Editorial
La forma en que tratamos a los niños está íntimamente relacionada con el futuro de un país. Solo tendremos un Perú próspero y desarrollado si invertimos más en educación y lo defendemos de la amenaza de la explotación.
Entre las causas más comunes se encuentra la pobreza, cuando los padres envían a sus hijos a trabajar por carencias económicas. La imposibilidad de recibir una educación formal es otra de las razones. La inexistencia de oportunidades de ir a una escuela acelera la decisión de ingresar a los menores a la vida laboral sin mayor preparación.
Pero también hay una tolerancia a la explotación. La población es permisiva y considera que el trabajo es esencial para la socialización del niño y el desarrollo de su personalidad.
Aparte de poner en riesgo la integridad física, la salud física y emocional del infante por largas y tediosas labores, le impide optar por la educación. Al final, cuando llegue a la edad adulta, no tendrá las competencias necesarias para adaptarse al moderno mercado laboral.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Hogares sobre Condiciones de Vida y Pobreza (Enaho), del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), el 25.3% de los niños y adolescentes de entre 5 y 17 años se dedican al trabajo. El 70.5% se concentra en el sector primario de la economía, sobre todo en la agricultura familiar. Las regiones más afectadas son Cusco, Puno y Apurímac.
El Estado peruano combate el trabajo infantil por medio de sus instituciones competentes y con la moderna legislación nacional e internacional. La Superintendencia Nacional de Fiscalización Laboral (Sunafil), desde el 2022 hasta la fecha, ha efectuado 1,275 inspecciones de trabajo infantil; en el último año y cinco meses se emitieron 56 resoluciones de multa por 25 millones de soles.
Pero las instituciones del Estado también requieren que la población se involucre en la lucha contra este flagelo. Por eso, se han establecido tres vías con las cuales se puede denunciar estos casos en nuestra sociedad. La primera de ellas es la aplicación ‘SOS Alerta contra el Trabajo Infantil y el Trabajo Forzoso’, a la que se puede acceder mediante la página web de la Sunafil, en la cual se puede poner la denuncia en forma anónima.
La segunda y tercera opción para denunciar estos casos es concurrir a las defensorías municipales especializadas (Demuna) o a las unidades de protección especial (UPE) que dependen de la Dirección General de Niñas, Niños y Adolescentes (DGNNA), instancias adscritas al Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (Mimp).
Todos los peruanos que deseamos ver un país con un mejor futuro debemos ayudar en la cruzada del combate contra la explotación de nuestros niños.
La forma en que tratamos a los niños está íntimamente relacionada con el futuro de un país. Solo tendremos un Perú próspero y desarrollado si invertimos más en educación y lo defendemos de la amenaza de la explotación.