• MARTES 28
  • de abril de 2026

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Día del Trabajo: la admirable labor de un médico que trabaja sanando pequeños corazones

El cirujano cardiovascular pediátrico Alfredo Hernández Grau lleva más de 40 años de ininterrumpida labor y es un referente médico en el INSN San Borja.

A pesar de haber cumplido su tiempo de servicio ha decidido que aún no es momento de jubilarse y quiere seguir trabajando hasta que sienta que ya no es capaz de seguir ayudando. 

Operar es su pasión, le aburren los trámites documentarios y todo lo que significa burocracia, por lo que prefiere pasar horas en sala de operaciones o visitando a sus pequeños pacientes, antes que participar de alguna reunión o actividades de coordinación. 

En los primeros años de funcionamiento del Instituto Nacional de Salud del Niño San Borja, donde actualmente labora, fue jefe del Servicio de Cardiovascular conformando un gran equipo de cirujanos. Este médico chalaco creció en una familia modesta y trabajadora, que si bien no tenía nada que ver con la medicina, forjaron en él valores de responsabilidad, cualidad que lo acompañó en todos estos años de actividad laboral. 


Su vocación por la medicina nació desde niño cuando en medio de su curiosidad, a eso de los 12 años, buscaba cualquier tipo de herramienta para abrir la cabeza del pollo o gallina que compraban en casa para la preparación de las comidas. 

Inicialmente cuando comenzó sus estudios de medicina en la Universidad Cayetano Heredia se inclinaba por la neurocirugía, pero fue en su época de residente, que la hizo en el Hospital Guillermo Almenara de EsSalud, que se decidió por cardiovascular. Esto, sobre todo, después de quedar impresionado en una clase magistral que dio Duberly Mazuelos, un cirujano cardiovascular peruano radicado en Estados Unidos, que vino para dar un curso de esta especialidad en el Hospital. 

La decisión de trabajar con niños fue por la capacidad que tenía para congeniar con los niños. "Eso hizo que me decidiera por especializarme en atención pediátrica", recuerda. 

Pero antes de ejercer su profesión en la atención de niños, que es lo que más disfruta, el doctor Hernández laboró durante ocho años atendiendo adultos de La Marina y la Fuerza Aérea. Incluso, hizo su Secigra -Servicio Civil de Graduandos- durante un año en la Isla San Lorenzo, haciendo exámenes clínicos a los captados por las levas para el servicio militar obligatorio y detectar si tenían algún problema de salud. 

Fue en esta etapa que se asimiló a la Escuela Naval para estudiar la especialidad de Cirugía de Tórax Cardiovascular, al ver que había pocos especialistas. 

Protagonista de la historia de la cardiocirugía en el Perú 

En 1991 Hernández ingresó al Instituto Nacional de Salud del Niño, un establecimiento del Ministerio de Salud ubicado en el distrito de Breña, donde trabajó hasta el año 2013, siendo promotor y partícipe de grandes avances en el desarrollo de la cardiocirugía en el Perú. 

“En los años 90 la edad promedio de niños operados de cardiopatías era 9 años, aquí en el INSN San Borja son 9 meses, hemos logrado un salto cualitativo, antes muchos niños ni llegaban y se morían”, afirma. 

Señala que en esa época era muy difícil hacer cirugía cardiovascular en el Perú por falta de recursos y ni siquiera contaban con una Unidad de Cuidados Intensivos Cardiovascular propia, algo que se pudo concretar en el año 2000 gracias al equipo que, en ese entonces, conformaba el servicio de Cardiovascular del ExHospital del Niño. 

“Logramos abrir la UCI Cardiovascular en la otra ala del INSN Breña, con 4 camitas de intensivo y 2 de intermedio. Ahí cambió la historia, ese fue el primer aporte para avanzar y operar cirugías más complejas”, dice, tras recordar el drama que pasaban al tener pacientes esperando una cirugía que no podían operar por falta de camas en UCI.  


Esa vocación, tenacidad y compromiso de servicio con la salud de los niños, hizo que en enero de 1999 participe en la primera operación de transposición de grandes vasos junto al Dr. William Novick, que vino al Perú por una misión extranjera. Meses después, en abril, el doctor Hernández realizó una segunda intervención de este caso con un equipo del Instituto, siendo en ese entonces la cirugía más compleja que se hacía en el país en lo que es cardiovascular, más aún, en un paciente pediátrico.  

Un nuevo reto en el INSN SB 

Siendo reconocido por estos méritos y su incansable labor para avanzar en la atención de los pacientes con cardiopatías congénitas, Hernández Grau, junto a su compañera y amiga, la Dra. Eneida Melgar, fueron destacados al Instituto Nacional de Salud del Niño San Borja, en ese entonces recién inaugurado, para implementar el área de Cardiología y Cirugía Cardiovascular. 

Así fue como llegó a este Instituto en abril de 2013 “a desmontar cajas e implementar lo que faltaba” y realizaron la primera operación en noviembre de ese año. A partir de ese momento se hicieron cirugías cada vez más complejas, ahora incluso en recién nacidos, y con menor tasa de mortalidad. 

“En 2013 terminamos operando 7 casos, luego fuimos aumentando a cerca de 100, luego más de 200 y en el 2019 superamos las 400 intervenciones, cifra que luego de la pandemia estamos logrando recuperar”, señala el cirujano.
 
Afirma que lo que más resalta de su trabajo en el INSN San Borja es haber logrado formar un staff de jóvenes médicos en el área de cardiovascular que aseguran el futuro del Instituto. "Tengo la satisfacción de que quienes quedan superarán lo que ya hemos logrado operando cardiopatías más complejas".
  
Pese a ser uno de esos médicos que rara vez vemos en las fotos o actividades de los servicios, es uno de los más queridos por sus compañeros y colegas de promoción por su trato y por estar siempre presto a colaborar con los cirujanos, cardiólogos y todo el personal de su eje, dando más de su tiempo cuando se trata de salvar la vida de un pequeño, quedándose en ocasiones hasta de madrugada o viajando a las regiones liderando al equipo en una campaña quirúrgica o evaluación de casos. 


Su trabajo como filosofía de vida 

Alfredo Hernández ha recibido varios reconocimientos por su labor y aporte en el avance y logros que ha tenido la Sub Unidad de Cardiología y Cirugía Cardiovascular del INSN San Borja y en la formación de nuevos médicos del Eje, sin embargo no se conforma y uno de sus sueños es lograr que este Instituto logre operar 1,000 cirugías por mes. 

La mayor satisfacción de este cirujano es ver la sonrisa de un niño cuando se recupera y logra desarrollarse con un corazón sano, además del agradecimiento que  recibe de muchos padres o de los mismos pacientes, a quienes vuelve a ver después de años. 

Para los más jóvenes, el doctor Hernández es un “maestro” que los motiva por sus conocimientos, experiencia, y esa vitalidad que demuestra a pesar de su trayectoria. Para él, “quien ama su trabajo siempre querrá ser  el mejor, sea cual sea la profesión o actividad que realice”. 

Hernández termina esta entrevista con una frase que lo define: "Hace años deje de trabajar, hoy me divierto y encima me pagan".