Opinión
Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía, profesor universitario
Sin embargo, tener un posgrado puede ser parte de una estrategia laboral, o un requerimiento mínimo para el acceso a la docencia universitaria. Es evidente que la calidad de esta tipología está relacionada con los resultados académicos de la universidad que la organiza. De ese modo se tienen propuestas de posgrados de toda índole, precio, nivel y objetivos institucionales. A veces, erradamente, es una búsqueda compulsiva del cartón de magíster para satisfacer formalidades y mejorar su posición para negociar opciones. Otras veces, algunos estudiantes se involucran con el aprendizaje e instauran una comunidad de aprendizaje y de buenas prácticas de investigación.
También hay maestrías que son lo más parecido a una burda puesta en escena. Notarán ello cuando el conocimiento se convierte en un pretexto para justificar una cantidad espeluznante de tesis en la que se parecen tanto entre ellas como si compartieran la misma plantilla y tuvieran el mismo asesor. Una explosión industrial de formalismo académico vaciado de su contenido más importante y noble: aportar conocimiento a la humanidad. El peligroso triunfo de la forma sobre el aporte real y honesto.
Felizmente, a la par de esas desdichadas propuestas, existen aquellas que parten de una preocupación científica, tecnológica y humanista, sea cual fuere la disciplina, siendo notorio el esfuerzo por implementar la calidad educativa. Lo notan en la atractiva selección docente, su organización administrativa-académica, su seguimiento minucioso de la investigación, sus redes internacionales implementadas en la formación, en su contacto real y validado con sus grupos de interés, su vinculación exponencial con la industria en la cual impactan. O sea, un círculo realmente virtuoso para potenciar el talento de las personas que optan por ese nivel de estudios de alta complejidad.
En todos los casos, seguir estudiando es una buena decisión, pero esta debe ser en aquellas universidades que les garanticen un aprendizaje notable y se les asegure la calidad de la educación recibida. Solo así todos ganamos, ya que se acentúa de la mejor manera posible la preparación al talento, cuyo buen y adecuado impacto es fundamental para el país.
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