Opinión
Periodista
fgutierrez@editoraperu.com.pe
El título delimita el terreno por explorar: uno de los menos considerados en la cada vez más numerosa bibliografía sobre el rock peruano. Temporalmente se centra en el período comprendido entre 1990 y 2010, a diferencia de otros trabajos, enfocados en el pasado más remoto (‘Demoler’, de Carlos Torres Rotondo) o en las escenas contestatarias de los años 80 (‘Se acabó el show’, del mismo autor; ‘Los sumergidos pasos del amor’ de Daniel F; ‘Desborde subterráneo’, de Fabiola Bazo; “Pank y revolución’, de Shane Greene, y ‘Espíritu del Metal’, de José Ignacio López Ramírez y Pino Risica).
Pero, a diferencia de estos trabajos, aquí casi no hay líderes ‘alternativos’ y menos rockstars. Se trata de colectivos y algunas individualidades que optaron por moverse en los márgenes, siguiendo géneros y corrientes musicales no aptas para formatos y rankings radiofónicos. Muchos de ellos privilegiaron el mensaje antes que lo sonoro, y otros usaron lo musical como complemento para el activismo anarquista.
¿Qué queda de todo ello? Más que logros o conquistas sociales, muchas vivencias y un encendido idealismo. Como dice el poema de Victoria Guerrero, ya nadie incendia el mundo. Ni siquiera estos jóvenes rebeldes; pero su ejemplo de autogestión e integridad enciende permanentemente pequeñas antorchas. Estas continúan siendo pasadas de generación a generación; de manera minoritaria, sin duda, pero con un sentido de la ética y un respeto a la coherencia que ya quisiéramos percibir en otros círculos sociales, políticos y culturales.
La historia, la música y el pensamiento de estos jóvenes sin edad son recogidos casi documentalmente en las páginas de Saldando cuentas pendientes, apelando a testimonios directos y a los escritos aparecidos en la prensa musical alternativa del período abordado. Villanueva configura así un panorama bastante fiel a lo que ocurrió en los tiempos en los que grupos como Autonomía, Generación Perdida, PTK o Perú No Existe empezaban a levantar la voz y la cabeza, expresando un descontento graficado en la crítica, el rechazo o el nihilismo. Por cierto, algunas de esas bandas continúan existiendo y visitando países en los que sus esfuerzos son mejor apreciados que aquí.
La oportunidad de conocer más de ellas y de este período de la historia juvenil peruana está dada. El libro primero fue presentado el viernes en la Casa de la Literatura Peruana, pero volverá a exponerse el 3 de junio en el centro social Manuel González Prada.
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