¿Los hijos están perdiendo la confianza en sus padres?
José Luis Bravo Russo
Director de Familias 360
El resultado fue preocupante. 43 respondieron que no confiaban absolutamente en nadie; 33, en su papá o mamá (solo tres respondieron en ambos); 39, en sus abuelos; y 32, otros. Si bien es cierto, este es el resultado de un ocasional sondeo, no deja de ser el reflejo de la crítica situación que viven muchos niños, adolescentes y jóvenes en nuestro país.
La confianza, una virtud que significa poder creer que otros no nos defraudarán se está perdiendo al interior de los hogares. Que 43 de ellos (casi un tercio de los consultados) digan que no confían absolutamente en nadie, expone el peligro que corren muchos jóvenes y estaría muy relacionado con que seis de cada diez jóvenes sufran actualmente deterioro de la salud mental (Dirección de Salud Mental del Minsa).
En opinión de la psicóloga clínica y psicoterapeuta en pareja y familia Marisol Pinedo, los niveles de adaptación y socialización se han convertido en los puntos más críticos de los adolescentes y jóvenes. Sostiene que producto de esa desconfianza se ha incrementado el número de hijos e hijas con depresión crónica, ansiedad severa, otros trastornos mentales y de muchos intentos de suicidios o suicidios efectivos.
Que de 150 encuestados solo 36 confíen en sus padres es una muestra del deterioro y de cómo el alto índice de separaciones y divorcios, violencia doméstica, psicológica e incluso, sexual viene afectando la confianza de los hijos en sus padres.
A esto se puede sumar que los padres hoy en día están muy saturados con sus actividades y descuidan el fortalecimiento de las relaciones con sus hijos. Estos últimos incluso, coinciden los especialistas, llevan en sus espaldas el sentimiento de culpa de la separación o la violencia con que viven sus progenitores.
La salud mental y la desconfianza de los hijos a sus padres se agrava cuando, tras el golpe de la separación, continúa la violencia física, psicológica entre los excónyuges o con sus hijos.
Tenemos que trabajar para revertir este triste panorama. Nuestros adolescentes y jóvenes están en una etapa en que los amigos, las redes sociales, personas externas a la familia comienzan a adquirir un papel más importante en sus vidas. Pertenecer a grupos virtuales, sentirse parte de ellos y ser aceptados pasa a primer plano; mientras que las relaciones familiares están en un segundo plano.
Por eso, rescatar la confianza con ellos puede ser una tarea ardua, pero definitivamente no imposible. Los padres somos los primeros que debemos establecer estrategias efectivas como comunicarnos sin atacarlos, apoyar el desarrollo de su autoconfianza, confiar en ellos y desarrollar nuestra capacidad de escucha.
Estas estrategias, sumadas a las políticas de familia del Estado y de los gobiernos locales, permitirá que surja una relación donde reine la confianza. Generarla no será un proceso fácil ni lineal, pues tendrá siempre sus altos y sus bajos.