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Antonio Gálvez Ronceros o la celebración del Sur Chico en la literatura peruana

irás despacio po lo viejos caminos sin que nadie te apure, poque a la muete le da lo mimo que vaya depacio o ligero un hombe que ya ta muerto.
“Monólogo para Jutito”


Editor
José Antonio Vadillo Vila

Periodista

jvadillo@editoraperu.com.pe


Antonio Gálvez Ronceros (1932-2023) entregaba textos muy pulcros a sus editores. Eran fruto de largos procesos de escritura que podían tomar años. Cuidaba los detalles del lenguaje, de la historia, avanzaba con cautela sobre la hoja en blanco, con responsabilidad con sus personajes. Tomaba el ejercicio narrativo casi con la obsesión de un jardinero de bonsáis.

Tenía el porte macizo, el andar no apurado y el cabello azabache y abundante. Alguien lo definió como un hombre serio que escribía con humor. Pero quienes lo frecuentaban tenían otra imagen: era un hombre con quien resultaba muy placentero conversar.

En medio de esas pláticas iba dando luces sobre los avances de sus proyectos literarios. Muchos años antes de publicar, lo escucharon dar detalles sobre la novela que preparaba a fuego lento, de acuerdo a su estado a ánimo para seguir escribiéndolas: Perro con poeta en la taberna. También de Marleny era el prostíbulo. Escribía muy poco, “prefiero ponerme al día en algunas lecturas clásicas”, decía.

“Era un hombre que tenía una relación de contemplación y asombro frente a la realidad”, lo define el narrador y educador Jorge Eslava. En la nueva edición de Perro con poeta en la taberna (Lima, J. M. Marthans, 2023) se incluye la larga entrevista de tres horas que Eslava le hizo al narrador chinchano en el 2013, cuando la revista Un vicio absurdo, de la Universidad de Lima, que le dedicó un número entero a su obra. Jorge Eslava recuerda, en particular, su “cadencia y manera de vivir el tiempo fuera de toda prisa”.

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Practicó la narrativa corta y dio a conocer en las dos cimas de su obra, Monólogo desde las tinieblas (1975) y Los ermitaños (1962), la condición del afrodescendiente de la costa sur peruana. Fue fiel a esa oralidad de los personajes de los extramuros de Chincha Alta que conoció en su niñez en las campiñas y haciendas.

Estamos ante un escritor cuyos libros han construido un universo personal. El suyo se situó en la costa sur del Perú. “Su obra celebraba el Sur Chico; sus ámbitos de desplazamiento eran pequeños. No aspiraba a hacer una novela total, pero sí a hacer un trabajo muy experimental con el lenguaje, con el humor y la moral”, acota Jorge Eslava.

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Fue hijo de un médico de Castrovirreyna (Huancavelica) y una profesora de Chincha (Ica). En Chincha nació como parte de una numerosa familia de 12 hijos. Le interesaron el dibujo y la pintura (de ahí que sus dos más famosos libros incluyan sus propias ilustraciones).

Al terminar sus estudios en el José Pardo –el único colegio secundario de toda la provincia de Chincha por esos años– quiso postular a la Escuela de Bellas Artes, pero su madre fue tajante y lo desanimó. Decidió estudiar educación en La Cantuta, sobre todo por la beca integral, que era una gran ventaja para los alumnos provincianos como él.

En la universidad chosicana conocería en 1957 a Oswaldo Reynoso, con quien ingresaría a las noches de largas conversaciones en el Palermo del centro de Lima e integraría por un corto tiempo el Grupo Narración, con Miguel Gutiérrez, Eduardo González Viaña, Eleodoro Vargas Vicuña, José Watanabe, Augusto Higa, Gregorio Martínez. A pesar de alejarse del colectivo, mantuvo la amistad con sus compañeros.

Para Jorge Eslava hay denominadores comunes entre ellos: eran personas íntegras; muy comprometidas con las luchas sindicales y políticas de los años setenta. En literatura, preferían trabajar con sellos independientes y muy preocupados en que las ediciones fueran de acceso popular. Claro, en algún momento el propio Gálvez publicó en editoriales grandes, como Peisa y Alfaguara, y la heredera de Reynoso ha hecho lo propio con el legado del arequipeño.

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Para Gálvez Ronceros la educación –fue docente de universidades, colegios e institutos– no solo fue un oficio de sobrevivencia. Tenía un compromiso. Eslava conserva una fotografía que tiene más de 30 años: Antonio Gálvez Ronceros está en un pupitre de profesor rodeado de chicos, quienes en el pizarrón habían hecho dibujos de cómo imaginaban el cuento “Jutito”, de Monólogo desde las tinieblas.

Su preocupación por los escolares, sus aprendizajes y la situación del magisterio peruano eran importantes para Gálvez Ronceros, quien elaboró un manual de lectura y escribió el cuento “Yo vi al ministro”, incluido en La mala nota: Antología el colegio en el cuento peruano (2008), sobre las expectativas de un niño que va a conocer a un ministro de Educación.

