Opinión
Periodista
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Pero transitar por esos jirones implica también encontrarse con la belleza desconcertante de la Catedral de Huaraz; una construcción de enormes proporciones, cuyos detalles inacabados son tan notorios como longevos. De allí que los lugareños casi ni reparen en su estado y aspecto, de lo acostumbrados que están a ver sus características a diario. Somos los foráneos los que percibimos que ese estado de cosas de ninguna manera puede ser normal.
“No se ha querido reconstruirla totalmente porque se piensa que otro terremoto como el de 1970 va a volver a destruirla”, nos responde un caballero al que consultamos al respecto. Su compañera discrepa tácitamente con él y señala que no se ha completado este templo por falta de recursos. “´Si la Iglesia pidiera ayuda a Antamina, rápidamente se completaría la catedral”, señala, aludiendo a la empresa minera más grande que funciona en Áncash.
En unos pocos minutos estos huaracinos han mencionado elementos que forman parte de la cotidianidad de una ciudad en la que el desastre sísmico mencionado y la minería siguen dejando huellas. Las del primero, ocurrido el 31 de mayo de 1970, se manifestaron con destrucción y muerte. Las del segundo, con inversiones, puestos de empleo y la dinamización de la economía, pero también con relaves que han derivado en cambio de hábitos y en mudanzas forzadas de comunidades. Ambos factores juegan todavía un papel activo en la vida de los huaracinos, y su influencia se proyecta incluso en esa construcción a medias tan notoria y fascinante.
Lo cierto es que tras quedar dañada por el terremoto, la Catedral de Huaraz fue demolida. La reconstrucción demoró en iniciarse, por problemas vinculados con el saneamiento y titularidad del terreno, que se solucionaron a inicios de 1990, paralizándose en tiempos más recientes por, entre otras razones, la carencia de recursos.
En los últimos años, en efecto, las autoridades regionales y municipales han dialogado con Antamina para avanzar en este proceso, pero las modalidades de inversión y asociación que se consideraron idóneas para desarrollar el proyecto en conjunto fueron dejándose de lado por aspectos formales. Esta situación confusa, tratándose de una catedral, añade a la serena Huaraz un monumento atípico y misterioso. Pese a todo, un atractivo más de esta bonita ciudad.
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