Opinión
Periodista
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Visto en retrospectiva, el heavy metal le sirvió a la música rock como catarsis para evadir su intelectualización. Su reivindicación de la locura adolescente y del volumen a tope, abrió una puerta de escape para los más jóvenes, siempre ajenos a discursos y a esnobismos. Desde su configuración como estilo musical en los años 70, el metal pesado sirvió como un refugio propicio para desplegar fantasías de todo tipo (místicas, épicas o sexuales) y para rescatar aquellos rasgos que caracterizaron al espíritu primigenio del rock and roll: energía, iconoclasia y ludismo.
Las mutaciones que el heavy metal ha tenido han sido de las más diversas. Varias de ellas han sometido el discurso a la estética, sea esta sonora o física. Defender el estilo y reclamar autenticidad amparándose en parámetros bastante rígidos como los que caracterizan al metal, refleja una búsqueda de identidad y de referencias, que es equiparable a la que se da en otras manifestaciones de la cultura popular; en especial en aquellas adscritas a tribus urbanas de perfil marginal o contestatario.
De hecho, los que han estado inmersos en los predios ‘metaleros’ saben que en estos es donde con más frecuencia se trazan férreas líneas divisorias entre ‘posers’ y ‘trues’; es decir, entre poseros y auténticos, los primeros son casi unos apestados por su supuesta carencia de sinceridad.
En el Perú, el metal ha sido fundamental para la sobrevivencia del rock. Sus diversas manifestaciones han ido acordes con las corrientes que internacionalmente fueron apareciendo, generando agrupaciones más valoradas en el extranjero que aquí (con Mortem, que encabeza esa lista).
Decantado mayormente hacia lo underground desde los años 80, el metal peruano no ha bajado los brazos y ha mantenido vivo el circuito de conciertos, incluso en aquellas épocas en las que crisis mermaban el desarrollo de todas las expresiones artísticas. Es precisamente en esa época auroral cuando nace Cuero Negro, publicación que ha ido documentando el devenir de esta escena musical durante los últimos 35 años.
Primero como un fanzine fotocopiado, luego como una revista y ahora valiéndose de redes virtuales, Cuero Negro se caracteriza por abrir espacios y difundir el trabajo de exponentes de las diversas tendencias del metal peruano y de corrientes afines. El cartel que se ha preparado para celebrar el referido aniversario –el 18 de noviembre en el teatro Kántaro (cuadra 2 de la avenida Tacna)– refleja esa apertura. Bandas de heavy speed, death, folk y power metal locales han sido convocadas. Destaca también la reunión del legendario grupo limeño Mazo y de agrupaciones extranjeras. Como para dejar constancia de la vigente universalidad de un género musical devenido hace tiempo en subcultura.