Un tema difícil de tratar es la muerte de un niño y Gálvez Ronceros toca esta experiencia dolorosa con maestría en “Joche”, cuento incluido en Los ermitaños, ambientado en un poblado alejado. “Es un cuento espléndido. Nos acerca a una de las experiencias más dolorosas que es la muerte de una criatura, que es casi una fenómeno contranatura. Es la mirada de Antonio, siempre observando y congraciándose con los marginales, los desposeídos”, dice Eslava, quien reeditó en 1987 este conjunto donde Gálvez Ronceros alcanzó en el lenguaje una gran complejidad.

En la obra del escritor chinchano hay otros aspectos literarios que destacar, como el uso del género de la picaresca en Monólogos… La denuncia en el conjunto de relatos Historias para reunir a los hombres. O la necesidad de escribir crónicas con cierto toque de ironía, que reunió en su libro Aventuras con el candor, como parte de su compromiso político por documentar y reflejar la realidad.

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Su formación lectora al inicio fue caótica pero feliz: tuvo la suerte de poder llevarse a casa libros que tomaba al libre albedrío de la biblioteca municipal de Chincha Alta. En su aprendizaje sobre el relato literario agradecía sus conversaciones con el especialista en literatura peruana Luis Alberto Ratto y consideraba entre sus maestros del género corto a Juan Rulfo, Jorge Luis Borges, Julio Ramón Ribeyro, Guy de Maupassant y Antón Chéjov.

Vivió en la urbanización Santa Beatriz y sus últimos años en el distrito de Surco. En su casa había un sótano donde tenía su biblioteca y trabajaba. No usaba la computadora, y cuando tenía listo un manuscrito encargaba que lo tipearan y daba las revisiones finales a las pruebas. Era su método de trabajo en pleno siglo XXI.

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Acaba de salir de imprenta la nueva edición de Perro con poeta en la taberna (Lima, J. M. Marthans, 2023), primera novela del notable narrador. Incluye una extensa entrevista que le hizo en el 2013 el escritor Jorge Eslava, que da muchas luces sobre sus características y su relación con la literatura.

El escenario principal de la novela es una cantina de Huancayo. Uno de los personajes-narradores es, justamente, un can que “viste pantalón, chompa y chaqueta”, bebe aguardiente, es culto –sabe de Hamlet, por ejemplo– y no le gusta gorrear los tragos. Recién, cuando caminaba este perro parlante, volvía a su condición animal de cuatro partes.

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“Era un hombre muy protocolar”, agrega Juan Miguel Marthans. Tuvo a su cargo tanto la primera edición, del 2018, del Fondo de la Escuela de Edición de Lima, como de la nueva, de Perro con poeta en la taberna.

Se trata de la primera novela del narrador chinchano, maestro de los relatos. Ambas ediciones, explica, son muy similares salvo correcciones muy puntuales.

La nueva edición ha salido “casi en paralelo” con la del díptico Perro con poeta en la taberna / Los ermitaños, que ha publicado el sello español Drácena.

El escritor chinchano se mostró reacio con la idea de la editorial española de publicar juntos la novela y el libro de relatos porque se trataba de dos propuestas diferentes, sostenía. Sin embargo, el libro ya ha conseguido buenas críticas en la península.

Marthans conoció a Gálvez Ronceros hace casi 30 años. Vivían a solo cinco cuadras, en Surco, era amigo de su hija, así llegó al escritor. Recuerda esa vez que el escritor se le acercó para decirle que tenía un cuento inédito y le gustaría, si lo tenía a bien, incluirlo en la revista Mesa Redonda (después editorial), que Marthans editaba.

También trabajaron hace unos años la reedición de uno de los dos clásicos de Gálvez Ronceros: el libro de relatos Los ermitaños, una edición que respetó los dibujos de la edición en 1987 que publicó Colmillo Blanco, sello dirigido por Jorge Eslava. Lo único que se le pidió fue que pusiera rostro a “Joche”, el protagonista del último de los relatos, arte que se usó en la nueva portada.

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La obra de Gálvez Ronceros “puede ser leída entendida y valorada en cualquier parte”, recuerda Marthans. Si bien su conjunto de cuentos Monólogo desde las tinieblas ha sido un clásico incluido en el Plan Lector, paradójicamente, la naturaleza campesina y afrodescendiente de sus personajes emblemáticos, provenientes del área rural de la costa sur, sus atributos de literatura oral, han sido limitantes para cierta crítica literaria comercial.

Más su lenguaje lleno de color y vitalidad continuará buscando nuevos lectores. Será como escuchar a los hombres de esa costa rural que Gálvez Ronceros supo transformar en literatura.

Datos:

Perro con poeta en la taberna se presentará el jueves 14 en Vallejo Librería Café (Camino Real 1119, San Isidro). Comentarios de César López y Domingo de Ramos.

Siete obras publicó Gálvez Ronceros desde el año 1962, entre ellas cuatro libros de cuentos.

Para Gálvez Ronceros, “Joche” fue el más extenso y ambicioso de los siete cuentos de la colección Los ermitaños.