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Periodista
jvadillo@editoraperu.com.pe
El Perú fue una palabra constante en Jorge Basadre Grohmann (1903-1980). Al intelectual le preocupaba el país y su porvenir. Explicaba que existía “una vieja y bella tradición de decencia” y que no todo era una historia de “servilismo”, “deslealtad” o “la frustración de las ilusiones colectivas”.
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Marcaba distancia con esa imagen del país como un mendigo sentado en un banco de oro. Ni mendigos ni cargadores, él prefería simbolizar al “peruano nuevo” en dos figuras ligadas al transporte, “transeúntes cotidianos” de costa, sierra y selva, como “los incas, los conquistadores y los libertadores”: “el chauffer de los caminos longitudinales” y el aviador.
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Basadre quería que lo escuchen los jóvenes. Y con las armas del intelecto también jalaba las orejas a las “élites”, aquellos del cálculo político-económico y la esterilidad geopolítica, digamos. “Comandar no es solo impartir órdenes”, escribió el maestro. Es “vivir con la conciencia del propio destino común”.
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Les recordaba que el país limita “con cinco vecinos”, a quienes “les hemos cedido jirones de territorio”; y tenemos “una costa larga y accesible” que “más de una vez sirvió de puerta de entrada a la invasión”.
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Hace 80 años, el historiador tacneño hacía “un enérgico llamado para la formación de una conciencia patria y de una integración nacional”. Se debía/debe trabajar en un “querer existencial nacional”, ponderaba. Hombre sabio, reconocía que esta acción resultaba improbable mientras “arda la guerra civil entre peruanos”, “el encono entre región y región, entre raza y raza, entre clase y clase”.
El maestro apostaba por la integración de los peruanos y opinaba sobre el rol vital que tiene al respecto la enseñanza de la historia para niños y adolescentes. Exigía a los maestros más allá de “fechas, listas de nombres, datos escuetos frívolas anécdotas”.
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“Necesitamos una historia del Perú sana y amplia que suscite cariño a la tierra y al hombre peruano de todas las regiones, que suministre o prepare para suministrar una visión orgánica de la formación del país a lo largo del tiempo y de su significado en el mundo y que despierte la conciencia acerca de la común tarea en un destino mejor. En otras palabras, necesitamos una historia del Perú puesta al servicio del ‘querer intencional nacional’”, escribió en Nuestra actual guerra civil.
En un texto subsiguiente (Una nueva asignatura sobre el Perú integral), define la necesidad de enseñar “una historia peruana del Perú”, una “que estudie el pasado de este país desde el punto de vista de la formación del Perú mismo. (…) Necesitamos una enseñanza planificada que antes de otorgar pasaporte de ingreso a cada tema, constate si es objetivamente auténtico, si es asimilable por el educando y si sirve para el mejor conocimiento histórico del Perú”.
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El ensayo integra el conjunto de trabajos cortos que, entre las décadas de 1930 y 1940, el historiador tacneño escribió y reunió en 1947 como Meditaciones sobre el destino histórico del Perú, que acaba de reeditar la editorial Taurus.
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En la introducción de la nueva edición, el politólogo Alberto Vergara define el nacionalismo del historiador como “integrador, organicista e idealista”. Hay un porqué que determinó su preocupación por unir a los peruanos: “esta ambición integradora en la obra de Basadre: es indisociable de su infancia en una Tacna ocupada por los chilenos […] La desintegración del país no era para él una metáfora, resultaba un dato biográfico”.
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Volvamos a la concepción basadrina (resumida en su texto Teoría del Perú), en la que el país debe comprenderse como una unidad y que las herencias valen si sirven para este fin.
“El Perú existe como una totalidad en el espacio y como una totalidad en el tiempo […]”. Basadre mira con los prismáticos de su inteligencia señalando que “lo inca vale solo en la medida en que supervive dentro de la peruanidad; y en el que lo hispano vale únicamente si se ha adaptado o se ha enraizado en la peruanidad”.
La visión basadrina –con sus valores sobre el humanismo y la democracia– es hereditaria de “la promesa”, ese “elemento psicológico sutil”, adicional al sentido de independencia y soberanía, que aportó la emancipación de 1821 para la comunidad, del cual escribió en ¿Por qué se fundó la República?
Recordaba don Jorge que no era gratuito que la primera moneda peruana llevara impreso ese anhelo: ‘Firme y feliz por la Unión’. Mas en el siglo XIX, ni liberales ni conservadores lograron hacer cumplir esa promesa sobre la cual se fundó nuestra República. Entonces Basadre habla al peruano de su tiempo, pero también parece exigirnos a nosotros cumplir con nuestro papel ciudadano, en activo:
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“¡Ser conscientes de la inmensa tarea que falta hacer; exigir para el planteamiento y la solución de cada caso, dos cualidades, justicia y eficacia; organizarse en línea de agresión contra todas las inmoralidades de nuestra vida criolla, desde los grandes o pequeños peculados, hasta los gritos radicales o reaccionarios, los desbordes primitivos y la mentira de nuestros convencionalismos! Querer un Perú en buena salud, no solo por la acción, que debe ser fundamental y primordial sobre sus flagelos biológicos y sociales, sino también por la honestidad cívica. Eso es comprender y eso es querer cumplir en nuestros días la promesa de la vida peruana.”
Dato:
23 textos integran el libro Meditaciones sobre el destino histórico del Perú.