Opinión
Decano de la Facultad de Educación de la UNMSM
Según la vigesimotercera edición del diccionario de la Real Academia Española (RAE), celebrar significa ensalzar, festejar y elogiar; en cambio, conmemorar es recordar con respeto. Desde esa perspectiva, el 8 de marzo de todos los años se conmemora el Día Internacional de la Mujer, precisamente para recordar, reflexionar y valorar la lucha de la mujer por acceder y defender sus derechos fundamentales como todo ser humano, los cuales, en pleno siglo XXI y en la llamada sociedad del conocimiento, aún presenta serias restricciones.
A escala internacional, en Copenhague (1910) se hizo un homenaje al movimiento en favor de los derechos de la mujer y para ayudar a conseguir el sufragio femenino universal; un año después se celebró el Día de la Mujer en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza con la participación de más de un millón de mujeres y hombres. Ahí se exigió, también, el derecho al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación laboral. Lamentablemente, ese mismo año, en EE. UU., más de 140 trabajadoras murieron en el incendio de la fábrica de camisas Triangle, evidenciándose las terribles condiciones laborales que provocaron esa tragedia. Posteriormente, se consagra el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer en Rusia, pues ante la abdicación del Zar Nicolás II (1917), el gobierno provisional concedió a las mujeres el derecho de voto. Actualmente, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoce y conmemora esa fecha desde 1975, cuyo lema para este año es “Por un mundo digital inclusivo: innovación y tecnología para la igualdad de género”.
En el Perú, se promulga la Ley N.°801 (1908) que permite a las mujeres acceder a la universidad; en 1949, por ley N.°10967, se les permitió hacer el servicio militar; en 1955, ganaron el derecho al sufragio universal; en el 2011, con la modificación del artículo 107 del Código Penal, se tipificó el delito de feminicidio y, el 2017 se incluyó en el Currículo Nacional el enfoque de género, el cual reconoce que los seres humanos somos diferentes biológicamente; pero iguales en derechos y oportunidades.
Actualmente, en nuestro país, la consecuencia lógica por la lucha de la defensa de los derechos fundamentales de la mujer es desarrollar en todas las esferas del quehacer humano y, particularmente, en el campo educativo el enfoque de igualdad de género. Este enfoque reconoce que todas las personas tenemos el mismo potencial para aprender y desarrollarnos plenamente, sin ningún tipo de distinciones discriminatorias entre varones y mujeres, evitando prejuicios y estereotipos (algunos ejemplos: “las mujeres limpian mejor”, “los hombres no son sensibles”, “las mujeres tienen menor capacidad para las matemáticas y la ciencias duras”, “las mujeres son más débiles”, “los varones son más irresponsables”).
En su momento, la Sala Constitucional y Social de la Corte Suprema sostuvo que el Estado tiene “el deber de erradicar los valores contrarios a la Constitución educando a los futuros ciudadanos en el respeto irrestricto a los derechos de todas las personas” y que los enfoques que buscan una sociedad más igualitaria y sin discriminación no pueden ser sometidos a consulta, pues buscan reducir las brechas existentes entre hombres y mujeres. Asimismo, que el derecho de los padres a educar a sus hijos no significaba la posibilidad de educarlos en valores contrarios a la Constitución.
En consecuencia, es un reto para los demócratas del mundo la defensa de los derechos fundamentales de todos los seres humanos, particularmente, de las mujeres, que trabajando desde sus hogares, en las zonas rurales, en el campo, en los comedores populares, en el comercio, en las fábricas, como estudiantes, como profesionales, empresarias o ejerciendo posiciones de gestión en instituciones públicas o privadas, vienen demostrando sus capacidades y compromiso con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), particularmente con el 5 y el 10.
Para finalizar, a través de Malala Yousafzai, Marie Curie, Simone de Beauvoir, Frida Khalo, Rosa Parks, Virginia Woolf, María Reiche, María Rostworowski, Kimberly García, Liliana Mayo y Esther Festini, entre tantas mujeres destacadas en todos los campos que comprenden la formación integral de las personas, renovamos nuestro compromiso por construir una sociedad más democrática, equitativa, intercultural, sin discriminaciones de ningún tipo y con igualdad de oportunidades para todos.
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