Opinión
Comunicadora social y escritora
Recuerdo, cuando era muy joven, sentía que tenía muchos amigos, iba a reuniones y salía muy frecuentemente, pero a medida que me fui haciendo mayor, se redujo el grupo humano; primero porque me casé y empecé a reunirme con gente casada, luego con personas con hijos, después fue con las madres de los amigos de mis hijos y el grupo de mis amigas de la época del colegio se fue acortando tanto que son muy pocas las que me acompañan hasta ahora. También, en el camino de la vida, he conocido personas que se volvieron mis hermanas y las quiero como tales. Mujeres que han estado en los momentos más complicados de mi vida dándome su mano para que no me sienta sola, diciéndome las cosas que no quiero escuchar y celebrando conmigo logros y victorias. Son justamente esas hermanas de la vida a quienes celebro y agradezco hoy.
En ese orden, creo que la amistad es una relación que debe alimentarse en el tiempo, pero también, como decía Borges, “la amistad no necesita frecuencia. El amor sí. Pero la amistad, y sobre todo la amistad de hermanos, no. Puede prescindir de la frecuencia o de la frecuentación” y es maravilloso sentir que pueden pasar muchos días o meses, pero de repente hablamos con nuestra amiga y es como si todo ese tiempo hubiera sido un breve paréntesis y las cosas siempre están igual, el cariño se mantiene intacto. Evidentemente, lo recomendable es no aislarnos de nuestros amigos ni permitir que pase mucho, especialmente porque es un intercambio de bienestar que trae alegría y paz, para ambas partes. Nos hace bien.
Por consiguiente, es necesario darnos tiempo para charlar, visitar y encontrarnos con la gente que queremos. Las personas necesitamos un espacio donde podamos relajarnos, abandonar los escudos y máscaras con las que lidiamos contra el mundo exterior para poder desahogarnos y reírnos hasta las lágrimas de ser necesario, volver a ser nosotros y esos momentos, usualmente se desarrollan entre amigos. Corolario, no permitamos que la vorágine del mundo nos atrape y aleje de las personas que nos conocieron sin títulos, cargos ni números variados en la cuenta y nos quieren con nuestros defectos y malas costumbres. Tengamos siempre cerca a quienes nos hablan con buena intención y desean lo mejor para nosotros como dice Alfredo Bryce Echenique: “Mi patria son los amigos”.
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