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Periodista
jvadillo@editoraperu.com.pe
¿Qué vestigios de las pirámides, templos y recintos ceremoniales de Cahuachi, el centro teocrático de adobe más importante de la cultura Nasca, que floreció entre los 400 a.C. hasta los 450 d.C., se conocen?
Las respuestas no se encuentran en el sitio arqueológico asentado en la margen izquierda del río Nasca, región Ica, sino a 30 minutos, en el Museo Didáctico Antonini, en la Av. La Cultura, en la ciudad de Nasca, región Ica.
El arqueólogo italiano Giuseppe Orefici nos presenta las 7 salas del museo, espacio creado específicamente para albergar el material hallado en las excavaciones del Proyecto Nasca, de la Misión Arqueológica Italiana, que desde 1984, investiga Cahuachi.
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Una vieja fotografía muestra el estado en que se encontraba el “montículo 1” de Cahuachi antes de la intervención arqueológica: Lo que ahora se conoce como la Gran Pirámide y el Templo Sur eran un terraplen sobre el que transitaban camiones. Así pudo quedar una civilización: olvidada entre las huellas de neumáticos.
En el Antonini, al material de las excavaciones de Cahuachi se suman los del sitio arqueológico de Pueblo Viejo y donaciones de objetos de las culturas Ica y Chincha. Hay material del centro ceremonial de Estaquería, que se desarrolló tras Cahuachi, entre los años 550 y 1000 d.C. Y del momento de la integración con la cultura Huari.
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Para situar al visitante, en la primera sala se presenta la secuencia cultural de la zona, desde Paracas Tardío y Nasca, la continuidad llega hasta la época inca y colonial.
Hay imágenes de los petroglifos de la zona, que comprueban una presencia humana de más de 4,000 años. Un petroglifo, de ocho metros, representa la divinidad antropomorfa Paracas, que se caracteriza por sus grandes ojos, las proliferaciones ventrales y de la cabeza, y las cabezas-trofeo y serpientes que lleva.
“Posiblemente se trata de una divinidad femenina”, comenta Orefeci, director del Centro de Estudios Arqueológicos Precolombinos (CEAP) y el Museo Antonini de Nasca.
Existen casi 80 geoglifos, la mayoría descubiertos en la década de 1980 por el piloto Eduardo Herrán. Otro grupo fueron encontrados a partir del 2000. En el museo una secuencia los define mejor.
En los ochenta, la misión italiana empezó a comparar petroglifos, geoglifos y restos hallados en Cahuachi, para tener visiones más claras sobre el pensamiento de esta civilización, sus mitos, sus divinidades.
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Un botánico del equipo estudió vestigios y ofrendas dejadas. Gracias a su labor de 30 años sabemos que los antiguos nasqueños consumían calabazas, maní, yuca, camote, frejoles, coca, guarango, palillo; que aquí crecían diversos tipos de pallares y de algodón.
Las hojas del pacay estaban relacionadas al culto a la muerte: se cubrían con ellas las tumbas y los muros. Y había un maíz oriundo, de granos pequeños, que fue relegado con la llegada de los Huari, que trajeron un maíz híbrido, de granos grandes.
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Pero, ¿de dónde la gran producción agrícola si estamos en una zona desértica? En el patio interior del museo hay un acueducto restaurado (otro fragmento se ha recuperado en el colindante local de la Universidad Nacional San Luis Gonzaga). Fue construido por los nascas.
“Los acueductos fueron importantes para la economía de los nascas. Les permitió ampliar su territorio agrícola al tener agua todo el año, a pesar de los ríos secos”, explica Orefici.
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En las salas dedicadas a Cahuachi hay información sobre las ofrendas funerarias, los textiles y otros materiales encontrados durante las excavaciones.
Se han hallado más de 200 textiles sepultados exprofesamente en Cahuachi. Se trata de restos de trajes ceremoniales de sus sacerdotes. Mientras que, en Pueblo Viejo, el tipo de terreno no permitió conservar prendas similares.
Los textiles Nasca son de gran calidad. Los estudios demuestran que, en su proceso de producción, primero los pintaban y dibujaban.
