• JUEVES 19
  • de marzo de 2026

Opinión

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El mito pernicioso del agro vs la minería

Urge la necesidad de convencer al país sobre la importancia de la alianza estratégica de estos dos sectores.


Editor
Dr. Cesar Sandoval Pozo

Jefe de Gabinete Minem


Para algunos no hay manera de acortar esta fisura generada, presentándolas como eternas adversarias y antagónicas. Para otros, cada sector deberá crecer por su cuenta, encargándole su destino al mercado y supeditándola al juicio del libre juego de la oferta y la demanda.

Este escenario tradicional que la historia se ha visto obligada a registrar como tragedia y farsa a la vez, se ha sostenido y alimentado con la torpe premisa de la necesidad imperiosa de crecer, aisladamente, atendiendo lo suyo, sin darnos cuenta de que esta fórmula segregada no solo ha sido incapaz de ofrecer resultados productivos para ambos sectores, sino que también ha impedido todo intento de integrar, estratégicamente, la agricultura con la minería, a tal punto de compararlas como el agua y el aceite, absolutamente contrapuestos, totalmente contradictorios y hasta hostiles uno del otro, con el trágico saldo de tiempo perdido, recursos desaprovechados y creciente confrontación social, alentada por banderas seudoambientalistas y mensajes mercantilistas, voceros ambos de una minería estereotipada y de una agricultura victimizada, pobre y condenada a vivir estirando la mano.

Ante este panorama sombrío, urge la necesidad de convencer al país sobre la importancia de la alianza estratégica de la minería con la agricultura, sobre todo la mediana y pequeña, incluida la de autosostenimiento o agricultura familiar con la que comparte territorio, agua, vías de acceso. Esta decisión de Estado y de política pública deberá ir más allá del canon, la regalía y la participación de la riqueza que genera la industria extractiva. Esta alianza estratégica deberá ser la asociación responsable, audaz e inteligente entre el capital y el trabajo, impulsada, promovida y garantizada por el Estado en su papel de promotor del desarrollo.

Por medio de esta alianza estratégica se podría cristalizar grandes proyectos de infraestructura productiva y desarrollo socioeconómico a la par de la extracción, aprovechamiento e industrialización de nuestras riquezas naturales, minerales y energéticas.

Resulta por ello imprescindible empezar apuntando las enormes brechas sociales, algunas de irreparables daños como la anemia y la desnutrición infantil que acompaña al hambre y la miseria, puesto que las cifras sociales son preocupantes para el país.

La desnutrición crónica afecta al 11.5% de los niños menores de 5 años del país, la mayoría de ellos (51.5%) en las zonas rurales como Ayacucho, que alcanza el 19.5%; Huancavelica, el 29.9%; Loreto, el 21.8%; y, Amazonas, el 21.7%.

A escala nacional, la anemia de niños entre 6 y 35 meses bordea el 40.9%, mientras que Puno exhibe el 67.2%; Ucayali, el 65.8%; y, Huancavelica el 65%, con preeminencia de la anemia ferropénica (falta de hierro) y la deficiencia de ácido fólico, vitamina B12 y micronutrientes, a los que se suma la entero-parasitosis que, durante los primeros 1,000 días de vida, está demostrado que afecta la tasa de crecimiento y desarrollo cerebral, generando serias alteraciones en las funciones cognitivas y psicomotoras, con afectación en el comportamiento. Lo crucial reside en sus peligrosos efectos, en su mayoría irreversibles, cuyas víctimas se encuentran mayormente en el sector rural, campesino y en la selva peruana; allí donde la agricultura y la minería permanecen enemistadas, alejadas y divorciadas.

Esta situación es una grave y verdadera amenaza para el país, para su presente y, sobre todo, para su futuro. De no abordarla y confrontarla, con prontitud solo estaremos edificando sobre bases endebles y construyendo una nación sobre segmentos sociales improductivos, física e intelectualmente, con impacto negativo en la economía y en la convivencia social, sin la cual no existe gobernabilidad posible.

La seguridad alimentaria debe ser el tema principal de la agenda del Perú que, sobre el tapete, debe plantearse desde la visión de una agricultura productiva y competitiva, aliada de una minería responsable y solidaria; pero, de verdad, pensando en el Perú, sobre todo en el altoandino y amazónico.

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