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  • de abril de 2026

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Día Internacional del Trabajo: honrando la lucha por las 8 horas

Gesta de los Mártires de Chicago que propició esta conquista universal tuvo un impacto temprano en la clase obrera limeña


Editor
Gabriel Valdivia

Periodista

jvaldivia@editoraperu.com.pe


Las protestas que derivaron en esta importante conquista se iniciaron el 1 de mayo de 1886 con una huelga producida en las fábricas de Chicago y que luego de varios días de enfrentamientos dio lugar, el 4 de mayo, a lo que se conoce como la revuelta de Haymarket, un hecho histórico acontecido en Haymarket Square (Chicago, Estados Unidos).

La Revuelta de Haymarket tuvo un impacto significativo en la historia del movimiento obrero y la lucha por los derechos laborales en Estados Unidos, y es recordado como un ejemplo de la represión y persecución que enfrentaron los sindicatos y los movimientos obreros durante el siglo XIX.


El historiador Antonio Zapata recuerda que el impulso que generó la lucha y sacrificio de miles de obreros en el país estadounidense, llega al Perú, donde un grupo alentado por esta ola de cambios, introduce las nuevas ideas que luego calaron en la clase obrera local.

El 1 de mayo de 1905 acontece una gran ceremonia de celebración donde Manuel González Prada y Manuel Caracciolo Lévano, ofrecen un discurso que es fundante de esta conmemoración. ´

"En estos discursos se trazaron líneas, y entre ellas destacaba la lucha por la jornada de las 8 horas, la que era a su vez una consigna internacional del anarco sindicalismo que era la corriente de Caracciolo Lévano". 

Precisa que González Prada dio un discurso que llamó el Intelectual y el Obrero, donde plantea la idea de que la unión de obreros y estudiantes representaba la fuerza motriz de la revolución en el Perú.


Caracciolo hizo más bien un discurso práctico con la fundamentación de la jornada de las ocho horas, en la que el día se divide en tres bloques de ocho horas: 8 horas para dormir, 8 horas para trabajar y las otras 8 horas para la recreación.

Este planteamiento práctico es el que se utilizó en las jornadas de protestas y en las huelgas que se organizaron desde entonces, para exigir la jornada laboral de 8 horas. 

Fueron diversos momentos de protestas; sin embargo, casi al final de 1918 los obreros textiles arrastran a los sectores populares de Lima para darle una contundencia mayor a estas movilizaciones.

En enero de 1919 se produce un paro importante, por lo que el presidente José Pardo, que se había mostrado hasta entonces renuente a cualquier acuerdo con la clase obrera, termina escuchando a la delegación de estudiantes que había sido nombrada por los obreros. Entre las tres personas elegidas para dialogar con Pardo y su ministro, figura Víctor Raúl Haya de la Torre, estudiante de la Universidad Mayor de San Marcos que negocia y logra el acuerdo que había sido perseguido por 14 años: el reconocimiento de las 8 horas laborales.

El Perú fue uno de los primeros países del mundo en reconocer la jornada de las 8 horas, por lo que se constituye en una conquista temprana obtenida por la clase obrera limeña, mucho antes que otros países.

La historia consigna que el anarco sindicalismo llega a América Latina con los migrantes italianos, franceses y españoles, países donde el movimiento obrero era muy fuerte. Hay registro de militantes, obreros ítalo argentinos que llegan al Perú y organizan a los primeros grupos.

Zapata anota que esto ocurre también en Estados Unidos. Es más, de los mártires de Chicago, entre los organizadores figuran Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti. "Es la inmigración italiana en norte y Sudamérica la que trae el anarco sindicalismo", refiere.

A pesar de estos avances, la historia sindical en el Perú muestra momentos de represión y desafíos. Desde la fundación de la CGTP por José Carlos Mariátegui, hasta las dictaduras militares y represiones posteriores, el camino ha sido duro. 

Existía una fuerte resistencia de la oligarquía de esa época que no aceptaba esos cambios. Los años 20 están marcados por los conflictos surgidos entre los trabajadores que exigían la implementación de la jornada de las 8 horas y los patrones que se oponían.

Entonces, los trabajadores tenían organizaciones mutuales que eran de algún modo aceptadas por los patrones siempre que no fomentaran la lucha de clases. A través de estas, los patrones hacían donaciones, alentaban algunas iniciativas, pero fueron los propios dirigentes (González Prada, Caracciolo Lévano y otros) los que transforman estas viejas asociaciones mutuales en sindicatos y con ellas, entran las nuevas ideas, configurando una etapa muy resistida por las clases dirigentes.

Durante el proceso de formación de los sindicatos, los patrones se oponían a reconocerlos y para eso llegaron a emplear la violencia. Zapata reseña las muertes ocurridas en el norte del Perú, entre los cañeros, tras una violenta represión a cargo de una unidad del Ejército que dejó un centenar de muertos.

No obstante esta situación, Mariátegui logra fundar la Central General de Trabajadores del Perú (CGTP), que luego pierde notoriedad en los años 30 con la aparición de las dictaduras militares. 

A finales de 1944, se organiza la Central de Trabajadores del Perú (CTP) liderada por el partido aprista, al que sucedería un nuevo periodo de represión con el general Odría, que logra desaparecer a la organización sindical y a su secretario general, Luis Negreiros Vega.

Hacia 1956 reaparecen nuevamente, hasta años más recientes cuando el discurso sindical se traslada a la Mesa de la Comisión Tripartita, un espacio de diálogo promovido por el entonces ministro de Trabajo, Alfonso Grados Bertorini, que era compartido también por el Gobierno y el sector empresarial, para conciliar políticas laborales.  

Los años 80 fueron particularmente agitados en un contexto en que los paros dirigidos por los gremios sindicales como la CGTP (Central General de Trabajadores del Perú) y la CTP (Confederación de Trabajadores del Perú), podían paralizar las  actividades diarias. 

Grados entendió que el tema de la concertación, como estrategia viable de solución de conflictos entre trabajadores y empresarios, podía abrir un espacio para el entendimiento, a través del diálogo que en lo sucesivo los gobiernos han promovido, hasta hoy, aún cuando las condiciones han variado.

Para la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el futuro del trabajo "se halla ante un panorama incierto que también alcanza a los sindicatos. La globalización, los cambios demográficos, medioambientales y tecnológicos, están modificando los mercados laborales de hoy", señala.

La crisis generada por el covid-19 agudizó estos problemas y en el Perú como en el mundo, la afiliación sindical ha ido reduciéndose progresivamente. 

El Perú tiene hoy una de las tasas de sindicalización más bajas en América Latina, debido a la informalidad y, en ese escenario, el país enfrenta nuevos desafíos en la defensa de los derechos laborales.

En ese sentido, desde el Estado los esfuerzos por generar mejores condiciones para las clases trabajadoras pasan por la promoción del empleo decente y productivo y por el respeto de los derechos laborales y fundamentales de los trabajadores, sean estos formales o informales.

Además, los objetivos están planteados: el fortalecimiento de las capacidades laborales, la certificación de las competencias y la búsqueda para que el capital humano cuente con más y mejores oportunidades de acceso a un empleo formal, son prioritarios.

Hoy también se trabaja en la formalización laboral y por lograr una mayor empleabilidad de los jóvenes, mujeres y personas con discapacidad y en el cumplimiento de la cuota de empleo para estos grupos. 

Valga entonces este repaso histórico para celebrar en esta significativa fecha el Día del Trabajo, resaltando la importancia que tiene para el hombre y para el desarrollo de la sociedad.

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