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Con mucha nostalgia, cuenta que adquirió esta tradición de su madre, Benedicta López Choque, y de su abuela, cuando cumplió 10 años de vida. “Me enseñaron todo acerca del tejido artesanal, desde hilar la lana de las ovejas, armar los productos y bordar con mucha paciencia nuestro legado, que al final vendemos en ferias que se organizan en la plaza principal”, describe la septuagenaria.
Mientras sus manos se mueven con una destreza inigualable, confiesa que hace décadas podía terminar una chalina o un gorro en un día.
Aunque ahora tarda un poco más, agrega que su energía y vitalidad se mantiene intacta. Es más, refiere que su estado anímico ha mejorado considerablemente luego de que se enfoquen en sus habilidades y experiencias.
“Sigo con las mismas ganas de producir. Los años han pasado, pero este tipo de arte me permite olvidar todo lo malo. Cuando tejo dejo de lado los achaques y algunos dolores que ya vienen por la edad; además, tengo un ingreso extra”, dice risueña.
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Objetivo en la vida
Tomasa participó recientemente en el Desafío Kunan 2024, concurso anual que reconoce los emprendimientos de gran impacto social, y aunque no obtuvo el primer lugar ni el financiamiento que esperaba, su espíritu no se quebró. Con mucha resiliencia deja en claro que cumplirá su objetivo en la vida: “Conseguir un espacio propio para vender y difundir nuestro arte”.
“No ganamos, pero vamos a seguir luchando. Queremos un espacio propio para nuestra asociación, donde podamos vender nuestros productos y seguir adelante”, añade con firmeza. En la actualidad, la asociación Manos Incansables promociona sus productos en las ferias que organiza la Municipalidad Provincial de Puno y el programa Pensión 65.
“El equipo del CIAM (Centro Integral de Atención al Adulto Mayor) nos apoya con las maestras, que llegan para darnos nuevas técnicas o detalles. Mientras que Pensión 65 impulsa nuestro emprendimiento con la Intervención de Saberes Productivos. Son un soporte para cumplir el objetivo que tenemos en mente, porque por algún motivo lidero este grupo de adultos mayores, quizá mi misión es demostrar por qué me dicen Tomasa, las manos incansables de Puno”, finaliza Benavente López con la misma ilusión y optimismo que tenía cuando cumplió 10 años y comenzó a tejer.
Busca dejar un legado
Doña Tomasa confiesa que su mayor virtud es la perseverancia, una característica que adquirió de su padre, Guillermo Benavente Pari. Por eso busca dejar un legado, no solo a su familia, sino también a su amado Puno. “Tengo cuatro nietos y un bisnieto, y me gustaría que ellos aprendan lo hermoso que es el tejido”, resalta enérgica. Por eso aprovechará que es usuaria de Pensión 65 para sumarse a las transmisiones intergeneracionales, que consisten en enseñar sus habilidades y costumbres a las nuevas generaciones, con la finalidad de fortalecer la identidad cultural de su comunidad.