• JUEVES 2
  • de abril de 2026

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Vallejo en la cárcel o el Perú siendo Perú


Editor
Fidel Gutiérrez Mendoza

Periodista

fgutierrez@editoraperu.com.pe


El poema XVIII de Trilce no deja lugar para la duda: César Vallejo padeció cada minuto de los 112 días que duró su encarcelamiento en la penitenciaría de Trujillo. Detenido el 6 de noviembre de 1920, se le acusó de ser partícipe de los desmanes y muertes ocasionadas por el enfrentamiento entre partidarios del expresidente José Pardo y de su derrocador, Augusto B. Leguía el 1° de agosto de aquel año en su natal Santiago de Chuco.

Sin embargo, las imputaciones en su contra nunca fueron sustentadas. Tendrían que pasar ocho años para que la denuncia en su contra por delitos de motín, incendio, daño y homicidio prescribiera. Hasta entonces nuestro más grande poeta debió enfrentar las vicisitudes propias de todo proceso judicial intencionalmente enmarañado. Germán Patrón Candela, en su formidable libro El proceso Vallejo (1992) describe con detalle cada fase de esta historia y deja claro que los enemigos del autor de Los heraldos negros insistieron durante años en volver a encarcelarlo. Incluso cuando el poeta se encontraba en Europa.

Si algo dejan claro textos de esa época es que un sector de la ciudadanía y de las autoridades saludaron el encarcelamiento. No resulta muy fuera de lugar especular que, por su personalidad y actitud rupturista, Vallejo resultase incómodo a quienes privilegiaban al statu quo. A ello se añadían viejos enconos por parte de familias enemigas de la suya, residentes en su pueblo natal, en Trujillo y Chiclayo. Como contraparte, el poeta recibió el apoyo de estudiantes y periodistas, así como de su amigo Víctor Raúl Haya de la Torre. A todos ellos no les tembló la mano al momento de publicar y firmar manifiestos a favor de su liberación. Estas muestras de respaldo terminaron pesando más que los recursos de amparo presentados por su abogado para liberarlo.

Así, Vallejo volvió a pisar las calles el 26 de febrero de 1921, siendo acogido en ellas por la intelectualidad trujillana, encabezada por su fiel amigo Antenor Orrego. Pero en los meses siguientes, una serie de falsos testimonios rendidos ante la autoridad judicial pretendieron vincularlo con más actos violentos. En parte por ello, el poeta viaja a Francia en 1923, desde donde, en los siguientes años, se le pretende extraditar. Toda esta negativa experiencia alzó cabeza en varios de los poemas de Trilce, su poemario más revolucionario. Este, por cierto, ha sido objeto de un tributo musicalizado titulado TrilceCien: Estruendo en el Silencio, del cual hemos escrito en una anterior columna, y que se presenta oficialmente hoy, a las 15:00 horas, en el auditorio César Vallejo de la Feria Internacional del Libro de Lima.

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