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  • de abril de 2026

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El doctor Javier Flórez del Águila: un dibujante que hace medicina


Editor
José Antonio Vadillo Vila

Periodista

jvadillo@editoraperu.com.pe


¿Cómo se define usted?, pregunta el intruso –un periodista que llegó con grabadora, lapicero y block–. Se abre un globo donde el personaje principal responde: “Soy un dibujante que hace medicina. Empecé de manera profesional en el dibujo en 1954 y me gradué como médico en 1959”.

Muy reconocido como docente universitario y neurólogo especialista en problemas de audición y lenguaje, al doctor Javier Flórez del Águila, nacido en Otuzco, La Libertad, en 1934, lo define una conjunción entre ciencia y arte.

“Médicos escritores hay varios, pero hasta lo que he averiguado, no hay otro caso de dibujante y médico, aunque los pintores Degas y Velásquez estuvieron interesados en la medicina. Así que soy una rareza, no sé si científica o artística”.

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Si a los 6 años, cuando le dio la malaria, se juró que iba ser médico para no ver a otro niño sufrir de paludismo; en casa hubo una formación artística y literaria que bosquejó su vocación artística, de dibujante de historietas. 

Doña Bernita –una dama loretana que tocaba el piano y pintaba al óleo– soñaba con que su hijo sea cantor de tangos. Al ver que lo suyo no iba por ahí, lo incentivó para que probara el óleo. Pero a su retoño tampoco le gustaba el fuerte olor de la trementina. Bernita no se resignó, le compró un cuaderno Rafael y lápices y le sugirió que copiara los personajes de los chistes como The Rio Kid.

Así empezó Javier, a los 7 u 8 años, su romance con los trazos. Por su parte, su padre, Roberto, un policía recuaino y voraz lector de novelas pulp de La Sombra y Doc Savage, incentivó en sus dos hijos el amor por la lectura, por chistes, novelas y enciclopedias. Años después ponderaría también que “el médico que solo sabe de medicina no sabe nada; ponte a hacer arte, a pintar”.

El novio de una cliente del taller de modista de doña Bernita vio los cuadernos donde dibujaba el niño y lo invitó a la Academia Concha, de la filántropa Adelinda Concha, que era gratuito y por esos años funcionaba en el antiguo local del Mercado Central de Lima.

“Yo no soy autodidacta como muchos creen, mi formación es académica, en dibujo artístico y lineal; manejo de cubos, de sombras”, recuerda el neurólogo, quien a sus 13 años vería su primer desnudo con fines artísticos. También llevó cursos libres en Bellas Artes.

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Por cuestiones fortuitas, su madre y la de Hernán Bartra, el popular Monky (uno de los padres de la historieta peruana), eran amigas, y Hernán, al conocer de sus trabajos, lo presenta a otro amigo, el dibujante Juan Osorio, Osito. Ambos lo proponen para que se una a la revista Avanzada, que dirigía el jesuita Ricardo Durand Flórez y editaba la Cruzada Eucarística Misional.

Así, mientras estudiaba Medicina, Flórez trabajaba los dibujos de las páginas escolares de Avanzada, desde 1954. Incluso cuando hizo su Serums en Tumbes y Sullana llevó sus cartulinas y tinta. A inicios de los setenta, Avanzada dejó de salir por disposición del gobierno de Juan Velasco Alvarado.

A Osito le gustó cómo Flórez trabajaba las manos de los personajes, que el doctor-dibujante trabajaba a detalle usando un espejo.

Juan Osorio le enseñó a “equilibrar las manchas” y la importancia del “peso” en una tira. “He trabajado en el equilibro de los círculos y las ‘v doble’. Y mi mamá me enseñó a dibujar gente mirando ‘hacia adentro’, y yo, hasta hoy, no tengo ninguna tira de personajes mirando hacia afuera”, sostiene.

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El trabajo más importante de Javier Flórez sería la serie Selva misteriosa, que ganó en octubre de 1971 un concurso organizado por El Comercio. Presentó su historia en 15 tiras. El personaje principal es un hombre muy serio, de bigotes, y al que bautizó al vuelo –porque partía a un congreso a Buenos Aires– como “Javico”, como llaman en Iquitos a los Javier.

El premio consistía en publicar las tiras de lunes a sábado. Y así, después de hacer guardia en el Hospital de Policía, llegaba a casa –ya estaba casado con Juli, con la que suma 58 años de vida en común– y en un cuartito debajo de una escalera de su casa, empezó a bosquejar, primero en papel bulky y a lápiz, y luego en tinta china, cada historia de la serie.

