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Odría, luces y sombras

El militar tarmeño Manuel A. Odría gobernó el país con mano dura durante el ochenio. Falleció el 18 de febrero de hace 50 años.

El gobierno del general Juan Velasco Alvarado dispuso los funerales para el exmandatario con honores de presidente de la República.

La capilla del Hospital Militar se llenaba de ofrendas florales y cientos de ciudadanos desfilaban para tributar honras, observando el cadáver embalsamado del militar que yacía llevando sobre el pecho la fotografía de su madre, Zoila Amoretti.

El miércoles 20, día del sepelio, fue declarado Día de Duelo Nacional y el pabellón nacional flameó a media asta en todos los edificios públicos.

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A 18 años del fin de su gobierno, el nombre del general de división EP Manuel A. Odría continuaba causando divisiones entre los peruanos.

Los seguidores del militar tarmeño, cuyo gobierno se caracterizó por la mano dura y sus lemas (“Salud, educación y trabajo”; “Hechos y no palabras”), señalaban que Odría había sacado al país del “caos” en el que estaba sumido, a finales de la década de 1940, “por la política de los grupos apristas”, resumía a su muerte La nueva Crónica.

La mano dura fue la característica del ochenio (1948-1956), tiempo durante el cual se suprimieron los derechos constitucionales. “En esos ocho años, en una sociedad embotellada, en la que estaban prohibidos los partidos y las actividades cívicas, la prensa censurada, había numerosos presos políticos y centenares de exiliados (…) Todavía peor que los crímenes y atropellos que el régimen cometía con impunidad era la profunda corrupción que, desde el centro del poder, irradiaba hacia todos los sectores e instituciones, envileciendo la vida entera”, escribió el premio nobel de Literatura Mario Vargas Llosa en 1998, en el prólogo de Conversación en La Catedral (1969), la novela protagonizada por “Zavalita”, que refleja mejor los años del odriísmo.

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Odría había sido nombrado ministro de Gobierno por el presidente José Bustamante y Rivero, y se rebeló contra el jurista el 3 de octubre de 1948. El demócrata arequipeño, desde el exilio, se referiría al tarmeño como “el felón”.

El periodista Domingo Tamariz escribiría una rigurosa investigación sobre el capítulo del “Cuartelazo de Arequipa”, en el libro La ronda del general (1998), que llevaría a Odría al poder como presidente de la Junta Militar de Gobierno.

Dos años después de los hechos, Odría quería calzarse en la democracia (aunque justificaba sus actitudes diciendo “la democracia no se come”), como decía, “bajó al llano” para postular, supuestamente para medir su popularidad. Y ganó en las elecciones generales de 1950 con poco más de 550,000 votos.

Como contrincante de su partido Restaurador (famoso por su frase, “Orden, paz y trabajo”) se había presentado en Arequipa la Liga Nacional Democrática, pero el gobierno de Zenón Noriega Agüero, a quien Odría había relegado en el poder para candidatear, negó la inscripción del partido opositor, aunque no era más que un pequeño movimiento. Entonces, Odría ganó en solitario.

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Egresó de la Escuela Militar de Chorrillos con la espada de honor en el arma de Infantería; y se graduó en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos como doctor en Matemáticas. En el Ejército se desempeñó en diversos cargos, participó como jefe del Estado Mayor de la Primera División Ligera con sede en Piura, durante el conflicto con el Ecuador (1941) y obtuvo el grado de general de brigada en 1946.

En 1956 dejaría el poder por presión de una coalición liderada por los periodistas y políticos Manuel Mujica Gallo y Pedro Beltrán, lo obligaría a sacar del Ministerio de Gobierno al temible Alejandro Esparza Zañartu, lo que significó el regreso de líderes políticos exiliados como el propio Bustamante y Rivero y los líderes del Partido Aprista. Cuatro años después de dejar el poder, en 1962, alrededor de Odría se organizó el Partido Unión Nacional Odriísta.

En su libro Historia de la corrupción en el Perú, el historiador Alfonso W. Quiroz refiere que ni bien asumió Manuel Prado Ugarteche la presidencia del Perú el 28 de julio de 1956, el Congreso promulgó la Ley N° 12654. “Este instrumento legal no solamente beneficiaba a los miembros del APRA sino que, además, protegía a Odría y todo su séquito de toda persecución” (Pág. 248).

El gobierno de Odría estabilizó la economía, realizó importantes obras, como las de las grandes unidades escolares (GUE), las unidades de vivienda, las de irrigación, la construcción del estadio Nacional y las mejoras de las vías nacionales; fomentó la inversión minera y, entre los temas legales, sobresalen el derecho al voto femenino y la Ley Orgánica del Ejército, entre otros.

La otra lectura de esos años las resume un número de junio de 1954 de la revista Visión, publicada en Estados Unidos, citada por Quiroz, que calculaba que Odría tenía 10 millones de dólares en diversas cuentas en el país del norte, amén del enriquecimiento de los funcionarios y parlamentarios que lo secundaron.

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En 1969, Odría había decidido disolver su partido, la Unión Nacional Odriísta. Y, desde entonces, se había alejado de la vida política.

El mismo día de su deceso una delegación de tarmeños, encabezados por su alcalde provincial y delegados del Centro Social Tarma, había llegado a Lima con un petitorio, firmado por 30,000 personas, que solicitaba a la viuda María Delgado que los restos mortales del “Hijo predilecto” de Tarma, descansen en su tierra natal. Mil automóviles estaban listos para acompañar los despojos del expresidente, desde Lima hasta la ciudad de Tarma. La familia no se opuso a los deseos que había expresado Odría en vida: quería ser enterrado en su tierra.

Entonces, el martes 19, el cuerpo fue trasladado de la iglesia del Sagrario a la catedral de Lima, donde hubo misa de cuerpo presente que ofició el cardenal Juan Landázuri y donde participó el presidente Velasco.

Mientras el cortejo avanzaba, los efectivos de la Guarnición de Lima apostados en la plaza de Armas, le rindieron los honores de ley. Luego, el ataúd fue llevado en una carroza al cementerio El Ángel, seguido a paso lento de decenas de vehículos y miles de personas a pie. Tras finalizar los funerales, esa misma tarde se inició el lento peregrinaje de la caravana por la carretera Central.

Llegaría al día siguiente (miércoles) por la noche. El jueves 21 habría una misa y sería llevado su ataúd en hombros por las principales calles de su ciudad. Para el acto de despedida llegaron delegaciones de todas las comunidades tarmeñas. Descansa en un mausoleo debajo del altar de la Virgen Dolorosa en la catedral de Tarma; un altar que el propio Odría había financiado. 

Dato

30,000 personas firmaron un petitorio para que Odría sea enterrado en Tarma.

José Vadillo Vila (Con información del Centro de Documentación de El Peruano)