• DOMINGO 12
  • de abril de 2026

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FOTOGRAFIA
PERIODISMO GRÁFICO

Testigo en blanco y negro: revise las imágenes inéditas del fotoperiodista Hugo Ned Alarcón


Editor
José Antonio Vadillo Vila

Periodista

jvadillo@editoraperu.com.pe


Esta es la historia y el testimonio de un hombre que no se fue. Cuando la violencia se convirtió en ríos de sangre, en toques de queda, en explosiones, en Ayacucho, muchos periodistas amenazados de muerte dejaron la ciudad de las 33 iglesias. 

De esos años, el fotoperiodista Hugo Ned Alarcón tiene una imagen: nadie sabía si volvería a casa. “Ya no había seguridad y peor para un periodista. Por ambos lados [Sendero Luminoso y las Fuerzas del Orden] hemos tenido amenazas”. 

Varias veces le tocó estar en medio del fuego cruzado cuando salió con el Ejército a patrullar por Huamanga y el soldado de resguardo lo obligaba a echarse o parapetarse para que la lluvia de balas no lo convierta en mártir. 


Pero cuando buscaba sus maletas para irse, su mamá lo hacía entrar en razón: “¿por qué vas a escaparte? ¿Has matado a alguien o has denunciado a alguien? Nadie te puede sacar de tu tierra ni yo, salvo que tengas tu conciencia cochina”. Entonces, Hugo se fue quedando, aunque tuvo que enviar a sus hijos a Lima para dormir más tranquilo. 


Hoy, a sus 81 años, viudo, padre de tres hijos (ninguno periodista) y con diez nietos, Ned Alarcón continúa viviendo en el centro de Ayacucho y ejerciendo como corresponsal para el diario Expreso y el semanario Caretas. Toma fotografías, escribe notas. 

No piensa escribir sus memorias porque el periodismo absorbe todo su tiempo. Su fiel compañera continúa siendo una cámara Nikon. Y, por primera vez, en sus casi 60 años en este oficio en que se goza mucho y se gana poco, presentará una exposición fotográfica.

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Cuando estalló la violencia, también llamado conflicto armado interno o guerra contra el terrorismo, que inició Sendero Luminoso (SL) y los periodistas empezaron a ser asesinados, Hugo no tuvo miedo. “Al contrario, quería saber la verdad”. 


Desde entonces, ha visto la expresión vacía de centenares de muertos. Pero también aprendió a tomar distancia de las declaraciones de los supuestos testigos de los hechos. 

“No me gustaba que las esposas de los muertos declarasen como si ellas hubiesen visto los asesinatos. Se maquillaba, digamos”. Por eso, prefería viajar y siempre preguntar en quechua a las mamitas, así, ellas le tenían más confianza y le contaban cómo habían sucedido las cosas. 


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Ned empezó en 1967 como corresponsal de La Prensa. Pero muchas veces, cuando enviaba sus notas, veía que sin imágenes no las publicaban. Entonces, empezó a aprender fotografía. 

Sus maestros fueron Félix Nakamura y Mario Gálvez. Este último, un experto en positivar las imágenes de acuerdo al tipo de papel. 

“Yo mismo tomaba las fotos, las revelaba y ampliaba en mi laboratorio en mi casa, en Ayacucho. La Prensa nos facilitaba unos aparatos, una suerte de rodillos por donde pasaban lentamente las fotografías, demoraba siete minutos en transmitir una imagen, a la redacción, en Lima”, recuerda el hombre que lleva tatuados unos felinos y el nombre de su mamá. 


Mientras el resto de sus colegas ayacuchanos enviaban sus rollos de fotos hasta Lima por avión o bus, él les ganaba a todos, gracias a esa tecnología conectada a su línea telefónica. Trabajó con ese sistema hasta que cerró La Prensa, en 1984.

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En la sala Mamá Angélica del Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social (LUM), Hugo Ned se reconoce detrás del disparador, en la treintena de fotografías que integran Una mirada a lo cotidiano. Es su déjà vu al Ayacucho de 1980 a 1990, esa década de años tan sangrientos, perlaschallay. 

Su registro fotográfico es en blanco y negro. Él guardaba los negativos sin pensar jamás en que formarían parte de una muestra. Se enteró de su legado la investigadora norteamericana Emily Thompson, de la Universidad de California. Revisó los casi 1,000 negativos que posee Hugo en su archivo personal y seleccionó las imágenes que integran la exposición. Ahora, él quiere escanear una selección como un muestrario de su trabajo. 

