Editorial
El informe final de la CVR es claro. La responsabilidad del baño de sangre que enlutó al Perú recae principalmente en Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), los grupos terroristas que han pasado a la historia, especialmente el primero de los nombrados, como los más demenciales y sanguinarios de todo el planeta.
Sin embargo, es necesario recordar que la CVR recalca que parte de la violencia fue causada por el propio Estado mediante sus fuerzas de seguridad. Así, está documentado que malos integrantes de los institutos castrenses y la Policía Nacional fueron responsables de graves violaciones a los derechos humanos, cometidos en su gran mayoría contra campesinos pobres y quechuahablantes.
Es imprescindible que esta etapa de nuestra historia sea materia de una honda reflexión, no para generar una polémica estéril e inconducente entre los sectores entrampados en cuestiones semánticas sobre qué términos usar para definir a las dos décadas aciagas, sino para intentar conocer por qué nuestro país fue el teatro de una guerra fratricida y cruenta que sigue erizando la piel de los peruanos pese al tiempo transcurrido.
Creemos que la sociedad peruana requiere más esferas para esa reflexión y justamente uno de ellos es el Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social (LUM), espacio del Ministerio de Cultura que promueve un diálogo crítico sobre el período de violencia, acogiendo las voces de quienes fueron sus protagonistas y sus víctimas, con la finalidad de buscar una convivencia que permita el aprendizaje mutuo.
El LUM no es un recinto en el cual se honre al terrorismo, como algunos sectores ganados por el fanatismo y la irracionalidad afirman. Por el contrario, una de las bases de la reflexión que promueve es la condena hacia toda forma de violencia venga de donde venga. Tampoco es tributario de ninguna ideología, pues su único marco de referencia es la paz y los valores que de ella se derivan.
Lamentablemente, este espacio ha sido cerrado por una decisión administrativa municipal. Aunque el contexto en el que se enmarca tal medida trasluce un acto político de los grupos opositores a su existencia, hacemos votos porque cualquier observación sea levantada lo antes posible y que el LUM vuelva a abrir sus puertas a la población cuanto antes.
El Perú de la actualidad, tan tendiente a la confrontación política, requiere de espacios de reflexión de este tipo.