• MIÉRCOLES 13
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Historias: Corazón y profesionalismo por el deporte peruano


Editor
José Antonio Vadillo Vila

Periodista

jvadillo@editoraperu.com.pe


Voleibolistas, atletas diversos, incluso futbolistas –de los de antes, claro está–, pueden dar fe de las manos milagrosas de Elizabeth Sánchez. ¡Que lo digan si no Natalia Málaga, Rosa García o Cecilia Tait! ¡O futbolistas como Uribe, Cueto, La Rosa, Navarro o Barbadillo!

Desde abril de 1982 hasta el mes pasado, la licenciada en Terapia Física y Rehabilitación Elizabeth Sánchez trabajó en el Instituto Peruano del Deporte (IPD).

En sus años al servicio del deporte nacional hizo un credo de la prevención, rehabilitación, recuperación y readaptación al deporte.

Han sido los años recientes cuando la palabra “prevención” se internacionalizó en el lenguaje de los fisicoterapeutas deportivos peruanos. Antes, solo se dedicaban a rehabilitar y recuperar a los deportistas. Lo dice la licenciada Sánchez, quien para más señas fue la primera fisioterapeuta deportiva del IPD. Apunte.

“Durante 41 años he trabajado con gente joven, pero lesionada. Ver cómo uno los recupera y que siguen en carrera es un aliciente único como profesional”. Se refiere a lesiones, esguinces, distensiones, contracturas, en fin: todo lo que es recuperable, ella lo conoce. Los deportistas con tiempo más prolongado de recuperación son los que deben operarse de ligamentos, de rodillas, de seis a doce meses, fuera de entrenamientos y competencias. “Seguimos el proceso de recuperación de la lesión, pero debemos tratar de no alargarlo mucho”, explica.

El único caso que no se pudo recuperar fue el de un esgrimista, recuerda con pena, a quien en una práctica un compañero le metió el florete en el ojo. “Pasó por la rehabilitación, pero por esa maniobra fortuita, se retiró del deporte”.

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El área de Rehabilitación del IPD se creó en 1982. Se trató de una iniciativa del doctor Eduardo Schiantarelli. Hasta entonces, el Perú era un país que adolecía de esta área y sus profesionales de maravillosas manos.

Funcionó primero en la Sala de las Américas, en la puerta 4 del Estadio Nacional; luego les dieron un espacio en el Comité Olímpico y más tarde se mudaron al Centro Médico del IPD. Hace más de 10 años, el área se trasladó al Centro de Alto Rendimiento de la Videna, en San Luis.

La licenciada acaba de ingresar a la fila de los cesantes y le da nostalgia volver al lugar donde junto con seis colegas trabajaba religiosamente de lunes a viernes.

“Es una pena inmensa y, a la vez, una alegría el haber estado en este coloso deportivo que ha sido mi vida”, dice la profesional de 70 años, trujillana, soltera y egresada de la Universidad Cayetano Heredia. Observa los elementos que fueron parte de su día a día: camillas, equipos de magneto, láser, ultrasonido, las agujas de acupuntura, los ungüentos de la medicina tradicional… cada cual complementario para que el trabajo salga lo mejor posible y el atleta retome sus labores.

Como un Mario Bros limeño, Pablo Cárdenas conoce de memoria las entrañas del Estadio Nacional. En diciembre de 1974, cuando no existían ni Sencico ni Senati, don Pablo debutaba en las canchas de las gasfitería y plomería del coloso deportivo.

“En un estadio, los problemas se pueden presentar de forma espontánea”, filosofa el técnico sanitario. Suma 48 años 6 meses y una semana trabajando para el deporte nacional. A mucha honra, es el empleado más antiguo del IPD.

Donde usted y yo vemos una cancha y tribunas, don Pablo ve “una industria”, con una gran cantidad de transformadores, motores, electrobombas que necesitan estar en su punto y no fallen durante los eventos.

Cuando llegó, los tubos PBC eran ciencia ficción y el último grito de la moda eran los tubos galvanizados. Si hubiera que hacer un antes y un después en la historia de los servicios del José Díaz, don Pablo pediría reconocer la labor de Arturo Woodman: antes del gran giro que dio en el 2011, “el estadio era un caos”, las inundaciones eran pan de cada día y las ratas miraban los tripletes con los cronistas deportivos. Tito Navarro y Pocho Rospigliosi gritaban: “¡Agua al quinto piso!”, anunciando una nueva filtración.

Aunque se habían cambiado las bombas, las pesadillas del equipo de técnicos se debían a las tuberías de fierro. A los problemas de los baños antiguos se sumaban las barras de Alianza Lima y Universitario, que entraban con drogas y miccionaban donde les daba la gana.

Woodman entregaría un estadio totalmente remodelado, con tuberías de PBC, motores de presión constante. “Nos hizo la vida más fácil a los 25 técnicos que trabajamos en el estadio. Por ello, hoy el Nacional es tan requerido para eventos musicales y deportivos”.

Los técnicos sanitarios del IPD trabajan en los distintos centros deportivos administrados por el Estado. Da una alerta: el coliseo Dibós vive su propio drama de tuberías; si no se arregla pronto, nos pasará la factura, advierte el popular Caballito.

Antes de ponerse la bata blanca y el estetoscopio, el médico Adrián Infante vivía la mayor parte del tiempo en prendas íntimas: fue clavadista profesional.

Antes de ser médico de la Dirección Nacional de Servicios Biomédicos del IPD, donde evalúa y da el aval a deportistas, él también llegaba aquí para ser chequeado y continuar en las competencias internacionales.

Se integró en el 2005 a la Federación Deportiva Peruana de Natación y representó al Perú en campeonatos por toda América y Europa como integrante de la selección de saltos ornamentales o clavados.

Adrián Infante se retiró de los torneos oficiales tras participar en los Juegos Panamericanos Lima 2019. En 14 años de seleccionado sumó 13 títulos nacionales como clavadista y llegó a la final de los Panamericanos al establecer un récord.

Luego terminó sus estudios y se graduó en el 2021. El deporte acuático, cuenta, le dio la perseverancia para lograr las metas: tenía que estudiar en la universidad, pero también continuar con las rutinas diarias que demanda ser un deportista profesional. “Y poco a poco, lo logré”, dice Infante, de 30 años. Ahora se prepara para su siguiente reto: seguir la especialidad de Traumatología, siempre pensando en aportar al deporte nacional.

Datos:

El presidente Fernando Belaunde Terry promulgó el Decreto Legislativo N°135, que creó el Instituto Peruano del Deporte.

Mediante su Programa de Promoción de la Actividad Física para una vida saludable, el IPD ha beneficiado a 207,775 escolares de 19 regiones, entre el 2022 y lo que va del año.

En la última década, más de 6,000 deportistas de alto rendimiento se han beneficiado con las subvenciones económicas del Programa de Apoyo al Deportista (PAD).

El nivel más alto del PAD alcanza los S/ 6,000 de subvención si se obtiene una medalla en Juegos Olímpicos o Paralímpicos.

El programa Rumbo a Santiago 2023 del IPD prepara a los deportistas priorizados que competirán en los próximo Juegos Panamericanos.