Su oído ya estaba afinado a los sonidos y las leyendas de la selva por su madre. La historieta, además, tuvo varias influencias literarias, sobre todo aquella literatura con epicentro en la Amazonía. Flórez era un ávido lector de La sal de los cerros, de Stefano Varese; Sangama, de Arturo D. Hernández; los cuentos de Francisco Izquierdo Ríos y de Roger Rumrrill; y la historieta de Alex Raymond, Jungle Jim.

Por eso, al publicarse, Selva misteriosa se hizo rápidamente de un público cautivo. Entrecruzaba personajes, historias y elementos de la cultura amazónica peruana, escapando así del fin de entretenimiento de la historieta.

El médico-dibujante dio voz a los otros. Y en el proceso de Selva… experimentó también con técnicas del pop art para hablar de los brujos, la puzanga y los brebajes para la potencia sexual.

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Después publicó Otorongo, un personaje selvático que no hablaba castellano, pero se entendía con los animales. Aparecía en el suplemento infantil del semanario político Equis X, que dirigía Ismael Frías. Un personaje secundario era un neurocirujano que quería estudiar el cerebro del protagonista.

El periodista Juan Gargurevich (quien había sido su compañero en el colegio San Agustín) lo invitó a publicar en la revista Marka (1975). Flórez se encargó de elaborar una suerte de jeroglíficos. Pero la aventura también fue corta: el velascato mandó cerrar tanto Equis X como Marka.

Ya instalado en este siglo, ha tenido una larga colaboración con el fanzine Carboncito, de los hermanos Renso y Amadeo Gonzales.

El doctor Flórez ejerció la neurología hasta el 2016 en el Centro Peruano de Audición, Lenguaje y Aprendizaje (Cpal) y en el Hospital Nacional de Policía Luis N. Sáenz.

Hoy, continúa dibujando. Saca de noche estilógrafos y marcadores sobre el papel para elaborar tiras para su consumo personal o cuando se lo piden.

También le gusta analizar las historietas de los jóvenes, quienes le tienen mucha consideración (“debe de ser por mi aspecto patriarcal”) y se plantea críticamente cómo se podría mejorar esos dibujos, que a veces adolecen de “desequilibrio” técnico.

De sus cuatro hijos, su hija odontóloga heredó el arte del dibujo y una de sus nietas, que vive en el extranjero, también se inclina por el dibujo, pero va por el manga y en tablero digital.

El doctor Flórez sigue atento a las exclusividades del mundo de la historieta, sobre todo la norteamericana. Y su pluma de casi nueve décadas está vital. Ahora piensa elaborar una historieta relacionada con la corrupción, en un formato distinto, con texto en una página que acompañe con dos o tres dibujos.

Un autor de altura

En el 2019, la editorial Planeta publicó todas las tiras de Selva misteriosa. Guiado por su interés de editar proyectos que hablen de tu propia cultura y rescatar cómics clásicos peruanos, el escritor y guionista español Hernán Migoya coeditó el libro. “Me instalé en el Perú hace 10 años y varios amigos del legendario Club Nazca de la Historieta Peruana, me comentaron sobre la mítica serie Selva misteriosa, como uno de los hitos de la historieta peruana clásica. Pero, prácticamente, solo se podía leer en la Biblioteca Nacional. Y constaté, como decía el círculo de eruditos del tema, que era una obra maestra. Por suerte, Flórez del Águila conserva todos sus originales. Luego planteamos el homenaje porque es un autor que está a la altura de cualquier clásico de las mejores tradiciones historietistas. Es un grande de la historieta peruana. Y hay que celebrarlo”.

Datos:

Las Jornadas de la Historieta Perú-España se desarrollarán desde hoy hasta el domingo 10, en el auditorio del Centro Cultural de España. Más información en este enlace.

Talleres, mesas redondas y conferencias en el jirón Natalio Sánchez 181, Santa Beatriz, Cercado de Lima. El ingreso es libre.

El homenaje a Flórez del Águila será el domingo 10, a las 20:00 horas. Participan: Juan Acevedo, Humberto Costa, Karen Calderón, Marco Sifuentes (virtual); de España: Belén Ortega, Javier Fernández y Hernán Migoya.

Cifra:

759 historias de la Selva misteriosa publicó Flórez entre 1971 y 1974.