Cultural
Pero si nos concentramos en el producto cinematográfico, vemos que no es la máquina de propagación fascista y racista que sus detractores propalaron.
Es un clásico policial en el que un efectivo, dedicado a atrapar pedófilos que circulan material pornográfico en red, se cuestiona el no haber rescatado a ningún niño.
Cuando decide seguir lo que su ética le manda, se une a un grupo variopinto, alguno con pasado no muy sano, que tienen la misma decisión que él.
Hay constantes referencias religiosas –una medalla de un sano que pasa en mano en mano, música de misa, etcétera–, que es una marca válida que le ha querido dar el director.
Se trata de una película que sigue el patrón de su género y que cumple, salvo el poscrédito, con su objetivo.