Editorial
No obstante los esfuerzos por cambiar esta realidad, una respuesta sin duda es que carecemos de una cultura de prevención ante los desastres naturales. En los distintos sectores de la sociedad no tenemos la práctica de identificar los riesgos locales ni elaborar planes de emergencia.
No le damos a este tema la relevancia que tiene. A esto debemos sumar la falta de autoridad, pues se permite la construcción de viviendas en el cauce de ríos o quebradas, sin mencionar las obras no concluidas o mal hechas.
La cultura de la prevención es definida como un “conjunto de valores, principios, conocimientos y actitudes de una sociedad que le permite identificar, prevenir, reducir, prepararse y reaccionar y recuperarse de las emergencias o desastres”, según el Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci). Una de sus características principales es que todos los miembros de la sociedad deben asumir dicho compromiso y no solo se limita a las autoridades.
Somos uno de los países más megadiversos del mundo. Según un Mapa de Clasificación Climática del Perú, nuestro país cuenta con 38 tipos de clima. En su compleja topografía, el 46.4% del país tiene un clima muy lluvioso en la Sierra y Selva, mientras que la Costa es mayormente árida.
Nuestra enorme diversidad de ecosistemas nos permite tener una gran variedad de productos agrícolas y diversidad biológica que constituye una bendición. Pero, al mismo tiempo, estas mismas características nos hacen vulnerables al cambio climático y a los riesgos de los desastres naturales.
El Perú está ubicado en el Cinturón de Fuego del Pacífico, una región con constantes sismos debido a la colisión de las placas de Nasca y la Sudamericana. Al mismo, tiempo, el Fenómeno de El Niño produce dramáticos cambios climáticos en nuestro territorio. Estamos propensos también a tsunamis, la acción de los volcanes, las inundaciones, las heladas, el friaje, las sequías que ocasionan pérdidas de vidas humanas, infraestructura y altos costos económicos.
Según el Ministerio del Ambiente, el 46% de nuestro territorio tiene una vulnerabilidad alta o muy alta. Sin embargo, el 36.2% de la población se encuentra ocupando dicho espacio.
Ante la amenaza de ser víctima de un desastre natural, debemos reconocer y analizar los peligros de nuestro medio ambiente. Por ejemplo, ante la caída de huaicos, la Autoridad Nacional del Agua (ANA) identificó 1,090 centros poblados vulnerables por activación de quebradas en todo el país.
Hoy más que nunca debemos ser conscientes de nuestras vulnerabilidades, que se agudizarán con el cambio climático, y desde todos los niveles de gobierno, el barrio y la familia debemos planificar acciones preventivas con el fin de encarar las amenazas de los desastres naturales.