Estas prendas se han expuesto en Europa y en una muestra sobre Nasca que se dio en el Museo de Arte de Lima (Mali). Ya retornaron hace algunos años al Antonini; sin embargo, el Ministerio de Cultura, hasta el cierre de esta edición, todavía no respondía a las solicitudes del museo y las vitrinas permanecen tapadas para continuar “descansando” tras ese peregrinaje de exhibiciones.
Iconografía de textiles: ¡Qué tal trabajo! Hay muñequitos tridimensionales bordado que saludas a la procesión con una naranja en la mano.
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En el centro ceremonial se halló cerámica Nasca, y la transicional entre Paracas y Nasca, con sus singulares iconografías de cada uno.
Como ofrendas a la divinidad, todas las cerámicas de Cahuachi han sido rotas adrede. Las piezas de uno de los cerámicos que hay en vitrina fueron desperdigadas en una extensión muy grande de una plaza del centro ceremonial. Los arqueólogos unieron las piezas de este singular rompecabezas precolombino, en un largo proceso, que tomó muchas horas, solo con fines didácticos para el público.
Los fragmentos de los diversos cerámicos de gran iconografía, permiten apreciar la gama de colores de Nasca. Para Orefici se trata de la cerámica más colorida, con sus amarillos, rojos, azules, un singular verde y otros.
Cahuachi también fue espacio de sacrificios. Se exhibe parte de las cabezas y ofrendas encontradas en el sitio arqueológico, también presentes en la iconografía de los cerámicos. Se trata de cabezas de hombres, mujeres y niños. Solo una vez se encontró el cuerpo mutilado junto a la cabeza.
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Una gran ofrenda en Cahuachi fue el sacrificio de 64 llamas, sepultadas junto a cuatro cabezas de varones. Y arriba de todo, una cabeza de piedra, la única hallada a la fecha en las excavaciones realizadas.
En los sacrificios también están presentes los instrumentos: antaras, tambores, silbatos. Para los investigadores, se usaban en las faenas agrícolas.
También se han hallado mates donde sus artesanos representaron a sus divinidades: el felino en todas sus manifestaciones, con sus cabezas ofrendadas. Otros mates pintados con colores resinuosos de la cerámica de Paracas permite conocer más del desarrollo del dibujo.
En Cahuachi se ha encontrado muy poco material en oro. “No es que no tuviera importancia el oro, pero no era lo más importante”, explica el arqueólogo.
También se halló la tumba de una niña sacerdotisa, en la entrada de la pirámide Naranja, cercana a la Gran Pirámide. Se trató de un templete de cuatro columnas, hallado a tres metros y medio de profundidad. Si bien la humedad destruyó el cuerpo, se dio con el brazalete, la nariguera y los brazaletes de oro y lapislázuli.
Después de su abandono como centro ceremonial, Cahuachi fue utilizado como espacio para sepultar los muertos. Los arqueólogos han encontrado el entierro de un personaje, fallecido alrededor del 600 d.C., con sus ofrendas: él llevaba sobre el pecho una antara de caña, una concha espóndilus, 12 turbantes y gorros ceremoniales.
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Presencia de El Niño
Se han hallado entre las ofrendas en Cahuachi, choros grandes. Orefici sostiene que el Fenómeno El Niño afectó y cambió la dimensión de los moluscos. De una época posterior al centro ceremonial nasqueño se ha encontrado gran cantidad de spondylus, conchas comunes en la costa del actual Ecuador. Sin embargo, más que relaciones con culturas del norte, la presencia de estas conchas en Cahuachi durante el horizonte medio de Nasca (alrededor del 700 al 800 d.C.), responde también al Fenómeno El Niño, que permitió que llegara esta especie hasta las costas de Lima.
Datos:
Este año se creó el patronato del CEAP y del Museo Antonini que permitirá realizar trabajos arqueológicos de octubre de este año a setiembre del 2024.
Las ultimas excavaciones que hizo el CEAP en Cahuachi fueron en el 2018.
El museo debe su nombre a una familia suiza que ayudó tanto en la construcción del museo como con sus primeras vitrinas.
La dieta de los antiguos nasqueños se complementaba con moluscos, crustáceos y carne de camélidos (llama, alpaca y guanaco).
Cifra:
7 salas tiene el museo Antonini. De ellas, 3 están dedicadas a Cahuachi.