• MARTES 21
  • de abril de 2026

Opinión

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Reflexiones

Dolores Cabero de Grau


Editor
Christian Capuñay Reátegui

Periodista

ccapunay@editoraperu.com.pe


Es propicia la oportunidad para recordar a doña Dolores Cabero, la esposa de Miguel Grau, una mujer que estuvo provista de una entereza admirable, pese a los terribles sucesos que debió enfrentar en aquella época turbulenta de nuestra patria.

Es destacable no encontrar en ella palabras cargadas de resentimiento o de cualquier otra emoción negativa por las circunstancias en que perdió a su esposo. En la entrevista que concedió en 1925 a Edgardo Rebagliati y que se publicó en la famosa revista Mundial, Dolores Cabero responde con solvencia las preguntas, revela detalles del carácter de su ser querido desaparecido y se muestra agradecida por la solidaridad que recibió de tantos ante los infaustos hechos de Angamos. En suma, termina transmitiendo la serenidad que el tiempo ayuda a forjar tras un periodo doloroso.

Además de la muerte de Grau, tuvo que afrontar otras pérdidas tanto o más dolorosas. Sufrió en vida la partida de cuatro de sus diez hijos. Miguel Grau Cabero murió en 1877 antes de la guerra en Chile siendo un niño; Ricardo Grau Cabero murió en 1899 en un accidente en Chanchamayo, Rafael Grau Cabero murió en 1917 asesinado en Apurímac por sus rivales políticos, y Victoria Grau Cabero falleció en París en 1914, en la época en que vivió en esa ciudad junto a su madre.

La vida no debe haber sido muy fácil para esta mujer y no podremos nunca ponernos en su lugar para sentir la angustia que debe haber experimentado durante la campaña naval de la Guerra del Guano y el Salitre, pues, como ella misma lo confiesa en la entrevista mencionada, sabía muy bien, porque Grau se lo había dejado en claro, que las posibilidades de victoria eran muy escasas.

Imagino la experiencia dramática que le tocó vivir. Preguntarse cada día si recibiría la temible noticia y, a la vez, aguardando en el corazón la esperanza de un milagro que le diera a Grau la victoria y el retorno triunfal al Callao.

Como corresponde, el Gobierno del Perú le concedió una pensión económica que tuvo problemas para cobrar en muchas ocasiones. No registró mayor participación en asuntos públicos, aunque se conoce que escribió una carta al entonces presidente Augusto B. Leguía para protestar por lo que consideró una persecución política contra su hijo Miguel Grau Cabero.

Vivió tranquilamente en el centro de Lima, en París y en Chorrillos y murió un 23 de febrero de 1926 a la edad de 82 años. Una mujer admirable y la mejor compañera que pudo tener El Caballero de los Mares.