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  • de abril de 2026

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INCLUSIÓN EDUCATIVA

CEBE implementa proyecto para que niños y jóvenes con discapacidad se desenvuelvan en el día a día



Editor
José Antonio Vadillo Vila

Periodista

jvadillo@editoraperu.com.pe


Lima, 14 de setiembre.- Con su gorrita de cocinero y una sonrisa bonachona, Valentino me explica cómo él y sus compañeros –Juan Pablo, Luis Fernando y Anthony– elaboran donas y chocotejas de coco, pasas y pecanas para romper la dieta. Cuenta que lo más laborioso es el queque de maracuyá. Este grupo de chicos tiene entre 18 y 19 años. Anthony toma las grajeas y las esparce sobre las donas que luego llevará a la refrigeradora.


Las dos horas del taller de repostería y panadería son de las más esperadas cada semana por los alumnos del Centro de Educación Básica Especial (CEBE) Santa Teresa de Couderc, de la Marina de Guerra del Perú. 

De inicial a sexto de primaria, los niños se van insertando, poco a poco, en las actividades propias de su edad. Primero, realizan labores de coordinación motora gruesa para luego trabajar con la coordinación  motora fina. Es decir, desde el amasado, el cortado, estirar la masa, hasta envolver los productos acabados. 

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El espacio se llama ADV, por Actividades de la Vida Real. Asemeja un minidepartamento dentro del CEBE. José Jairo es un adolescente de 15 años. Ingresa a la habitación donde, bajo la supervisión y guía de su miss, tiende la cama. Por su condición de autista, tiene que repetir siempre la tarea. Su profesora también aprovecha en reforzarle las vocales con sonidos y señas.
Otra quinceañera, Adriana, quien tiene síndrome de Down, trae sus enseres de limpieza y practica el cepillado de dientes y el lavado de manos. “¡Muy bien, Adriana!”, aplaude y choca sus dedos con su maestra. El trabajo con cada chico es individual. 


En el taller de biohuerto ‘Semillas de amor y de fe’, la profesora Carmen enseña a Vincent y a sus demás alumnos del quinto grado las labores de jardinería. Aprenden desde cómo preparar la tierra, el almácigo, hasta trasplantar a la tierra y, semanas después, cosechar. 

El proyecto 

“Este es un CEBE de todas las sangres. Aquí están los hijos de oficiales, suboficiales, marinería, personal civil y de ciudadanos en general”, resume el psicólogo Richard Sales Liccetti, director del Santa Teresa de Couderc. 


Hace tres décadas, la institución ya soñaba con crear este espacio, el ADV, para que los niños y jóvenes que forma practiquen las tareas del hogar. Gracias al apoyo de la Marina de Guerra del Perú y la asociación Stella Maris, pudieron materializarlo. 

Ahora, el minidepartamento es un gran instrumento que les permite trabajar el proyecto ‘Jóvenes emprendedores cambiando vidas’. Se inició en el 2020, en medio de la pandemia, tras hacer un diagnóstico del futuro de sus estudiantes egresados. 

Resume: “Hasta ese momento, la mayoría estaba en sus casas, no habían continuado las actividades que se les había propuesto en años anteriores. Eran muy pocos quienes hacían algún tipo de actividad. Entonces, nos propusimos que cuando los estudiantes egresaran a los 20 años, tuvieran la motivación y el interés para que se desempeñen y continúen su preparación en otros ámbitos”. 

Porque Sales Liccetti recuerda que en el ámbito latinoamericano las oportunidades laborales son muy limitadas para las personas con discapacidad, que solo estudian inicial y primaria en los CEBE, aun cuando la normatividad internacional aborda el enfoque inclusivo con el propósito de que estas personas desarrollen una actividad y se sientan útiles para su entorno familiar y la sociedad. 


“Este proyecto es una oportunidad para cambiarles la vida a ellos, hacerlos útiles también en su casa y que desarrollen todas sus competencias. Tenemos el departamento de ADV, donde hacen las actividades del hogar: la experiencia es directa o convertir el aula en un comedor. Y se han adaptado muy bien, explica. 

El amor, un dínamo  

Sin embargo, el director acota que el primer objetivo del proyecto es darles amor a los alumnos porque sin los afectos no se puede hablar de aprendizajes; ellos, con todas sus características, se sienten respaldados y acompañados. 

“Se les va a cambiar la vida: podrán ir a un restaurante, a los servicios higiénicos, a un café, a un trabajo, a un oficio. Con las habilidades que tendrán, podrán adaptarse de manera óptima”. 
 
Resalta que cuentan con el apoyo decidido de la MGP. “Tenemos un CEBE de lujo, con profesoras con especialidades, auxiliares, terapistas de lenguaje, de psicomotricidad, psicólogos. Nuestra misión es hacer que los estudiantes tengan una oportunidad en la vida. Es el complemento que trabajamos desde el 2020”. 


Aprendizajes 

Con el proyecto en marcha, los chicos que egresan a los 20 años ya conocen todo el proceso de panadería, que sus maestros se encargaron de repetirles para que lo tengan automatizado y sean personas empoderadas. 

El CEBE se ha acercado a instituciones como Nova y D’Galia con el objetivo de que los estudiantes estudien en estas escuelas y obtengan un título. “Tenemos que darles los aprendizajes previos a los alumnos para que la diferencia entre ellos y los otros estudiantes sea mínima”. 
Dos exalumnos del CEBE han egresado de estas escuelas de cocina. Uno es Mario, especialista en panadería, quien tiene varios años produciendo panes para su excolegio. 

Por su parte, el comandante Percy Uceda, jefe del Departamento de Educación de la Dirección de Bienestar de la Marina de Guerra del Perú, a cargo de los 11 establecimientos educativos de la Marina de Guerra del Perú, donde estudian 7,800 alumnos, acota que la educación inclusiva “con respeto, tolerancia y equidad” está no solo en el CEBE, sino también en todos los liceos navales que atienden a menores con distintas discapacidades.


Sobre ‘Jóvenes emprendedores cambiando vidas’, destaca que para hacer que los estudiantes se desenvuelvan en el mundo, es importante no solo este tipo de programas, sino también que las familias se involucren en el trabajo de manera plena. 

Con respecto al tema laboral, comenta que en la actualidad hay exalumnos del CEBE que trabajan en la Marina de Guerra y otras instituciones. 

Finalmente, recuerda que el CEBE es “muy particular” entre las instituciones educativas navales debido a su gran proyección a la comunidad: brinda, después del horario de clases, programas en los que los especialistas atienden a niños y jóvenes con discapacidad.

Datos:
En el CEBE Santa Teresa de Couderc trabajan 29 profesores, 12 psicólogos, 4 terapistas de motricidad y dos de lenguaje.
Esta institución tiene a su cargo chicos autistas en diversos grados, síndrome de Down, problemas de parálisis cerebral y dificultades intelectuales.
Ha presentado dos proyectos de integración sensorial a la cooperación internacional.
Uno es el Centro de Comunicación Alternativa y el otro una Sala Multisensorial. Esta última es muy útil tanto para personas con parálisis como para adultos mayores en general.
Esta institución cuenta con un servicio de intervención temprana de 0 a 3 años.

Cifras:
121 alumnos tiene en la actualidad este centro de enseñanza.  

44 años cumplen el jueves 28 de setiembre el CEBE Santa Teresa de Couderc.