Especialistas carecen de seguridad ante la delincuencia común.
Hernán Hurtado
Doctor en Arqueología
Para evitar spoiler de los resultados, lo que quiero provocar es una reflexión sobre cierta inercia frente a la precariedad laboral y la tercerización de los trabajos de campo en arqueología.
El problema no está en la formalidad, sino que la formalidad es ínfima. Solo se da a funcionarios nombrados y contratados, y arqueólogos de grandes empresas privadas. Un arqueólogo formal, incluso tercerizado, cuenta con cierto grado de derechos laborales, seguro de salud, buenas prácticas, vacaciones pagadas, aportaciones para la jubilación y hasta seguro de vida. Luego están los informales, donde una pequeña proporción, por su poder adquisitivo, puede hacerse de un seguro privado o palear algún percance económico, doméstico y de salud.
La vocación
El problema radica en que la población de arqueólogos informales es ampliamente vulnerable, es decir, está más expuesta a riesgos, accidentes y muertes en trabajos de campo. Los problemas que enfrentan estos profesionales afecta tanto a los que lo hacen por contrato o por investigación.
Se ha normalizado que tanto en la mayoría de búsquedas de puntos para alguna antena de telefonía celular en la cúspide de un cerro como en las excavaciones arqueológicas de algún proyecto de investigación prescindan de prácticas de seguridad, entre equipamiento, materiales y capacitaciones.
El mito arraigado de la arqueología como la todoterreno de las ciencias sociales solo ha romantizado la fragilidad del trabajo y ha evitado reflexiones críticas y prácticas sobre los destinos del trabajo de arqueología.
La imagen del ‘cholo barato’ se ha vuelto lamentablemente un rasgo del mercado de la arqueología.
Las personas entrevistadas permiten un consenso alarmante: los arqueólogos mueren en su campo de labores. Por un lado, los arqueólogos locatarios de servicios –que son formales y tercerizan los servicios de otros arqueólogos– encuentran en la informalidad una vía para abaratar costos y acrecentar ganancias.
Por otro lado, los arqueólogos locadores de servicios –que son informales– suelen quedar desempleados por largos períodos, enfermos y a su suerte.
Esta reflexión inicial sobre la realidad del mercado de trabajo de la arqueología en el Perú, dramática por su tasa de mortalidad, no ha pretendido ser exhaustiva; sin embargo, ha intentado colocar problemas profundos que requieren la atención de soluciones a múltiples escalas de la comunidad arqueológica del Perú.
Datos
Las piezas arqueológicas recién desenterradas, muchas veces, expulsan hongos a los pulmones. Los profesionales que las manipulan pueden terminar con serios problemas pulmonares.
En los últimos diez años hay más de veinte reportes trágicos sobre arqueólogos fallecidos en campo.
Solo en lo que va del 2023 han fallecido más de cinco.
Nueve de cada diez arqueólogos consultados han tenido complicaciones de salud a consecuencia del trabajo de campo.
Más en el diario oficial El Peruano:
#CulturalElPeruano ??Se acerca el día de la canción criolla y con él los recuerdos de tantas tradicionales jaranas. Y aunque uno haya sido arrullado con valses, siempre se cuelan algunos.