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  • de agosto de 2026

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Mujeres acompañando mujeres: conoce a Zulema Torres, voluntaria del Programa Aurora

Como aliada estratégica del Mimp para luchar contra la violencia de género, esta madre de 4 niños, encuentra en el hecho de servir, un motivo de satisfacción.

Su participación en la intervención "Mujeres Acompañando mujeres" del Ministerio de la Mujer y Poblaciones, a cargo del programa, consiste en brindar consejería a mujeres que son víctimas de violencia de género y que actualmente se encuentran en un proceso legal.  

Para asumir esta tarea, junto a muchas otras voluntarias, tuvo que pasar por un proceso de capacitación en las que recibió pautas para poder orientar y otras para llevar adecuadamente el manejo de las emociones. La meta que tiene como reto, es que luego del acompañamiento las víctimas puedan romper el círculo de violencia, se empoderen y sean independientes económicamente.

La experiencia que ha adquirido le permite señalar que, para salir adelante, las mujeres deben establecerse metas, propósitos claros y tratar de alcanzarlos. También deben aprender a no quedarse calladas si se presenta alguna dificultad por un tema relacionado con violencia de género.

Zulema empezó motivada por los casos que fue descubriendo en el colegio donde se desempeña como docente. Cuenta que había comentarios de las propias pequeñas y por ellas se fue enterando de que ciertos menores tenían problemas en casa. 

"Los niños te cuentan todo, más aún cuando tienen confianza con sus maestros. Fue así como activamos todas las alertas al conocer de cerca un caso, por lo que citamos a los padres de familia para conversar".

Refiere también que como es la mamá la que usualmente recoge a sus hijos del colegio, termina abriéndose y revelando lo que sucede en casa cuando se le consulta por los cambios en la conducta o en el rendimiento que muestra su hijo.

La violencia, sea psicológica o física, o ambas, siempre está presente. Zulema dice que cada año, de un grupo de 20, dos o tres mamitas terminan contando sus casos, a pesar de que les cuesta mucho hacerlo. 

"Conforme establecemos confianza te cuentan, porque simplemente no pueden más. Al comienzo, la violencia es psicológica, pero en la mayoría de casos se convierte en violencia física."

Zulema Torres recuerda el caso de un niño que le confesó que su papá le había arrojado el plato de comida en la cabeza a la mamá y ese incidente lo había asustado mucho. Después cita el caso de una niña que por lo general lucía feliz en el colegio y de un momento a otro cambió. 

"No quería que la toquen, lloraba mucho, así que conversamos con ella y nos contó lo que le pasaba. En esos caso citamos a la mamá para adoptar acciones de inmediato", refiere.

La experiencia y la intuición juegan un papel clave para identificar posibles casos de violencia en los hogares. Zulema dice que un menor, que habitualmente es conversador, juguetón, participativo, cambia cuando vive situaciones de violencia en su casa. "El primer indicio es que se tornan callados, buscan aislarse, lo que sin duda afecta el rendimiento del estudiante, la atención, la concentración y el rendimiento.  

El manejo de los casos

Si bien las voluntarias del Programa Nacional Aurora están capacitadas para enfrentar estos casos, uno se pregunta cómo es que manejan el drama que viven otras personas, al asumir el acompañamiento.

Zulema dice que, en su caso, la motivación es muy importante. "Soy viuda, tengo cuatro hijos y mi mayor estímulo son mis niños y mi hija de 9 años, y no me gustaría que ella viva esa violencia que puede ocurrir por el machismo que hay en nuestra sociedad. Si yo puedo contribuir a empoderar a esas mujeres y que se den cuenta que entre nosotras podemos salir adelante, no pasaría esto, muchas mujeres no se quedarían calladas, compartirían su situación y allí estaríamos nosotras para apoyarlas".


Asegura que la intervención "Mujeres acompañando mujeres" solo brinda acompañamiento a aquellas que sufren violencia de género. "En ningún momento tratamos con el agresor, el acompañamiento es emocional, vamos con ellas al centro de salud, a la comisaría. Si tienen un citatorio, también permanecemos a su lado. Somos como sus mejores amigas".

Precisa que cuando surge un conflicto con la pareja agresora, la víctima de violencia se comunica con ellas y "nosotras activamos las alertas para que reciba ayuda inmediata. Siempre estamos alertas".

La tarea que cumple está llena de momentos fuertes y tristes que debe enfrentar, pero refiere que la satisfacción es muy grande cuando logran sacar a una víctima del círculo de violencia. "Esto es como una cadena, al empoderar a una mujer logramos también que sus hijas y sus familias no caigan en situaciones de este tipo. Se empoderan tanto que sirven de guías también a otras mujeres y así nos hacemos más fuertes cada día".

El acompañamiento que brindan las mentoras voluntarias como Zulema Torres es de un año, según lo establece el programa, pero si bien, formalmente termina, la relación de ellas continúa en la mayoría de los casos. 

"Siempre nos llaman para agradecernos, para hacer una consulta, o contarnos cómo les va. Y es que en el tiempo que brindamos nuestra guía y apoyo, se establece una relación de confianza, de amistad, que es dificil dejar".

Verlas empoderadas económicamente. Romper con esa dependencia monetaria que tienen con la pareja, y que en muchos casos es causante del abuso y el maltrato, resulta fundamental para lograr que ellas recuperen la autoestima y no vuelvan ¡nunca más! a caer en esta situación. Eso la motiva, afirma.

Zulema Trabaja silenciosamente, enfrenta situaciones de tensión, asume jornadas de trámites sin fin, pero nada la detiene en su afán de contribuir con los objetivos del programa. Le pregunto de qué tamaño tiene el corazón, y ella sonríe. Dice que solo quiere contribuir, hacer de este don de servicio, un ejemplo para sus hijos. Y vaya si lo es.

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