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  • de abril de 2026

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FOTOGRAFIA

Wanakauri, santuario del Cusco

Nuevas investigaciones rebelan que este espacio cusqueño fue un centro ceremonial y astronómico.

Se ubica al suroeste de la moderna ciudad del Cusco, a 4,089 metros sobre el nivel del mar. Cuenta con dos monumentos arqueológicos “La Chakana” (estructura escalonada) y “Wanakauri”, una a cada lado del pico, bordeados de pajonales, bosques de piedras y ojos de agua, en el límite de los distritos de San Jerónimo y San Sebastián (provincia del Cusco) y Yaurisque (Paruro).

Labor de campo

Desde el 2019 aquí trabajan un arqueólogo y un antropólogo para profundizar una hipótesis: que el Wanakauri preservó silente, entre sus espacios ceremoniales, el centro astronómico conectado con el Apu Pachactusan (“el que sostiene el mundo”), ubicado al otro lado de la ciudad, al este, entre las provincias de Cusco, Calca y Quispicanchi.

El arqueólogo Miguel Sánchez Cuba confirma a El Peruano la existencia de una plataforma, de 11 metros de largo por 2.4 metros de ancho, en la parte inferior de La Chakana, a la que se accede por una escalinata y un vano, desde donde se observarían los solsticios de invierno y verano y los equinoccios de primavera y otoño, que valieron a los incas en la elaboración del calendario agrícola-ritual y en la estructuración de sus actividades.

“Probablemente, ellos [los incas] observaron y relacionaron este evento astronómico con el solsticio de invierno, el cual tiene mucha relación con la ceremonia del Inti Raymi [la fiesta del Sol]. Esta fecha es importante al ser considerada como el inicio del año nuevo andino”, recordó. Los registros fotográficos hacen referencia al 21 de junio del 2022.

Las investigaciones de Sánchez Cuba cobran fuerza, debido a que La Chakana también encierra un afloramiento rocoso -“la cordillera del Pachatusan en miniatura”-, a la que se accede por otra escalinata y vano. Ello reafirma que La Chakana tiene una relación profunda con la cosmovisión andina. Estos espacios, explica el investigador, son muy importantes y están separados dentro de la función astronómica.

Espacio de rituales

El símbolo milenario también guarda relación con la agricultura, cuya premisa llevó al especialista a efectuar excavaciones en un área de 19 por 16 metros cuadrados, delante de la plataforma astronómica, donde se halló 500 gramos de maíz y mazorcas carbonizadas que fueron sometidos a análisis en el laboratorio Físico-Químico del Ministerio de Cultura, en el Cusco.

“Se trata de dos tipos de maíz ‘confite morocho’ y ‘pisqo runtu’ que por ser pequeños eran utilizados para rituales. También hemos encontrado fragmentos de cerámica inca, como una vasija pequeña que por su tamaño se sabe que eran para rituales”, subraya. Uno de los rituales fue el “Aymoray Raymi” en el que celebraban (en mayo) la primera cosecha del maíz.

Hablan los cronistas

Sobre Wanakauri y la fundación de Cusco dan aproximaciones cronistas como Pedro Cieza de León, Juan de Betanzos, Pedro Sarmiento de Gamboa, Inca Garcilaso de la Vega, Felipe Guamán Poma de Ayala, Juan Santa Cruz Pachacuti Yamki Salqamaywa, Martín de Murúa, Bernabé Cobo y otros.

Por ejemplo, Cieza de León refiere que este apu fue una “huaca primigenia y gran oráculo de los incas”; un espacio de adoración, donde según otros cronistas quedó petrificado Ayar Uchu o Ayar Kachi para la relación de la humanidad con el dios Sol.

Precisan que hubo un ídolo en la cima que gozaba de servidores, bienes y obsequios e incluso “se le ofrecían también, regularmente, seres humanos que eran sacrificados en el transcurso de solemnes ceremonias y luego sepultados alrededor del ídolo del dios”, cita Marco Curatola Petrochi en su libro El inka y la huaca.

Luego de llegar a Wanakauri, los Hermanos Ayar descendieron a Matawa, un asentamiento prehispánico ubicado en la parte inferior del apu, donde según Bernabé Cobo nació el inca Sinchi Roka, sucesor de Manqo Ccapaq, a quien, en ceremonias con cantos y música, regalos en oro y plata reconocieron como el “nieto del dios Sol”.

