Editorial
“Un día como hoy hace 145 años cayó Grau, y si bien se ha escrito mucho acerca de su gesta, el mejor homenaje que podemos rendirle es atesorar los valores que encarna y asumirlos como una guía de conducta en todos los ámbitos”.
En la Iliada de Homero, Héctor, el mejor guerrero de Troya, seguramente sabía que perecería a manos del enfurecido Aquiles, quien buscaba vengar la muerte de su amigo Patroclo. Héctor pudo haber recurrido a un sinfín de excusas para evadir el encuentro con el héroe griego. No obstante, se sobrepuso a ese temor natural y decidió enfrentar con valentía y estoicismo el deber de defender a su pueblo.
El gran almirante del Perú, Miguel Grau Seminario, sabía también que había muy pocas posibilidades de que el célebre Huáscar derrotase a la escuadra enemiga en la campaña naval de la infausta Guerra del Pacífico. Un marino experimentado como lo fue tenía que saber que el escenario más probable era la captura o hundimiento de su buque y su muerte personal dada la superioridad de las naves adversarias. Pudo rebelarse, evadirse, inventar alguna excusa, y sin embargo zarpó del Callao en defensa de la patria horando su compromiso inquebrantable con el Perú.
Por eso su legado ha calado tanto en las generaciones que lo sucedieron. Su gesta trascendió la historia militar y se ha convertido en un ejemplo de amor al Perú, pero también de valentía, dignidad, responsabilidad, rebeldía ante la adversidad y serena aceptación frente a lo inevitable.
Es indudable que el 8 de octubre no es una fecha cualquiera para los peruanos. Es cuando conmemoramos el sacrificio del noble piurano. Un día como hoy hace 145 años cayó Grau, y si bien se ha escrito mucho acerca de su gesta, el mejor homenaje que podemos rendirle es atesorar los valores que encarna y asumirlos como una guía de conducta en todos los ámbitos y circunstancias.
Desazón y repudio causa ver cómo quienes deberían ser los primeros en asumir estos valores los traicionan por un insignificante interés personal, perjudicando con esa actitud todos los esfuerzos que se hacen para impulsar el progreso del país. No cabe duda de que el Perú estaría en la actualidad en otra posición si su clase dirigente estuviera premunida de las virtudes que encarna el Caballero de los Mares.
Grau nos recuerda la importancia de la integridad y la lealtad en tiempos de adversidad. Así, se convierte en un referente no solo para los peruanos, sino para todas las naciones que valoran el compromiso con la justicia y la dignidad.
Rindámosle hoy y todos los demás días el homenaje que se merece y continuemos esforzándonos en procura de lograr que el Perú sea un país enrumbado hacia el desarrollo, con justicia social e igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos. ¡Viva Grau!