. Es decir, el dinero del ahorro previsional se destina a financiar inversiones, emprendimientos y proyectos de empresas, familias y el propio Estado.

Este ahorro permitió, por ejemplo, el desarrollo de un mercado hipotecario que no existía, lo que hizo posible el acceso a vivienda para cientos de miles de peruanos. Permitió, igualmente, que el sector público accediera a recursos a los que antes solo accedía mediante deuda externa.

Cuando el ahorro previsional se reduce, pasa lo contrario: se incrementan las tasas de interés, se reduce el crédito, se contrae la inversión y, en consecuencia, se afectan el crecimiento económico y la reducción de la pobreza.

Esto es precisamente lo que señalaba Julio Velarde en su intervención en la CADE: tras los retiros de AFP, en el Perú tenemos un problema para financiar inversión de largo plazo. Los datos respaldan esta perspectiva. Antes de que se iniciara la seguidilla de retiros de AFP en el 2020, la tasa de bonos soberanos en soles a 10 años era cercana al 4%. Luego del sexto retiro, llegó a estar cerca al 9%.

Así, la recuperación de la actividad privada (y, por tanto, la reducción de la pobreza) es un reto mucho mayor hoy, dadas las dificultades que enfrentamos para conseguir financiamiento.

Ello debe llevarnos a dos reflexiones. La primera es que toda política pública debe ser evaluada considerando la totalidad de sus efectos, no solo los más inmediatos o evidentes, sino también aquellos indirectos y de mediano y largo plazo.

La segunda es que, además de sus ventajas evidentes para la construcción de pensiones, los sistemas de capitalización individual tienen la gran virtud adicional de permitir la creación de ahorro en la economía, algo fundamental para el crecimiento de la inversión y, por lo tanto, para la lucha contra la pobreza.

Hoy, en el Perú tenemos la gran tarea de reconstruir nuestro ahorro previsional. Además de ser indispensable para lograr mejores pensiones para nosotros y nuestros hijos, jugará un rol central para que nuestra economía vuelva a crecer.