Opinión
Asesor de políticas públicas de la AAFP
Ahora que tenemos a China como un referente para nuestro país en materia comercial es propicio también prestar atención a lo que ahí sucede en materia previsional, tema respecto del cual el Perú sostiene un debate en torno a la necesidad de una reforma.
Sucede que recientemente China ha introducido cambios relevantes en su sistema de pensiones. En noviembre del 2022, desplegó un esquema privado que funcionará en paralelo al público. Se trata de un sistema voluntario de capitalización individual administrado por gestoras privadas.
Dada la escala de la economía china –la segunda más grande del mundo, con un crecimiento promedio de casi 9% en los últimos 20 años–, este se perfila como un sistema masivo. De hecho, aunque han transcurrido solo unos meses desde su introducción, ya cuenta con más de 60 millones de participantes. Se trata de trabajadores que optan, voluntariamente, por destinar un ahorro mensual para complementar la jubilación que recibirán del sistema público al momento al retirarse.
El crecimiento del sistema es tal que se calcula que para el próximo año administre 1.7 billones de dólares.
La importancia de este hecho no debe pasar desapercibida, pues se trata de un país con una larga tradición estatista, que hoy se abre a la participación privada en un mercado tan importante como el previsional.
¿Qué está detrás de este paso? El elemento central, sin duda, es el cambio demográfico que se está produciendo. Hoy China es un país crecientemente envejecido. Mientras que a inicios del siglo su población mayor de 65 años representaba el 7% del total, hoy es el 15%. Y se prevé que para el 2050 sea el 28%.
Este fenómeno, que es sin duda positivo pues refleja una mejora en las condiciones de vida y salud pública que permiten una vida más larga, trae consigo importantes retos de política pública para China. Uno muy concreto es la sostenibilidad de su sistema público de pensiones, caracterizado –como el sistema de la ONP en el Perú– por un esquema de reparto. Es decir, un pozo común en el que van los aportes de todos los trabajadores y de donde salen las pensiones para los jubilados.
Este diseño confía en que los jóvenes financiarán las pensiones de los adultos mayores. El problema es que, dado el crecimiento de la población adulta mayor en relación con la población en edad de trabajar, la realidad es que eventualmente no será posible sostener los niveles de pensión actuales.
Este reto no es exclusivo de China. Muchos países europeos están enfrentando los mismos desafíos en sus sistemas previsionales, lo que los obliga a medidas –observadas recientemente en Francia– como el incremento en la edad de jubilación o en los niveles de aporte de los trabajadores durante la etapa laboral.
Otro camino es el que está tomando China. Es decir, complementar su sistema público con un sistema privado de capitalización individual. En este esquema cada trabajador posee una cuenta propia, que acumula sus aportes y la rentabilidad que se va generando. Por su diseño, la sostenibilidad del sistema de capitalización individual no se pone en riesgo por los cambios en la estructura poblacional.
Aunque en el caso peruano aún estamos lejos de la situación extrema que enfrenta China, el envejecimiento poblacional es también una realidad que se manifiesta gradualmente y que se acentuará notoriamente en el futuro. Afortunadamente, en nuestro país la mayoría de los trabajadores que contribuyen a un sistema previsional lo hace al sistema privado de capitalización individual, lo que protege sus pensiones futuras de cambios demográficos.
Por ello, ahora que nos encontramos debatiendo una reforma al sistema de pensiones es fundamental tomar en cuenta las lecciones aprendidas en otros países y las tendencias globales. El mensaje es claro: si queremos asegurar la sostenibilidad de nuestro sistema previsional, la capitalización individual debe mantenerse como el eje de este.