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“Sin un sistema de datos robusto y una sólida gobernanza, no es posible implementar IA de manera responsable”.

Periodista
smendoza@editoraperu.com.pe
¿Qué puede mejorar en la administración pública el uso de la Inteligencia Artificial (IA)?
–Primero, hay que tener cuidado con las modas. Sin un sistema de datos robusto y una sólida gobernanza de datos, no es posible implementar IA de manera responsable. Cuando fui presidente de la Oficina Nacional del Servicio Civil (ONSC) en Uruguay, el proceso de ingreso de un funcionario al Estado tomaba un año, debido a la cantidad de trámites y el tiempo que requería el concurso. Nada estaba digitalizado: ni los currículos ni los expedientes. Al digitalizarlo, el algoritmo de IA nos ayudó a sistematizar los requisitos y a ubicar mejor a los postulantes.
–¿Puede contribuir a una gestión pública más transparente?
–La IA no puede resolver la falta de transparencia si no hay una cultura de transparencia. No es una solución mágica para nuestros problemas. Hay que comenzar con lo básico: tener buenos datos, ya que en nuestros países estos no están interconectados. Las entidades públicas necesitan áreas sólidas de tecnologías de la información y arquitectos de datos competentes. ¿Tienen capacidad para contratar ingenieros en sistemas expertos en ciberseguridad? Para aplicar IA, es necesario contar con un sistema de seguridad completo; de lo contrario, es riesgoso.
–¿Cómo están nuestros países en la digitalización de servicios?
–América Latina ha avanzado en la digitalización de servicios, acelerada por la pandemia del covid-19, aunque aún enfrenta desafíos para alcanzar el nivel de otras regiones. El potencial de la IA es enorme, ya que agrega valor al trabajo de los servidores públicos. Por ello, es fundamental capacitarlos, pues representa una herramienta clave.
–¿Es útil el servicio civil?
–Sin un servicio civil, no hay democracia. No se puede exigir productividad a un funcionario que trabaja en un contexto de desmotivación constante. Las reformas en los servicios civiles son esenciales.
Meritocracia
–¿Por qué aún no existe una escuela iberoamericana para servidores públicos?
–En América Latina, tenemos dificultades para conocernos entre nosotros. Sabemos más sobre Europa, a pesar de los esfuerzos por unirnos mediante el español y otros lazos culturales. Además, en nuestras administraciones públicas hay poca institucionalización de prácticas de intercambio.
–¿A qué se refiere?
–No hay una cultura de institucionalización ni un verdadero interés en el cambio. Las reuniones con directivos de las escuelas e institutos de capacitación de servidores públicos en Latinoamérica son mayormente ritualistas: compartimos experiencias, pero estas no trascienden. Mi papel como secretario general del Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo (CLAD) es impulsar y monitorear que esto cambie.
–¿Qué debe cambiarse?
–Es crucial profesionalizar, mediante concursos de mérito, los cargos de la alta dirección pública, donde América Latina ha fracasado. Chile es el único que tiene un sistema de alta dirección pública. Soy neoinstitucionalista y creo que, si queremos cambios en la cultura de las personas, necesitamos crear un sistema de incentivos, ya que las personas tienden a elegir lo que les conviene.
–¿Es necesaria una escuela para servidores públicos?
–Aunque el clientelismo político es alto, hay un núcleo de funcionarios que suelen permanecer y, aunque cambien de institución o se retiren del sector público, suelen regresar. No podemos abandonar la idea de formar a los funcionarios; es la única forma de reducir la alta rotación.
–¿Una escuela iberoamericana para funcionarios ayudaría a evitarlo?
–Sí, porque no todos los países tienen las mismas capacidades. Deberíamos aprovechar las experiencias de otros, como Brasil, cuya Escuela Nacional de Administración Pública (ENAP) ofrece una amplia gama de formación. En Latinoamérica, el problema está en la alta dirección pública, que rota constantemente y es designada políticamente. En Uruguay, Brasil y Chile, no tenemos problemas de meritocracia; por ello, a pesar de las crisis políticas, los servicios estatales siguen funcionando.
–El clientelismo sigue siendo una gran amenaza.
–Así es, hay países con mayor volatilidad, más expuestos al patronazgo y al clientelismo político. Sin embargo, algunos avanzan hacia una meritocracia en entidades como los bancos centrales. Aprovechemos también la experiencia de las escuelas de formación de Uruguay y Colombia.
Es esencial que los funcionarios conozcan las normas de derecho administrativo, para evitar, por ejemplo, los conflictos de interés. Muchos incurren en corrupción por desconocimiento. También resulta fundamental prevenir la exclusión social de personas con discapacidad y la discriminación contra la mujer.
Decisiones diferentes
Sobre la participación de las mujeres en los puestos de alta dirección en el Estado, Ramos Larraburu sostiene que su presencia va a garantizar que se perfilen otros estilos de liderazgo en la administración pública y que se generen climas más inclusivos para la toma de decisiones.
“En mi experiencia personal, las mujeres que integran los equipos de trabajo en los que he participado me han ayudado a mirar las situaciones desde otra perspectiva, y gracias a ello a tomar decisiones diferentes”, comentó a El Peruano.
A esta altura de la civilización no tiene ningún sentido tener paredes y techos de cristal que alejan a las mujeres a asumir responsabilidades jerárquicas. Cerrar brechas es la prioridad, señaló.
El Estado de un país se fortalece cuando incluye a las mujeres al mercado de trabajo, no solo promueve el desarrollo de sus industrias, ergo, de sus economías, sino también cambios en la organización de una sociedad.