“En ellas podemos apreciar diversos rastros del conflicto y el altísimo costo que este tuvo en la población ayacuchana. El eje central de su obra gira alrededor de la vida cotidiana en la ciudad y sus alrededores. Destacamos aquí la visita de los políticos a la ciudad, la presencia de las Fuerzas Armadas, Ayacucho y la violencia (‘bajo ataque’), y la búsqueda de la verdad”, escribe Thompson en el texto curatorial. Para su investigación ella contó con la asesoría del historiador Charles Walker, un gran conocedor del Perú. 


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Una mirada a lo cotidiano está dividida en cinco capítulos. En el primero, “Ayacucho bajo ataque”, el lente de Ned testifica cómo las acciones terroristas y contrasubversivas afectaron las dinámicas en la vida diaria, los negocios y los centros de enseñanza ayacuchanos. 

Una imagen: Son inicios de los ochenta y los alumnos de la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga intentan estudiar en aulas pintarrajeadas con lemas senderistas. Lo mismo sucedía en los colegios. ¿Era una ciudad de cobardes? No: quien se atrevía a borrar las pintas, aparecía muerto. 

“Los senderistas eran los que más abusos cometieron. Entraban y hacían destrozos, abusaban, mataban a la gente como si fuera un animal, los degollaban”, subraya el reportero gráfico. “Ellos mataron policías, autoridades, hasta niños como en Lucanamarca [abril de 1983]. Yo no quisiera que vuelva esto nunca, en ninguna parte, porque hace daño y peor no, en vez de progresar es un retroceso”.

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En otra fotografía, una niña agita una pancarta pidiendo paz. En el segundo capítulo “En busca de la verdad”, se presenta cómo la participación ciudadana toma las calles ayacuchanas exigiendo verdad. 

El tercer capítulo de la muestra grafica el papel de las “Fuerzas Armadas en Ayacucho”. Tras la declaratoria del estado de emergencia, se inició una militarización que marcó a la región con el toque de queda. Recuerda que no se necesitaba de la presencia de un fiscal para mover los cuerpos en las múltiples acciones terroristas. 

Aquí se dio un diálogo de torre de Babel. Ned manifiesta que los oficiales que llegaron a Ayacucho, tanto los de las Fuerzas Armadas o de la Policía Nacional para combatir a los senderistas, no hablaban quechua, lo que agravó la incomunicación con los campesinos. 


El capítulo de “Políticos en Ayacucho” permite mirar cómo era la política en esos años: Ned fotografía a los candidatos presidenciales en las elecciones de 1980, 1985 y 1990. Belaunde, García, Vargas Llosa, Fujimori. 

Una presencia, en general, breve, de media hora, casi para la foto, con fuertes cordones de seguridad. Todos hacían lo mismo: encabezaban pequeños recorridos y armaban mítines sucintos con sus seguidores en la plaza de Armas de Ayacucho y sus alrededores. 

El último capítulo de la muestra está dedicado a las “Rondas campesinas” o comités de autodefensa, que surgieron durante esa década y tuvieron un papel determinante en la lucha contra la subversión. Muchos marchaban con los rostros cubiertos para evitar las represalias. Ned recuerda el papel que desempeñó el famoso “comandante Huayhuaco”, quien empoderó a las rondas campesinas, donde también tuvieron una función importante para enfrentar al senderismo las mujeres: ellas participaban en las patrullas nocturnas cargando sus fusiles. 

¿Cómo ves hoy tu región, ad portas del bicentenario de la batalla de Ayacucho (2024)? “Hemos tenido malas autoridades locales y regionales. Y tampoco vemos obras importantes por el Gobierno central. Esperemos que por el bicentenario se concreten obras”. 

Su sueño personal es poder montar la exposición en Ayacucho. Así, cerraría el círculo el hombre que nunca se fue.

Punto x punto

– “Una mirada a lo cotidiano. Hugo Ned Alarcón. Fotografías de Ayacucho (1980-1990)” va de martes a domingo, de 10:00 a 18:00 horas en la sala Mamá Angélica del LUM (Bajada San Martín 151, Miraflores). Ingreso libre. 

– Hugo Ned Alarcón ha ganado diversos premios y reconocimientos. 

– Fue corresponsal en Ayacucho de La Prensa, El Comercio, Expreso y Caretas, entre otros diarios. 

– También ha colaborado con la prensa extranjera, en UPI (1980- 1988) y Associated Press (1990-2015).

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