• JUEVES 23
  • de abril de 2026

Opinión

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El estoicismo está de moda

En un mundo con tantos cambios, las enseñanzas estoicas sobre resiliencia y adaptabilidad son atractivas.


Editor
Luis Francisco Eguiguren Callirgos

Doctor en Filosofía. Profesor de la Facultad de Humanidades. Universidad de Piura


Al producirse el declive de la civilización de la Grecia clásica –después de la conquista, por los macedonios, de las una vez florecientes ciudades estado griegas, como Atenas, en especial; hacia el 338 a. C.– apareció un nuevo tipo de corrientes filosóficas. A estas se les denomina corrientes helenísticas, como explica el especialista en filosofía antigua Giovanni Reale en su célebre Historia de la filosofía antigua.

Se produjo el derrumbe de la polis (ciudad-Estado). Los macedonios –luego los romanos– aspiran a hacer un imperio universal, una autocracia. Se cancelaba así, prácticamente, toda forma de libertad política. Antes –en el apogeo de la polis– hubo una identidad entre persona individual y ciudadano. La persona ahora se convierte en súbdito del imperio macedónico primero y romano después. Las habilidades que importaban en este período ya no son las antiguas virtudes cívicas –como la justicia o la piedad–, sino las técnicas de los funcionarios imperiales, o las necesarias para la propia subsistencia. El Estado y la política se toman como moralmente neutros, o incluso negativos, por ser fuente de ambiciones y pasiones negativas. 

En Grecia no se creó, después de la polis, un nuevo organismo político vital capaz de encender nuevos ideales morales y políticos. En el 146 a. C., Grecia cae en manos de los romanos. La persona se descubre como individuo en esta época. Se fija en sí y busca nuevos modos de vivir. Cada persona aparece como el único artífice de su destino. Se tiende al individualismo. Ocurre la separación entre ética y política, que habían estado unidas desde el surgimiento del humanismo griego con Sócrates y luego durante su desarrollo con Platón y Aristóteles. 

Los filósofos de la época helenística –imperial– son moralistas. Recomiendan modos de vivir para alcanzar la felicidad individual. Se olvida el sentido de la trascendencia –del más allá de uno mismo– que Platón tematizó. Se piensa solo con categorías inmanentistas, materialistas. Importa más el saber práctico, sobre los medios –las técnicas– que el saber especulativo, sobre los principios y fines. Les importa, sobre todo, resolver los problemas vitales inmediatos. Buscan un ideal de vida que una persona sola –consigo misma– pueda alcanzar. Así entienden la autarquía socrática. Enfrentan el destino ciego o fatum: los escépticos con indiferencia, los estoicos sumándose a él, los epicúreos riéndose de él e identifican la felicidad con algo más negativo que positivo. La felicidad consiste en una paz del espíritu.

El estoicismo, una de las corrientes helenísticas, experimenta un resurgimiento en popularidad en el siglo XXI. El magisterio de Epícteto, Marco Aurelio y Séneca es atendido, atrae. Muchos encuentran útiles sus enseñanzas sobre el control emocional, la resiliencia y la búsqueda de lo mejor para conducirse en la vida cotidiana.

La popularidad actual del estoicismo puede atribuirse a varios factores. En la sociedad contemporánea, muchos buscan formas de manejar el estrés, la ansiedad y los desafíos de la vida diaria. El estoicismo ofrece opciones prácticas para enfrentar estas cuestiones. En efecto, se centra en el desarrollo personal, la autorreflexión y la mejora continua, aspectos que sintonizan con la búsqueda contemporánea de bienestar y crecimiento personal.

El principio estoico, que lleva a aceptar –con apatía– lo que no se puede cambiar –lo que depara el destino– y el enfoque positivo en lo que sí se puede controlar; atrae para enfrentar la vida moderna.

En un mundo, tanto de cambios rápidos como impredecibles, las enseñanzas estoicas sobre resiliencia y adaptabilidad son atractivas.

La difusión del estoicismo, mediante libros, blogs y redes sociales, ha contribuido a su popularidad, permitiendo que sus enseñanzas sean más accesibles y comprensibles para un público amplio. Aunque, como se consideró antes, conlleva individualismo y escasa fundamentación de las virtudes sociales para la plena realización de cada persona.