Opinión
Psicólogo y psicoterapeuta. Director del Instituto Guestalt de Lima
Apocas semanas de conmemorarse el Día Mundial de la Salud Mental resulta preocupante el aumento de casos de ansiedad, depresión, estrés y violencia debido a la inseguridad ciudadana.
Cada vez es más frecuente ver en consultas a personas en estado de alerta permanente por la sensación de vulnerabilidad a la que se sienten expuestas. Los noticieros nos muestran a toda hora robos o agresiones que tienen como protagonistas a personas que fueron golpeadas para robarles un celular o que fueron asaltados en restaurantes o mientras se desplazaban a sus centros de labores.
El alto grado de inseguridad ciudadana en el que vivimos está generando el incremento de la hormona del cortisol o del estrés negativo, que hace que tengamos mala calidad de sueño, mayores estados de ansiedad, irritabilidad, pérdida de confianza en el entorno ante la posibilidad de convertirnos en las nuevas víctimas.
Es necesario que nuestras autoridades den acciones concretas frente a la violencia, la inseguridad y el bullying, ya que vivir en una actitud de alerta y a la defensiva implica un desgaste emocional fuerte para las personas.
Adicionalmente, no debemos olvidar que la pandemia del covid-19 ha dejado una huella profunda en la salud mental de la población. El confinamiento, la incertidumbre y las dificultades socioeconómicas han sido algunos de los desencadenantes también de esta crisis de salud mental.
La población necesita hoy más que nunca acciones concretas, medibles y observables para bajar la ansiedad de la población. El discurso político debe traducirse hoy más que nunca en más psicólogos en las escuelas, en los centros de salud, en los municipios con programas comunitarios.
Es importante que la ciudadanía desarrolle mecanismos de bienestar emocional para hacer frente a la percepción de incremento de la delincuencia. Una de las recomendaciones es que no debemos reprimir nuestras emociones, sino, al contrario, expresarlas o conversarlas con la familia y amigos y buscar ayuda, de ser necesario.
Hay que tener presente que los espacios de riesgo no solamente están en las calles en las noches, sino también ocurren en las escuelas, en las que ya existen 7,000 casos de violencia escolar, o en el hogar, donde ya se reportan más de 100,000 casos de violencia contra la mujer.
Necesitamos una cruzada con despistajes oportunos, programas de prevención, atención y tratamiento con una política real y accesible para tener una buena noticia este 10 de octubre, en el que una vez más conmemoramos el día de la salud mental de todos los peruanos.