Opinión
VP de Tecnología de Globant
En el 2024, The Wall Street Journal predijo: “Olvida tus contraseñas: el cuerpo es la próxima clave de seguridad”. Días antes se había producido la filtración más grande de la historia: fueron develados 26,000 millones de registros de diferentes sistemas en todo el mundo.
El auge de los ciberdelitos avanza junto con la digitalización. Desde la pandemia, el Foro Económico Mundial lo ubica entre las cinco mayores amenazas económicas globales. En disputa está la identificación de la identidad, esencial para construir confianza en el mundo digital. La inteligencia artificial (IA) procesa grandes volúmenes de datos para ofrecer soluciones de identidad seguras.
Para el 2028, el mercado de identidad digital crecerá un 16,24% anual, alcanzando 70,82 millones de dólares, según Brandessence Market Research. Además, la ONU y el Banco Mundial buscan garantizar una identidad legal para todos en el 2030, facilitando el acceso a servicios esenciales.
En controles fronterizos, Finlandia prueba pasaportes electrónicos biométricos, y la Unión Europea proyecta que el 80% de sus ciudadanos los use para el 2030. Aerolíneas como Vueling implementaron check-ins biométricos con selfies, mientras que NEC desarrolló un sistema que autentica hasta 100 rostros por minuto, agilizando procesos en aeropuertos. Ya es común abordar vuelos usando solo la imagen facial.
La biometría también transforma la vida diaria: desde acceder a oficinas o bancos hasta ingresar en edificios. En entretenimiento, Globant lideró la digitalización del Intuit Dome, estadio de los LA Clippers, donde el reconocimiento facial permite entradas, compras y experiencias personalizadas. Taylor Swift usó tecnología similar para identificar acosadores en un concierto.
Ante este novedoso progreso se deben tener en cuenta dos consideraciones muy importantes. Primero, los sesgos: en algunos casos, el reconocimiento facial falla al identificar a minorías étnicas. En segundo lugar, la privacidad. La seguridad no es motivo para que los Estados se inmiscuyan en vidas personales. En la reciente ley de la inteligencia artificial, la Unión Europea limitó la identificación biométrica en espacios públicos únicamente con una autorización judicial.
El enfoque humano es clave para que la IA beneficie a las personas. Este progreso promete una identidad digital verificada que impulsa la seguridad, evita fraudes y mejora experiencias cotidianas. Así como lo fueron las huellas dactilares, hoy los datos biométricos garantizan mayor seguridad y comodidad global.