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Se trató de un hecho de armas decisivo y letal de las operaciones aerotransportadas, que tuvo un nivel exitoso durante el conflicto militar con Ecuador.
Operaciones progresivas
La acción consistía en realizar dos operaciones progresivas durante la fase final del conflicto, en vísperas del alto al fuego declarado por el vecino país el mismo día (31 de julio de hace 82 años).
Primero, el asalto al aeródromo militar de Santa Rosa y, segundo, el salto de tres paracaidistas sobre la ciudad ecuatoriana de Puerto Bolívar, un puerto que, por su alcance logístico y por el sostenimiento en las líneas de comunicación en el mar, era importante neutralizar y bloquear de inmediato para los intereses patrios.
La responsabilidad del teatro de operaciones se dio al entonces comandante César Álvarez Guerra, jefe del Componente Aéreo del Norte. Fue el encargado del diseño operacional de cada maniobra desarrollada por las tripulaciones militares del entonces Cuerpo Aeronáutico del Perú.
La trilogía
El objetivo, según el memorándum N° 10, se encomendó al suboficial maestro de segunda Antonio Brandariz Ulloa, un experimentado paracaidista perteneciente al equipo pionero de aviadores que efectuó el salto masivo en Chiclayo, durante la Semana de la Aviación, en setiembre de 1940.
Otro singular paracaidista fue el mecánico de aviones suboficial maestro de segunda Carlos Raffo García, quien a su vez era el mecánico del teniente José Quiñones Gonzales en el escuadrón de aviones caza North American NA-50.
Finalmente, completaba la trilogía militar el joven suboficial Armando Orozco Falla, quien era aprendiz de Antonio Brandariz. Además, tenía en su temple las agallas de afrontar una misión tan compleja y decisiva, pese a no tener el entrenamiento continuo que tuvo el resto del equipo.
La operación
La tripulación partió del Campamento Aéreo de Tumbes en la aeronave Caproni Ca.111 del 105° Escuadrón de Transporte. Los tres valerosos paracaidistas fueron transportados por el piloto capitán Antonio Rojas Cadillo y el copiloto teniente Jaime Cayo Murillo.
El rumbo inicial fue el aeródromo de Santa Rosa, lugar que, en horas de la mañana, había sido tomado por un piquete militar.
En esta ocasión, el personal designado sería embarcado rumbo a Machala para continuar el avance por tierra hacia Puerto Bolívar, siguiendo el tranvía de la zona, mientras los tres paracaidistas hacían el ingreso táctico por aire y así tener la sorpresa militar sobre este puerto marítimo.
Eran las 17:30 horas, caída la tarde, y la aeronave Caproni cruzó la zona a 500 metros sobre los arsenales de Puerto Bolívar. La altura mínima tenía baja visibilidad, requiriendo un segundo “pasaje” a 400 metros y en el momento “vertical al litoral”. Fue cuando los valerosos paracaidistas saltan y confían sus vidas en la capacidad del soporte de sus velámenes.
Este hecho fue seguido de cerca por una escolta de tres aeronaves, dos cazas NA-50 y un Douglas 8A-3P de reconocimiento aéreo. Fueron maniobrados por el jefe del Componente Aéreo del Norte, Álvarez Guerra; el teniente comandante Antonio Alberti Bonino, jefe de la 41ª Escuadrilla del XXI Escuadrón de Chiclayo; y el avión de reconocimiento del capitán Enrique Ciriani Santa Rosa. Ellos observaban los detalles de la operación y el impacto planeado durante varias horas de briefing.
Crónica de los hechos
Los paracaidistas usaron sus equipos principales y de reserva. Brandariz cae sobre la playa debido a los fuertes vientos, mientras Raffo lo hace sobre unas construcciones cerca de la orilla y Orozco sobre un árbol, más cerca del muelle, preciso lugar donde había tropas enemigas con poder de fuego.
Nuestros valerosos militares llevaban consigo revólveres, silbatos, mapas, puñales y linternas para su defensa personal. Su objetivo era tomar los almacenes donde se encontraban los cargamentos y municiones de las tropas ecuatorianas.
Después de varias horas de enfrentamientos con tropas enemigas, que disparaban desde el muelle sin mucha suerte, los paracaidistas fueron reforzados por piquetes del Cuerpo Aeronáutico, del Ejercito y de la Marina de Guerra; controlan la totalidad del puerto, desarticulando todo tipo de suministros logísticos de sus almacenes.
En esta situación, cuando en horas de la madrugada se iza la bandera nacional, que había sido confeccionada con trapos rojo y blanco, unidos por imperdibles, avisando a las aeronaves peruanas que sobrevolaban la zona que el puerto estaba controlado por las fuerzas amigas.
Alto al fuego
Posteriormente, se dispuso un destacamento especial para el control del puerto y la toma de las zonas de telégrafos para tener una estación de comunicaciones con las demás fuerzas de avanzada.
Es importante mencionar que el 31 de julio, al mediodía, las fuerzas ecuatorianas solicitaron el alto al fuego del conflicto, que oficialmente se cumplió, pero que en las zonas de combate aún se desencadenaba progresivamente la paz anunciada (Comandante FAP José Barrera Alvarado).
Publicación de libro
Próximos a cumplirse los 50 años en que se consolidó la especialidad de “Defensa y Operaciones Especiales”, como parte de las actividades de la FAP, se publica un libro que rememora y reúne estas anécdotas importantes para el sentir de todas las generaciones de los “operadores especiales”. Ellos han cumplido diversas misiones militares, llevando siempre en la memoria la hazaña emblema para cada uno de ellos, como es “la toma de Puerto Bolívar”. En honor a ellos, son un justo homenaje estas líneas de destreza y valor. Arriba, siempre arriba.