• DOMINGO 17
  • de mayo de 2026

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Una Usuaria de Pensión 65 con fortaleza

“Los problemas nunca me han derribado”

Silvia Melchora asegura que no podía quedarse de brazos cruzados frente a las adversidades.

Con una mirada tierna, pero a la vez firme, la septuagenaria, natural del distrito de La Esperanza (La Libertad), contó que a los 35 años quedó viuda. “De joven conocí a Alejandro Rodríguez, un hombre de un metro setenta que se enamoró de mí; a pesar de nuestras diferencias físicas nos enamoramos profundamente y tuvimos tres hijos: dos varones y una mujer, que también es de talla baja. Lamentablemente, falleció por una difteria y quedé a cargo de mis niños”, relató.

Desde ese momento, Silvia tuvo que continuar. “No me iba a quedar con los brazos cruzados, tenía que producir”, agregó, mostrando una tenue sonrisa en el rostro que camuflaba las dificultades que le tocaron pasar.

“Tuve que tomar los problemas como si nada. No me importaba el tamaño de las malas situaciones, yo era superior. Me decían de todo en la calle por mi tamaño, y hasta ahora hay mucha discriminación, pero le restaba importancia y siempre tuve la cabeza en alto, porque sabía que lo más importante era sacar adelante a mis hijos”, enfatizó.

Silvia cumplirá 76 años el 14 de noviembre y solo espera que sus hijos estén reunidos. En la actualidad, vive con su hija, Yeni (de 53 años). “Recuerdo los comentarios de la gente, pero también la gran enseñanza de mi madre, de no darle importancia a los demás, porque al final ellos no nos iban a traer los alimentos del día”, declaró.

Por décadas, doña Melchora vendió panes en la avenida América, desde las 5 de la mañana hasta las 10; comercializó golosinas en el centro de la ciudad y también llegó a ir al terminal desde muy temprano para vender pescados en el mercado Sánchez Carrión. Su esfuerzo y voluntad la convirtieron en un ejemplo en La Esperanza, y demostró, simultáneamente, que la esperanza es lo último que se pierde.

“Me ha pasado de todo, pero puedo asegurar que los problemas nunca me han derrumbado. Al contrario, cuando sentía que podía caer, lo veía como un retroceso necesario para tomar impulso y avanzar”, reflexionó Silvia, quien tomó de la mano a Yeni y añadió que no solo es su hija, sino también su “amiga, confidente y principal soporte”.