Central
Periodista
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“Aunque uno no quisiera, la música te absorbía”, señala al evocar esa parte de su infancia.
Recuerda con nostalgia que su abuelo fabricaba carteras y su abuela hacía detentes bordados, elementos infaltables en cada procesión. Gino disfrutaba ayudarlos a crear y así comenzó a desarrollar lo que él llama su “vena artística”.
Un día, su madre trajo a su casa un cajón para amenizar las jaranas familiares. Fue su primer acercamiento con un instrumento musical, fue un flechazo. No tardó mucho en aprender a tocarlo.
La música criolla nunca más salió de su vida, y afianzó esa pasión cuando vivió en los distritos de La Victoria y Jesús María.
“Los distritos en los que crecí me llenaron de gran influencia y me pusieron frente a grandes referentes de la música criolla”, agrega.
Música y psicología
Llegó la vida universitaria y la Universidad Federico Villareal fue su alma mater en la carrera de psicología. Como era previsible, formó parte de la peña de su facultad, siempre buscaba estar vinculado con la música. Así conoció a Edilberto Ardiles, con quien fundó Armonía Criolla a los 19 años.
Esta vida musical la llevó de la mano con sus estudios. De esta forma, mientras laboraba como psicólogo en el Hospital de la Policía, hacía presentaciones en el restaurante Sachún, con Armonía Criolla y otros grupos como Perú Negro, Tito Frías, y Eva Ayllón, entre otros consagrados artistas.
“La música me sirvió como un balance a ese tipo de trabajo mentalmente retador, mi tarea en el hospital era rehabilitar a los policías que se enfrentaban al terrorismo de aquella época”, dice.
Con Armonía Criolla fue parte de una delegación artística folclórica junto con el Ballet Así es Mi Perú, en los Juegos Olímpicos de 1988.
Posteriormente, tuvo la oportunidad de trabajar en Bolivia, y en esos cuatro meses fuera del país se refugió en el cajón. A su regreso, se convenció de buscar nuevas oportunidades en Estados Unidos.
Cajón peruano
Desde que llegó a Los Ángeles, se dedicó a la difusión de la música peruana, pero también ejerció por 15 años como trabajador social en la institución Nuevo Amanecer Latino, donde atendió a niños víctimas de abusos.
En la actualidad, Gino es miembro del grupo Sajama, Inka y The Afro Peruvian Jazz Orchestra. Fundó el grupo Contrapunto. Es un maestro de la percusión en todos los niveles y se ha centrado especialmente en la enseñanza y fabricación del cajón peruano.
Del mismo modo, ha organizado eventos internacionales del cajón desde el 2001 y todos los domingos brinda clases de instrumentos de percusión peruanos, tales como el cajón, bongó, castañuelas, entre otros.
Además de ser músico y gestor cultural, es luthier y desde Estados Unidos ha trabajado en la reconstrucción de seis cajones de la Guardia Vieja, logrando recrear ese instrumento musical de Francisco Monserrate, Germán Arciniega, Julio Benites, Elías Ascuez, el Grupo de Cinco Esquinas, que dirigió Francisco Ballesteros Nole y, finalmente, el modelo de tamborete usado por Zózimo García.
Estos objetos sonoros fueron donados, fruto de varios años de trabajo, al Museo Afroperuano ubicado en Zaña, región Lambayeque.
“Crear cajones es una experiencia única e indescriptible, puedes imaginarte la forma, pero no el sonido. Nunca vas a saber cómo suena hasta que termina, el proceso de construcción es extraordinario. Se trata de reproducir y hacerlo lo más fiel posible por medio de las imágenes y los relatos de la gente”, refiere al explicar el inmenso significado que tiene este trabajo para él.
A sus 61 años se siente con más energía que nunca; desde hace un tiempo se dedica únicamente a la promoción de la música afroperuana en Los Ángeles y a la reparación de cajones, dos de sus grandes pasiones.
Sonríe satisfecho del camino avanzado y concluye esta entrevista con el siguiente mensaje: “Abraza lo nuestro, mientras más auténtico seas, más te vas a diferenciar. Identifícate con lo tuyo, por ahí está el camino. Disfruta de tu arte, haz lo que te gusta y los resultados serán satisfactorios”.