• JUEVES 7
  • de mayo de 2026

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Diez años de Maduro en el poder: sigue la estrategia de la propaganda

Mañana se cumple una década de la muerte del expresidente Hugo Chávez y la asunción política de Nicolás Maduro, dos personajes que polarizaron el continente americano.

Nada queda al azar. Un SB en el pecho por Súper Bigote... o por el prócer Simón Bolívar. Traje rojo, capa y calzoncillo azul a lo Superman, con un casco de construcción con la bandera nacional y la mano y antebrazo de acero.

Diez años después de la muerte del carismático expresidente populista Hugo Chávez (1999-2013), Maduro, ungido por su antecesor, sigue la estrategia de la propaganda y el culto a la personalidad para inflar su popularidad.

Un héroe

Súper Bigote, de hecho, fue encargado por la propia presidencia venezolana en el 2021, según una fuente cercana al proceso creativo. La idea era convertir al mandatario en un héroe que lucha “en la guerra contra el imperialismo” y los problemas del país. El villano en la historia es un rubio enmascarado en la Casa Blanca. Súper Bigote lucha contra un topo mecánico que priva al país de electricidad, o contra un monstruo que impide la llegada de vacunas contra el covid-19. Está un Frankenstein creado por la CIA o extraterrestres infiltrados, todo con la complicidad de caras conocidas de la oposición caricaturizadas con mofa.

El personaje está muy presente en gorras, camisetas, en murales en plazas de Caracas, Valencia u otras ciudades, se vende como muñeco a 15 dólares, casi tres veces el sueldo mínimo. Y durante el carnaval, niños y adultos lo usaron como motivo de disfraz.

“Esto no es un culto a la personalidad, esto es amor a la patria”, dice Balbina Pérez, de 65 años, con su camisa de Súper Bigote. “Es un líder, guerreando con nosotros y nosotros lo apoyamos”. El propio Maduro se refiere a sí mismo como Súper Bigote y a su esposa, Cilia Flores, como Súper Cilita, supuestamente en clave de humor, pero el historiador Elías Pino Iturrieta, profesor universitario y especialista en el culto a la personalidad, considera que “no es improvisado”.

“Debe estar muy bien pensado y muy bien respaldado”, explica.

Autor de El Divino Bolívar, Pino sostiene que el personaje cuenta ya con el aval del partido de gobierno y los militares, principal sostén de Maduro. Una réplica inflable estuvo presente en el desfile de las fuerzas armadas por el día de la independencia, al que por cierto, Maduro no acudió.

“Chávez jamás se hubiera presentado con capa en el Súper Bigote para salvar como si fuera el Chapulín Colorado, esos elementos no están vinculados con Chávez”, explica el reconocido analista político Luis Vicente León.

Pino considera que se trata de “buscar un imán, algo que llame la atención, que distraiga, que diga que no estás viviendo en el infierno”. “Es un truco de circo, genial como marketing, pero lamentable como desprecio al pueblo”.

Aunque el país mostró signos de recuperación en el 2022, Venezuela entró nueve años antes en una severa crisis económica que causó una contracción de 80% del PBI y una hiperinflación que diluyó el poder adquisitivo y llevó a unos 7 de los 30 millones de habitantes del país a migrar por mejores condiciones de vida. El gobierno culpa normalmente a Estados Unidos de la situación.

Personalismo

La política venezolana es “totalmente personalista”, estima Daniel Varnagy, doctor en Ciencias Políticas. “El venezolano necesita hacerse de un nombre convertido en un símbolo”.

Y el principal símbolo, casi religioso, es Bolívar.

El culto a la personalidad en Venezuela de hecho se remonta al nacimiento de la República con una excesiva apología al Libertador.

Presidentes como José Antonio Páez (1830-35, 1860-63), Antonio Guzmán Blanco (1870-77, 1870-84), Eleazar López Contreras (1935-1941) y Marcos Pérez Jiménez (1952-58) utilizaron la figura del prócer con fines políticos.

Chávez agregó incluso el término “bolivariana” a la denominación del país, sumándose a todo lo que ya lleva el nombre del prócer: las plazas centrales, el aeropuerto, escuelas y, más recientemente, un nuevo estadio para 40,000 espectadores... como si Bolívar jugara béisbol, ironiza Pino.

Tras su muerte, el 5 de marzo del 2013, Chávez se convirtió en un referente “prácticamente mágico-religioso”, señala Varnagy. Pero con el tiempo se “está comenzando a desplazar su magnitud e importancia”.

No es que Chávez vaya a desaparecer, “no puede”, asegura Pino.

“Pero el lugar central lo ocupa Maduro. Cada vez menos Chávez y más Maduro... más. (AFP)

Pragmatismo económico

“Sus políticas son neoliberales”, “Chávez no habría hecho eso”. El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, es blanco de críticas de sectores del chavismo que le acusan de distanciarse de su padre político, el fallecido Hugo Chávez, para conservar a toda costa el poder.

“El socialismo es la vía”, dice continuamente Maduro, quien sin embargo flexibilizó los estrictos controles económicos instaurados por Chávez y ha permitido una dolarización de facto con el fin de hacer frente a una crisis sin precedentes sin la billetera repleta de petrodólares con la que contaba su antecesor.

Hoy, la producción de crudo venezolano está estancada en unos 700,000 barriles por día, tras un desplome que expertos vinculan con corrupción y desinversión en una industria que llegó a dar al país 90% de sus ingresos.

El presidente llama a desarrollar un modelo que no dependa del petróleo, en un momento de leve recuperación tras siete años de recesión y cuatro de hiperinflación que diluyeron el poder adquisitivo de la gente.

Ante la crisis, agravada con las sanciones de Estados Unidos, abandonó la visión “dogmática” de Chávez: relajó los controles de precios y del sistema cambiario, dando paso a una dolarización informal que labró el camino a signos de recuperación.

Se distanció igualmente de las políticas de estatización –promoviendo la venta de acciones de empresas públicas– y ha reducido al mínimo un histórico subsidio a la gasolina. Son “cambios tácticos” para sostenerse en el poder, señala el doctor en Ciencias Políticas Daniel Varnagy.

La realidad en cifras

250 presos políticos se calcula que hay en Venezuela, según Foro Penal.

200 muertes se han producido durante las protestas desde el 2014.

22% de popularidad goza Maduro, muy lejos del 70% de Chávez, según Datanálisis.


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