• JUEVES 30
  • de abril de 2026

Opinión

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A cien años de Huancho Lima

El 1° de junio de 1923 quedó fundado el pueblo Las Nieves de Huancho, libre del centralismo, pero...


Editor
Leoncio Sejje Mamani

Profesor. Presidente del Comité Central del Centenario de la Rebelión de Huancho Lima


En uno de sus innumerables viajes a Lima, una comisión de dirigentes de Huancho y de los ayllus de la provincia de Huancané logró entrevistarse con el presidente Augusto B. Leguía y exponer sus reclamaciones en contra de los gamonales y autoridades de la provincia. Peticionaron al presidente de la República la creación de escuelas rurales y la autorización para fundar un pueblo indígena en Huancho, libre de la influencia de los gamonales y autoridades, pues estas eran un receptáculo de criollos y mestizos donde se fraguaba una serie de acciones maliciosas para diezmar a las poblaciones indígenas. Leguía les habría autorizado fundar un pueblo indígena. En señal de su orden expresa, en una esquina de un estandarte nacional, estampó un sello de la Presidencia de la República y rubricó su firma, indicándoles que llevaran consigo esta ‘autorización’, además les entregó una copia de los planos de la ciudad de Lima.

En Huancho organizaron inmediatamente la ansiada fundación. Trazaron las calles, la plaza y los espacios para los locales públicos y comerciales. La nomenclatura de las calles y plazas llevaron nombres de héroes indígenas y referencias a los pueblos ancestrales. La plaza principal se denominó plaza Manco Cápac, las avenidas contiguas a la plaza se denominaron Juan Bustamante y Túpac Amaru, calle Tiyawanaku, Calle Los Amautas, etcétera. Acudieron multitudes de indígenas de toda la provincia y, bajo la conducción de sus dirigentes, decidieron declarar a la Ciudad de las Nieves como la “Capital de la República Tawantinsuyana del Perú”, aclamaron como su presidente a Carlos Condorena Yujra y se declararon libres del centralismo y la dependencia de las ciudades criollas, que estaban gobernadas por los herederos de la colonia española. Así quedó fundado el 1° de junio de 1923 el pueblo Las Nieves de Huancho, tal como certifica un documento suscrito por el líder de entonces, Antonio F. Luque.

En los días posteriores construyeron los diferentes locales públicos y locales comerciales, y establecieron el funcionamiento de días de feria para el intercambio comercial. En poco tiempo la flamante ciudad se hizo realidad, cobró vida y se proyectaba a seguir creciendo.

Esto generó la ira de los “mistis” de Huancané, quienes iniciaron la persecución de sus dirigentes, denunciándolos por organizar supuestos actos de sublevación y saqueos en contra de los “vecinos honorables” de Huancané. Con esos argumentos falaces cometieron una serie de crímenes, violaciones y usurpaciones de tierras comunales, así lograron que el presidente Leguía autorizara la presencia del Ejército para sofocar el “levantamiento indígena”.

A inicios de diciembre de 1923, un contingente del Batallón de Infantería Motorizado ( BIM 15 de Puno), armado hasta los dientes, al mando del mayor Vinatea, desembarcó en el muelle de Vilquechico, iniciando una feroz matanza de aimaras en las estancias de las provincias de Huancané y Moho. Otro contingente procedente de Cusco, al mando del teniente Barriga, llegó para reforzar la ofensiva. El 16 de diciembre de 1923, la naciente Ciudad de las Nieves de Huancho Lima fue tomada por asalto por las fuerzas combinadas del Ejército, la gendarmería y los propios vecinos de Huancané organizados en milicias urbanas. Varios dirigentes, como Evaristo Corimayhua, fueron fusilados en la plaza principal y en sus inmediaciones. La capital de la República Tawantinsuyana del Perú fue saqueada e incendiada por completo, algunos dirigentes que pudieron esquivar el asalto fueron perseguidos y apresados en los siguientes días, purgando prisión en las cárceles públicas de Huancané y Puno; algunos, como Mariano Luque Corimayhua, corrieron la peor suerte, fueron sacados de la cárcel pública de Huancané a medianoche para ser fusilados y enterrados en fosas comunes o fondeados al río Huancané.

Cien años después, Huancho Lima sigue esperando justicia.

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