• SÁBADO 9
  • de mayo de 2026

Editorial

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Ampliar la frontera agrícola

“Incorporar nuevas hectáreas es crucial para dinamizar la oferta agrícola, diversificar los productos que puedan enviarse a los mercados mundiales y consolidar al país como un proveedor confiable de alimentos [...]”.

La agroexportación peruana ha sido un motor clave en la economía durante las últimas dos décadas, con productos emblemáticos como los arándanos, espárrago, uvas y paltas ganando espacio en los mercados internacionales. Sin embargo, estos logros se han obtenido usando un porcentaje limitado de tierras cultivables en producción. Incorporar nuevas hectáreas es crucial para dinamizar la oferta agrícola, diversificar los productos que puedan enviarse a los mercados mundiales y consolidar al país como un proveedor confiable de alimentos en un contexto de creciente demanda global.

Pero más allá de los beneficios económicos, este desarrollo tiene implicaciones sociales profundas. La ampliación de la frontera agrícola puede generar miles de empleos directos e indirectos, mejorando el nivel de vida en regiones marginadas. El empleo rural, acompañado de capacitaciones en técnicas modernas de cultivo y riego, puede contribuir a reducir la pobreza y cerrar brechas de desigualdad.

Sin embargo, no todo está garantizado. El éxito de estos proyectos depende de cómo enfrentemos desafíos persistentes. Uno de los más urgentes es garantizar la sostenibilidad del uso del agua. Los recursos hídricos, ya tensionados por el cambio climático, requieren una gestión responsable que equilibre las necesidades de la agroexportación con las demandas locales. Sistemas de riego tecnificado y políticas claras para la distribución del agua deben estar en el centro de esta expansión.

Otro reto clave es asegurar el financiamiento necesario y evitar retrasos burocráticos que puedan paralizar estas obras. El historial de proyectos como Chavimochic III, detenido por años debido a problemas contractuales, es una advertencia clara. El compromiso del gobierno y del sector privado es imprescindible para garantizar la continuidad de las inversiones.

Por último, el país debe apostar por una planificación que considere no solo el aumento de la producción, sino también el fortalecimiento de las cadenas de valor y la mejora de la competitividad. Esto implica invertir en infraestructura logística, mejorar el acceso a mercados internacionales y fomentar la innovación tecnológica en el agro.

El Perú tiene el potencial de convertirse en un líder indiscutible en agroexportación. Para lograrlo, debemos abordar estos desafíos con visión estratégica, garantizando que los beneficios lleguen a todos. La incorporación de nuevas hectáreas cultivables no solo es una oportunidad económica, sino también un paso hacia un desarrollo más equitativo y sostenible.