• JUEVES 23
  • de abril de 2026

Editorial

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El legado de Junín

“La gesta de Junín ha pasado a la posteridad como una de las acciones de armas más decisivas en la lucha a favor de la independencia nacional y de toda Sudamérica [...]”

El combate, celebrado en la Pampa de Junín el 6 de agosto de 1824, concluyó con una rotunda y decisiva victoria de las huestes patriotas y configuró un duro golpe para las fuerzas realistas. En toda regla, se trató de la antesala del triunfo final que llegaría meses después, el 9 de diciembre del mismo año, en Ayacucho.

Cuenta la historia y la tradición que en un inicio la batalla era muy desfavorable para el ejército unido, a tal punto que las líneas patriotas habían sido desarticuladas y se encontraban casi en desbande. No obstante, la crucial intervención de un militar peruano, el célebre José Andrés Rázuri, jefe del Tercer Escuadrón de los Húsares del Perú, trocó la derrota inminente en una gloriosa victoria.

Cuando el comandante Simón Bolívar ya se había puesto a salvo en una colina a la espera de la inminente derrota, Rázuri cambió la orden de retirada que debía impartir al coronel argentino Manuel Isidoro Suárez, uno de los jefes de la caballería aliada, por la de ataque. La decisiva carga de las huestes patriotas al mando de Suárez causó severos daños a las fuerzas realistas y las puso en retirada, hecho que permitió lograr una formidable victoria para la causa independentista.

Al margen de los sucesos durante la contienda, la batalla de Junín y los patriotas que lucharon en ella legaron a la posteridad el ejemplo de que solo la unión es capaz de conseguir metas en apariencia inalcanzables y en procura de un objetivo superior. Así como en la jornada de Ayacucho, en Junín lucharon colombianos, peruanos, argentinos y chilenos, todos unidos en torno a la causa justa de la consolidación de la independencia del subcontinente, en ese momento todavía amenazada por la presencia de las fuerzas realistas en el Perú.

Por ello y por su significancia es necesario conmemorar la gesta de Junín y rendir honores a los que lucharon y derramaron su sangre para otorgarle a nuestros pueblos, y al Perú en particular, el derecho de decidir su futuro de forma independiente, sin la tutela de ningún otro Estado.

Por tal motivo resulta acertado que en el país se haya declarado feriado el 6 de agosto mediante ley aprobada por el Congreso, con la finalidad de tributar un merecido y justo homenaje a los héroes de Junín. Esta medida permitirá a las entidades públicas y privadas participar sin problemas en los actos conmemorativos, al igual que todos los peruanos en general.

La gesta de Junín ha pasado a la posteridad como una de las acciones de armas más decisivas en la lucha a favor de la independencia nacional y de toda Sudamérica, razón más que suficiente para conmemorarla con entusiasmo.