• JUEVES 30
  • de abril de 2026

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Sanadora herbolaria utiliza los saberes ancestrales de Apurímac para curar

Usuaria de Pensión 65 de Tambobamba, Rosa Saldívar, cultiva y procesa ella misma sus hierbas medicinales que le sirven para devolver el equilibrio a sus pacientes.

A sus 77 años recién cumplidos, doña Rosa continúa brindando sus servicios de sanadora herbolaria en su hogar o a domicilio. Ella empezó con el oficio hace más de 40 años, cuando ella misma se enfermó después de un parto. Sentía el cuerpo desecho, no quería comer, su cuerpo no aguantaba cuando andaba ni tampoco cuando estaba echada.

Como heredera de la cosmovisión andina, sabía que las plantas medicinales podían ayudarla, así que preparó algunas bebidas “calculando, calculando”, pues no sabía cuánto hervir para un brebaje o cuánto triturar para una pomada.

No pasó mucho tiempo hasta que comenzó a manejar bien las dosis y recuperar los saberes de su Apurímac ancestral. Poco a poco, se consagró al oficio milenario de curar cuerpos y espíritus con la energía de las plantas.

Debilidad, baja presión o inflamación son los síntomas de quienes mayoritariamente la buscan. Ella les coge los brazos y reconoce al tacto si la sangre está fluida solo en uno de los lados. De inmediato, junta sus hierbas y las tritura con tres claras de huevo sobre la piedra.

Si su remedio para beber es insuficiente, prepara un ungüento o un emplasto: a veces frota el mejunje sobre su paciente, otras veces lo arma como una compresa y lo coloca por unas horas sobre el convaleciente. Ella no habla de diagnósticos como los médicos, sino de lograr que aquella persona obtenga el equilibrio nuevamente.

Como ejemplo, dice que hay personas que están mal porque tienen mucho calor en el cuerpo. Lo nota en sus lenguas resecas o sus labios partidos. Para eso prepara una bebida con hierbas frescas para regresarles la armonía al organismo.

Si alguien viene con fiebre, pone a hervir manzanilla, eucalipto o un puñado de otras plantas. Vacía el resultado sobre un recipiente, espera unos minutos y acerca al vapor la cara de su paciente.

Doña Rosa no habla de hacer curaciones mesiánicas, sino de ayudar a cuerpos “descompuestos”, cuyo equilibrio puede regresar con el poder de las hierbas medicinales, cultivadas a más de 3,200 metros sobre el nivel del mar.

En familia

Rosa Saldívar Taco tuvo 10 hijos, el primero a los 18 años. Uno de ellos ya falleció. Por otro lado, cuenta que su esposo, Domingo Gamarra Serrano, era huesero. Cuenta que él ayudaba a quienes venían con los “pies rotos” o los huesos dislocados.

Ambos viven en una casa acogedora que fue hecha de adobe y techo de calamina. En vida, ella y su esposo ya la repartieron a sus hijos. Por eso, cuando dice que vive en la casa de su hija, se refiere en realidad a la parte que ella ya le heredó.

En su comunidad cultivan de todo: maíz, trigo, papas, verduras y frutas como limón, pacae, higo y naranja.

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