Editorial
“[...] la primera línea de defensa de nuestro espacio aéreo la conforman unidades con más de 40 años de antigüedad, situación que nos pondría en desventaja en un hipotético escenario de conflicto internacional [...]”.
De acuerdo con el Ministerio de Defensa, la operación demandará una inversión de 3,500 millones de dólares, la cual se efectuará en dos partes hasta el el 2026.
El anuncio ha generado una polémica entre los defensores de la conveniencia de esta adquisición y los que la objetan por la magnitud de los recursos económicos comprometidos.
Creemos que en este debate deben tomarse en cuenta algunos aspectos vitales. En primer lugar, resulta necesario recordar que la defensa de nuestra soberanía e integridad territorial es una tarea consagrada en la Constitución y, por lo tanto, un mandato para todos los sectores. En segundo lugar, debe tenerse presente que el Perú cuenta con intereses y recursos estratégicos cuya cautela constituye un asunto prioritario.
Asimismo, en tercer lugar, el país no efectúa adquisiciones militares significativas desde 1996, cuando se compraron de segunda mano 18 aeronaves MIG-29 y 18 Sukhoi-25 fabricadas en la década de 1980.
Es decir, en la actualidad la primera línea de defensa de nuestro espacio aéreo la conforman unidades con más de 40 años de antigüedad, situación que nos pondría en desventaja en un hipotético escenario de conflicto internacional debido a los saltos tecnológicos de los últimos años.
En cuarto lugar, el Perú valora la paz y las buenas relaciones con todas las naciones, especialmente en nuestra región, donde afortunadamente no tenemos ningún conflicto abierto. Sin embargo, la historia también nos enseña que la situación geopolítica puede cambiar en un corto plazo, por lo que resulta imprescindible estar preparados para actuar con eficiencia ante cualquier desafío.
La eventual adquisición de aeronaves de combate por parte de nuestro país, además, no alteraría el equilibrio militar estratégico en América del Sur; por el contrario, contribuiría a estabilizarlo, pues algunos de nuestros vecinos realizaron hace pocos años una completa renovación de sus Fuerzas Armadas, proceso en el marco del cual introdujeron moderno equipamiento bélico hasta ese momento inédito en la región.
Finalmente, si se concreta la compra, será imprescindible no cometer los mismos errores del pasado y asegurar que la operación sea transparente y libre de corrupción.
Resultan comprensibles las críticas, principalmente por la enorme inversión que implica esta compra en un contexto de grandes brechas sociales todavía pendientes de resolver. En todo caso, consideramos pertinente que el tema se debata de manera seria, objetiva y técnica, sin caer en discursos patrioteros o populistas, y considerando siempre lo mejor para los intereses nacionales.