Central
“Dicen que es una discusión”, cuenta el presidente de la Hermandad de la Virgen de Natividad, Alberto Huamán Pinto. “Oyen llantos, gritos de perdón y se despiden para pasar al otro mundo”, agrega.
Querida Mamacha
“Los antiguos cuentan que es una asamblea donde las imágenes conversan sobre nuestro Cusco”, se suma Mario Castillo Loayza, cargador de la Virgen de Belén. Resalta que el motivo del diálogo es el comportamiento de los habitantes de la ciudad, su fe en Dios y su futuro.
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Angelino Quispe Curi es un adolescente devoto de la Mamacha Belén. Desde que la imagen le cumplió un milagro a su madre, él investiga el cenáculo santo, sus orígenes, estructura y atribuciones.
“Cuentan que del cielo bajan unos ángeles, traen un libro de actas con lo bueno y malo que hicieron los cusqueños. El Señor de los Temblores (Patrón Jurado de Cusco) preside la reunión y se molesta por los pecados y amenaza con castigos. Los santos se quejan y la Virgen de Belén intercede: ‘Por favor, no lo hagas’”, cuenta Angelino.
Se dice que en esta cita de santos, las más preocupadas y quejosas son las vírgenes por los constantes problemas económicos, y en el 2023, probablemente, fueron los rezagos por el covid-19 las bajas en sus cargadores y hasta la crisis política.
Un santo “enamorador”
La versión sobre la “asamblea” en la catedral se mantiene en la tradición oral cusqueña. El objetivo probablemente sea reflexionar sobre nuestros actos en la comunidad. Otras versiones perduran en la picardía y la fantasía, para mantener ameno ese encuentro religioso-cultural.
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Rodrigo Silva Salazar respeta a San Blas desde los 16 años, cuando comenzó a cargarlo. Escuchó entre risas de antiguos cargadores que su santo intentó “enamorar” a la Virgen de los Remedios tras contemplar su eterna belleza en la Entrada de Corpus, pero no llegó a convencerla por esta razón. “Se encuentran en la plaza Santa Catalina. San Blas se empecina en conquistarla, entonces la Virgen advierte que tiene varios hijos a su alrededor y cree que los deja abandonados”. Ilustremos: el santo tiene a sus pies monaguillos y, por ello, cariñosamente le llaman el Wawasapa, o el que tiene muchos hijos. San Blas, según el joven, sería “enamorador”, pues también quiso conquistar a la Reina de Belén. “La Virgen, una fecha, perdió todas su joyas y San Blas, comedido, fue a recuperarlas, y al lograrlo ella se puso cariñosa. San José, al verlos juntos, se puso muy celoso y en un enfado habría dicho que todos los ‘monaguillos’ son hijos de ambos”, cuenta riendo.
“Coqueteo” en la octava
Después de la semana en la catedral, los 15 santos y vírgenes vuelven a sus capillas. En el camino al distrito de Santiago van San José, la Virgen de Belén y Santiago. Según comenta el religioso franciscano Alberth Bravo Porcel, el Patrón Santiago, guapo y galante, intenta conquistar a la Reina de Belén, que brilla con sus joyas. “San José no se da cuenta, y en el camino la Virgen se sonroja sin ceder al cortejo”. Este plan de enamoramiento se complementa con la versión de Angelino, quien jura que el Niño Jesús que lleva el “atento” San José se antoja de las frutas de la selva que llegan para el Corpus.
“El Niño quiere caña de azúcar o un juguetito. Algunas veces se lo compra, pero en otras le dice: ‘Tu mamá tiene la plata, yo no’”. Angelino agrega que San José es un santo celoso: al notar ese flirteo con Santiago, “espera a la Virgen a un costado de la catedral [en la Entrada de Corpus] hasta que ella entre y el recién va al último”.
Cristoco presente
Algunas de estas historias ya se han perdido, pero hay una que cuenta don Aurelio Quispe Cusihuamán, quien carga al patrón San Cristóbal desde hace casi 50 años. Él siempre ha oído el relato entre su santo y Santa Ana.
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“Mis abuelos contaban que Santa Ana invitó a su picantería al joven Cristoco. Al llegar al barrio de Santa Ana, la empleada le dijo que Anita se fue al mercado a comprar víveres para el picante de la tarde. Cristoco vio dónde estaba el raqui (gran recipiente para el fermento de la chicha) y se tomó toda la chicha, lanzando una moneda al recipiente donde juntaban el dinero de la venta”. San Cristóbal tendría la fama de chichero, de ir constantemente al barrio de Qarmenqa o Santa Ana por la fama de la mejor chicha del Cusco.
Poderoso patrón
Del Poderoso Patrón San Cristóbal hay muchas versiones. Marco Antonio Carrión Meléndez, también cargador, relata que la inmensa imagen fue hecha con las uñas y dientes de Paullo Inca. “Cuando baja San Cristóbal, el Cusco tiembla”, jura. Porque el fornido santo carga al Niño, y el Niño, al mundo. El peso también se debe a los sendos pecados de sus cargadores.
Una historia ocurrió en el 2022, durante la última Entrada de Corpus, cuando Cristoco se desplazaba por la calle Siete Cuartones y “dañó” autos negligentemente estacionados. Los cargadores apenas pudieron soportar al santo y a su paso magullaron los vehículos. Algunos juraban que “Cristoco se tomó mucha chicha de Anita”.
Como estas versiones, hay muchas otras. Por ejemplo, dicen que la “doncella” Santa Bárbara sería hija de Santa Ana por la larga espera en la Entrada de Corpus; la misma santa, abuela de la Virgen María, en otra escena, es humillada por la “vanidosa” Reina de Belén, a quien orgullosamente responde: “Seré pobre, pero honrada”.
Tarea pendiente
Gonzalo Carbaja Tohalino, bachiller en Antropología, afirma que no hay un estudio sistematizado de estos relatos; sin embargo, perduran a través de los siglos. “Hay una especie de fascinación por los relatos ocultos que pueden describir algo de nuestro origen”, señala al considerar que culturas americanas y sudamericanas pasaron por procesos de conquista.
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En un breve estudio que realizó sobre el Corpus Christi destaca aspectos ampliamente tratados por Tom Ziudema, Carolyn Dean y otros autores. El primero señala que fue una de las ceremonias dedicadas al sol (solsticio de invierno), el Inti Raymi, iniciada por el inca Pachacútec (1438 y 1471). A él se debió la reforma religiosa que hizo del Qoricancha, el lugar de mayor sacralidad en el Cusco.
La historiadora María Rostworowski afirmaba que las momias de los antiguos soberanos se conservaban en el templo y eran llevadas a la plaza para las grandes ceremonias. El segundo rito, celebrado en dicha época, se refiere a aquellas momias o mallquis que eran sacadas en andas por una avenida al este del Cusco, conmemorando la mítica entrada de Mama Huaco en la ciudad. Luego, los evangelizadores habrían reemplazado a las momias, pero Zuidema concluye que “en el Cusco colonial, el Corpus no reemplaza los antiguos ritos de Inti Raymi, sino más bien los que siguen la cosecha [Hatun cuzqui] en el mes de Aymuray [mayo]”.
El Corpus Christi cusqueño mantendrá su tradicional oral como fuente de investigación; por el momento subsiste como tal, no obstante, cada vez cobra más interés.
Dato
15 santos y vírgenes participan en las celebraciones del Corpus Christi.
(Texto y fotos: Percy Hurtado)