• SÁBADO 4
  • de abril de 2026

Opinión

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DIÁLOGOS ACADÉMICOS

Ser maestro: una forma de sentir y de vivir

Con la nueva tecnología, el perfil del maestro cambia sustancial-mente: de erudito a estratega.


Editor
Miguel Gerardo Inga Arias

Decano de la Facultad de Educación de la UNMSM


En un primer momento, antes de la escritura, el maestro era el depositario del saber, poseía la información en su cerebro y la divulgaba a través de la palabra. Sus recursos eran la oratoria y su ejemplo de vida. Se requería silencio absoluto para escuchar la palabra del maestro, de allí se conocía a la escuela como “templo del saber”.

En un segundo momento, con la invención de la escritura, libros e impresos pasan a ser sus recursos fundamentales y se convierten en las fuentes del saber. Se levanta el culto por los libros como si en ellos encontráramos la verdad. Hasta ese momento, la función del maestro solo era transmitir datos e informaciones para preservar los saberes y, con la escritura, la alfabetización para recordar definiciones y clasificaciones como evidencias de aprendizaje. Se pensó que el libro podría remplazar al maestro y, por lo tanto, quien tuviera el libro, cual varita mágica, podía enseñar en las escuelas repitiendo lo escrito, como si fuera “la palabra mágica”. Craso error, la educación es un proceso de interacción humana y su sentido es la construcción permanente e integral de los seres humanos.

Ya los maestros hindúes sostenían que el niño no es una tabula rasa, porque ya posee experiencias; Sócrates decía que lo fundamental era hacer hombres de bien y la clave, buscar la verdad (método heurístico: ironía y mayéutica); Séneca argumentaba “para qué saber dividir un campo si no lo sabíamos compartir”; Montaigne opinaba que más valía una cabeza bien hecha antes que bien llena; Comenio, en Didáctica magna, que en la educación intervienen familia, escuela, sociedad y realidad natural, entonces ¿por qué en lugar de libros muertos no abrimos el libro vivo de la naturaleza?; Paulo Freyre, en Pedagogía del oprimido, sostenía que el conocimiento y el desarrollo de las habilidades cognitivas tenían sentido si permitía transformar la realidad hacia formas superiores de vida material y espiritual; y Emilio Barrantes, en Escuela humana, nos invocaba a amar aquello a lo que nos dedicamos y de lo que formamos parte.

Actualmente, con las nuevas tecnologías de información y su avance vertiginoso (internet, aplicativos, Chat GPT, entre otros), el perfil del maestro cambia sustancialmente: de erudito a estratega. Hoy, las fuentes de información están en todos lados, en las redes, al momento y con nuevas informaciones permanentemente. Lo importante es, entonces, qué hacemos con esas informaciones. Hoy tenemos claro que información no es conocimiento. El conocimiento es la información procesada y, para ello, se requiere un maestro que no sea solo buen orador, buen comunicador; no solo que redacte con claridad y sea un buen lector; y no solo estar alfabetizado digitalmente; sino, fundamentalmente, debe ser un humanista e investigador científico que haya desarrollado sus competencias digitales, así como ser un estratega (un problematizador) que suscite conflictos cognitivos contextualizados y de la realidad para buscar soluciones trabajando en equipo y en forma colaborativa.

Ser maestro, por consiguiente, es buscar que los estudiantes descubran sus potencialidades, sus talentos, y puedan desarrollarlas en su toma de decisiones y con dimensión ética. Es promover en ellos la cultura de la evaluación para valorar sus fortalezas y reconocer lo que debe superar para alcanzar aprendizajes significativos y con criticidad considerando las inteligencias múltiples y estilos de aprendizaje. Asimismo, ejercitarlos en la metacognición, ser conscientes de sus procesos de aprendizaje para autorregularse y así ganar autonomía y seguridad que les permita enfrentar los constantes desafíos de nuestro mundo cambiante. Igualmente, desarrollar sus habilidades blandas que, por su carácter interpersonal, son soportes fundamentales de las habilidades duras.

En conclusión, ser maestro es la mejor forma de vivir y de sentir nuestra humanidad y, por consiguiente, es ser conscientes del rol que asumimos como agentes educativos a través de nuestras palabras y acciones, ya sea en aulas, vecindad, centros laborales, es decir, donde estemos; y de nuestra responsabilidad social de hacer docencia todo el tiempo.

Por todo ello, un gran saludo a todos los maestros del Perú, a lo largo y ancho de nuestro territorio nacional.

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