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  • de mayo de 2026

Con vocación

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Jairo Valqui, un lingüista heredero de un pueblo milenario

El Día Internacional de la Lengua Materna, mañana 21, es una ocasión para valorar nuestras lenguas originarias.


Editor
Susana Mendoza Sheen

Periodista

smendoza@editoraperu.com.pe



Jairo Valqui Culqui eligió la carrera de lingüística como si una energía venida del pasado orientara su decisión aquella mañana de 1996, cuando se inscribió en el examen de admisión de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Fue su segunda opción, porque la verdad, él quería ser historiador. Sin embargo, ingresó a esa casa de estudios por aquella elección que le depararía increíbles sorpresas años después.

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Jairo es lingüista e investigador de la Decana de América. Al inicio, recuerda, le preocupaba en qué momento debía trasladarse a la carrera que tanto le había interesado, pero los nuevos cursos y las tareas poco a poco lo fueron seduciendo hasta que fue una la que le daría un giro a su vida: reconocer los fonemas de una lengua. No tuvo mejor idea que recurrir a su progenitor quien siempre pronunciaba palabras raras.

“Mi papá es de Luya y desde niño yo siempre le escuchaba pedirle a mi mamá, que es de Chachapoyas, su caldito de Shil Shil, que se elabora a base de hojas de huacatay y huevos, con su rangacho (pan). Por esa tarea que debía hacer para aprobar el curso me acerqué a mi familia y desde entonces ella y mis paisanos son fuente de investigación”, comenta.

Antigua lengua

Lo que conoció Jairo Valqui Culqui a través de ellos fue el quechua de Chachapoyas, esa lengua ancestral que llegó al nororiente amazónico en el siglo XV, con Túpac Inca Yupanqui, precisa. Es así como empieza a tomar conciencia de su propia identidad, de su historia familiar pero también ancestral. Destacados maestros como Gustavo Solís y Gerald Taylor lo iniciaron en este proceso, que abre sus horizontes intelectuales y emocionales con la presencia de su tío, don Inocente Culqui Salón, “oriundo de La Jalca, uno de los pueblos más representativos del sur de Amazonas, Llakta conformada a partir de los pueblos chachapoya de Óllap y Tólap”, señala.

El octogenario no solo seguía hablando el antiguo quechua, también conservaba sonidos y palabras que a Jairo le llamaron la atención. Así es como empezó a estudiar la lengua antigua de los pueblos Chachapoyas y a encontrar que aún persisten muchos términos que son parte del habla cotidiana, como “lope”, que es un tipo de frejol grande que se sancocha y es rico en proteínas; y “solpe”, un tipo de bolso que usan los adultos mayores para cargar sus cosas, y que data de la época preinca.

En esa búsqueda de sus raíces, hoy sus intereses se han ampliado hacia el estudio de la toponimia de centros arqueológicos como Yálape y Kuélap, nombres que provienen de una lengua anterior a la inca y aún se desconoce lo que significan. También están incluidos Tálape y Órlape. Todos comparten una raíz común: lap, precisa.

Por la importancia que tiene Kuélap, Valqui Culqui le ha dado prioridad, sin desmerecer al resto de obras, porque considera que dar a conocer el significado de su nombre puede tener un impacto en la oferta turística. La palabra se divide en Kué-lap, en donde lap significa pueblo, sostiene. Kuélap quiere decir: Pueblo Sagrado. El resultado de la investigación acaba de publicarlo en una revista científica.

“Ser un lingüista que investiga la lengua antigua de los pueblos Chachapoyas ha significado un despertar sobre mi propia herencia cultural y siento una enorme responsabilidad social sobre toda acción que involucre deconstruir toda esa historia monolingüe que se ha impuesto en nuestro país”, dice.