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Periodista
jvadillo@editoraperu.com.pe
Eduardo Franco envolvía el oro de su voz en riguroso traje color noche. Era junio de 1988 cuando se subió por segunda y última vez a un escenario en Lima: el desaparecido Satchmo de Miraflores.
Aquella vez, el repertorio de Los Iracundos de Uruguay tenía características pluviales. Arrancaron con “La lluvia terminó”, a medio show llegó “Va cayendo una lágrima”, y en la línea final del racondo por sus éxitos sempiternos, cantaron “Es la lluvia que cae”.
Los ojos del intérprete revelaban cierta fatiga, pero la música les inyectaba vitalidad. Se disculpó de caminar poco en el escenario porque “un tiempo atrás” lo habían operado de la columna. Y pidió permiso para sentarse si se cansaba.
El grupo se despediría con “Felicidad, felicidad”. Pero el músico no volvería. A los siete meses, el 1 de febrero de 1989, uno de los hombres más románticos del continente fallecía en su tierra, Paysandú, víctima de un cáncer a los ganglios que había soportado en los últimos dos años. Tenía solo 43 años de edad.
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Eduardo Franco estaba bendecido por una voz singular, era compositor y arreglista. Había rechazado las ofertas para lanzarse en solitario. Era fiel al conjunto que había fundado de adolescente, en 1958, con sus compañeros de escuela.
Cuando supo que la muerte le hacía guardia y su salud le impedía hacer los largos viajes, se preocupó por el futuro de Los Iracundos. Y aprobó que Jorge Gatto, con un timbre similar al suyo, tomara su posta.
Desde Uruguay, Gatto recuerda que el líder histórico de la banda ya empezaba a declinar las giras internacionales y presentaciones en su patria, aquel 1988. Los Iracundos, por ejemplo, hicieron una gira por Estados Unidos ya con Gatto como suplente.
También Franco dejó un casete con temas inéditos que la banda grabaría ahora con Gatto. En 1994, “Con la misma moneda” se volvería un hit. El sonido atávico y el verso eduardofranquiano continuaban vigentes.
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Lo que sí aceptó ese 1988 el poeta de Paysandú fue hacer la gira extensa por el Perú. Aquí Los Iracundos tenían miles de seguidores desde que llegaron por primera vez en 1967 y sus álbumes los vendía como pan caliente el sello El Virrey.
Los archivos periodísticos dicen que el conjunto, por ejemplo, vino dos veces en 1970, en abril y noviembre. Además de conciertos por todo el país, realizaron especiales en la televisión limeña.
Pero la fecha más importante de esa gira fue el 19 de noviembre de 1970: más de 12,000 personas abarrotaron la plaza de toros de Acho para ser testigos de un duelo de cupidos: Los Iracundos de Uruguay y Los Ángeles Negros de Chile se enfrentaría a punta de estrofas románticas.
Cuentan que un camión de la policía depositó a los uruguayos en el mismo coso taurino. Los hijos predilectos de Paysandú arrancaron la histeria con “Chiquilina”, otra creación de Eduardo Franco.
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En los foros se discute el dato histórico. Unos aseguran que primero salieron Los Iracundos y luego Los Ángeles Negros, con un Germaín de la Fuente vestido de blanco hasta los calzoncillos. Mientras otros aseguran que el orden de presentación fue inverso. El orden de los factores no anula lo gozado.
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En Paysandú, cada 1 de febrero una feligresía de seguidores de todo Uruguay y del extranjero (incluidos muchos peruanos) hacen una romería hasta “la capilla” donde descansan las cenizas de Franco.
“En Uruguay, la música de Los Iracundos hoy no tiene mucha difusión, porque pertenecen a otra época. Solo se recuerdan sus canciones en fechas muy especiales, no como la fanaticada permanente que tiene el grupo en el Perú, Ecuador, Chile”, dice Gatto, quien hoy inicia una nueva gira por nuestro país.
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Los Iracundos sumaron más de 300 canciones en su repertorio. Gatto venía de versionar a Los Iracundos con el grupo Frutilla. Recuerda que lo único que le preguntó Franco era si cantaba en su mismo tono. Cuando el joven le dijo que sí, el intérprete se sintió aliviado, “entonces no vas a tener problemas con los muchachos”, le dijo.
Define lo que llama “el sistema iracundo”: los integrantes sobrevivientes no visitaban las salas de ensayo, tenían un repertorio formado con Franco, y si había algún tema que se querían sumar, lo escuchaban y lo practicaban en las pruebas de sonido.
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Cuando murió su líder histórico, la mayor fanaticada estuvo en Ecuador. El expresidente de ese país Abdalá Bucaram era seguidor indiscutible de la banda, la hizo partícipe de su campaña y hasta grabó un tema con ella.
Al 2024, Gatto considera que “la absoluta fanaticada” de la música de Los Iracundos está en el Perú, un país donde se puede escuchar en las radios a los grandes ídolos de la música romántica, cosa que no sucede en otros países de la región, dice. Fue aquí, en la gira de 1994, el primer país donde estrenaron “Con la misma moneda”.
Gatto muestra respeto cuando habla de Franco. “No te olvides que como es el poeta de América sus composiciones fueron muy directas, muy sencillas y de un muy buen lenguaje, sobre todo en el amor y el desamor”.
En una entrevista, la viuda del cantautor, María Karlowicz, corrobora que Franco era una persona tímida y que cada canción que creaba en el estudio de grabación, inmediatamente la telefoneaba para ver si le gustaba la letra. Además, jamás recibió clases de canto y, como las aguas de un río, jamás cantaba igual una canción.
Con los años, tras la muerte de Eduardo Franco, el nombre de Los Iracundos ha sufrido problemas legales: existe el registro de este en varios países.
En nuestro país, por ejemplo, Los Iracundos fue registrado ante Indecopi por el baterista de la banda, Juan Carlos Velázquez, quien falleció hace casi dos años. Pero, de acuerdo con Gatto, la marca está archivada, ya que los herederos no han presentado los papeles.
Hace dos años se inauguró en Paysandú un busto de bronce en honor a Eduardo Franco. También un teatro al aire libre lleva su nombre. Los mil violines de su voz permanecen en la memoria sonora de todos los latinoamericanos románticos.
Dato:
En su última noche en Lima, en 1988, Eduardo Franco y Los Iracundos interpretaron 18 canciones. Entre ellas: “Tú me dices amor”, “Tú con él”, “Chiquilina”, “Sinfonía 40” de Mozart (instrumental), “Marionetas de cartón”; potpurrí: “Retén la noche”, “Iracundos”, “La bámbola”, “El desengaño”; “Mamarracho”, “El choclo” (instrumental); “El instrumental”, “Tú con él”, “40 grados” y “Puerto Montt”.
Espectáculo “Eduardo Franco: Homenaje a 35 años de su partida” se desarrolla hoy. Participan los baladistas Alfredo Correa y Alberto Ravines. Y desde Uruguay llega el cantante Jorge Gatto.
Hoy, desde el mediodía, en La Isla del Paraíso (Av. Víctor Raúl Haya de la Torre 485, La Perla, Callao; altura 38 de la Av. La Marina).
Cifra:
37 discos grabaron los iracundos (1964-1999). Vendieron 15 millones de copias.