En el desplazamiento de Manco Qhapaq, Juan de Betanzos narra el enfrentamiento con los “alkavizas” (quienes ocupaban el valle del Cusco), la alianza con estos y la construcción del Inti Kancha o Wanaypata (ahora Qoricancha o templo del Sol). Su sucesor, Sinchi Roca, se casó con Mama Koka y tuvo a su hijo, Lloq’e Yupanki, el tercer inca.

Al llegar los españoles a Cusco, mostraron su impresión por la arquitectura del Qoricancha. Miguel de Estete, secretario de Francisco Pizarro, documentó en 1535, en “Noticias del Perú”, que el templo del Sol es el recinto más importante construido en piedra fina y dura, de connotación religiosa y política.

Blas Valera, en 1594, en “Las Costumbres Antiguas de los Naturales del Perú y la Historia de los Incas, Siglo XVI” destaca la decoración y los cambios hechos por el inca Pachakuteq en el Qoricancha: albergaba ídolos de oro y plata de dioses locales y del Tahuantinsuyo; la existencia de un altar con un orificio -una especie de disco de oro con sus rayos-; tanto este altar como las paredes eran chapas de oro fino. Ahí fue coronado Pachakuteq.

El Warachikuy

Por su parte, el antropólogo Milthon Maque Ramos sostiene que el Qoricancha y Wanakauri fueron dos santuarios importantes, por la conexión que mantenían a través del Camino Ritual Inca, considerado el principal medio prehispánico que conectó a las dos wakas, imperativo para el ritual del Warachikuy en el Qapaq Raymi. Época en el que los adolescentes de la élite inca cumplían con el peregrinaje de 13 kilómetros, como parte de su iniciación y paso a la adultez.

El Warachikuy tuvo dos momentos durante el Qhapaq Raymi o Qhapaq Inti Raymi: una de preparación y otra de celebración, que se desarrollaba cada diciembre, momento cuando, según el antropólogo Steve Kosiva, se realizarían “sacrificios al sol con mucho oro, plata y vajillas. También se realizaba el Qhapaq Qocha con sacrificio de niñas y niños y camélidos. Hacían grandes fiestas, comían y bebían por el sol en la plaza pública de Cusco y todo el reino”.

Bollos de maíz

A fines del siglo XVI, el sacerdote Martín de Murúa sostuvo que durante el Warachikuy, los extranjeros eran invitados a desocupar Cusco, los adolescentes ingresaban al Qoricancha y recibían bollos de maíz con sangre de animal sacrificado, con el propósito de sellar la unidad y amistad con el soberano durante el Qhapaq Raymi.

Otro cronista, Juan Polo de Ondegardo, describió que los adolescentes se ponían “waras” (suerte de calzoncillos) y se horadaban las orejas; los adultos los azotaban con hondas, sus rostros eran pintados con la sangre de los camélidos en señal de lealtad al inca. Al finalizar el Warachikuy, la gente podía ingresar a comer los bollos de maíz hecho con sangre del animal sacrificado.

Mientras el Inca Garcilaso de la Vega narra la importancia del ayuno, por no más de tres días, al ser una prueba de valor o de sed, con los adolescentes ayunaban sus padres y familiares rogando al dios Sol les dé fuerzas en el Warachikuy y sean aprobados para que no sean echados.

Maque Ramos, con base en El calendario metropolitano del estado Inca, del arqueólogo Mariusz Ziolkowski, destaca que los raymis o festividades eran muy detallados: “dan cuenta sobre los cuatro puntos del transcurso del Warachikuy y sus pasos por el Wanakauri, Anarwerke (al oeste de Wanakauri), Yawira (que sería el cerro Picchu o Mama Simona) y Kalispukio (al norte de Sacsayhuaman) especie de reservorio de agua, lugar donde se bañaban y purificaban y se les daba las Waras”.

Con esas distinciones, en medio de cantos y bailes de “Wari y Qoyo”, los adolescentes ingresaban a la sociedad de mayores “ya no eran herqu’es (niños). Se convertían en runas (hombres), con solvencia moral”, explica. El Warachikuy era el raymi que detenía la actividades de la ciudad, el Inca asistía a la ceremonia y cerraba el ciclo ritual.

En la actualidad, el Warachikuy lo escenifican estudiantes del Colegio Ciencias cada tercer domingo de setiembre, en el parque arqueológico de Sacsayhuaman. Este año se espera que tenga la connotación del Inti Raymi, ya que se instalarán butacas para turistas, que dotará la Empresa Municipal de Festejos de Cusco (Emufec). (Texto y fotos: Percy Hurtado Medina)

Dato

1,500 actores, entre docentes, alumnos y padres de familia, participarán en el Warachikuy.