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Artes escénicas

Felipe Sassone: el dramaturgo extraterritorial

Felipe Sassone (1884-1959), peruano de nacimiento, en nuestro país era visto como español, pues desarrolló casi todo su trabajo en la península ibérica, donde era considerado peruano.

Fue “torero, cantante de ópera, dandy con monóculo, dos veces duelista, y hasta actor de cine (junto a Carlos Gardel en Melodía del arrabal, de 1933)”. Así presenta a Sassone el académico Elton Honores, en el estudio crítico que realizó sobre El teatro, espectáculo literario (Lima, editorial Vida Múltiple, 2022).

Trabajo de erudito

Según Sassone, es un libro “didáctico”, para divulgación. Sin embargo, como apunta Honores, alcanza a ser muy erudito. Hace un rápido repaso por la historia del teatro occidental desde la Grecia antigua, y considera que la esencia del teatro es el drama. Es decir, considera que una obra teatral siempre debe tener un conflicto claro y contar una historia. Ve al teatro como literatura.

Contra la vanguardia

En las primeras décadas del siglo XX, el teatro fue influenciado por la danza, incorporando escenas de puro movimiento, sin diálogo. Honores explica que la vanguardia llega a España, donde vivía Sassone, en la década de 1920 mediante el ballet ruso.

A su vez, recuerda que en esos años el teatro tomó referencias del cine mudo, que presenta las acciones a mayor velocidad y con escenas donde no necesariamente ocurre algo. Sassone critica duramente estos cambios al considerar que no ayudan a contar una historia, aunque “curiosamente era un febril crítico de cine”, apunta Honores.

Sassone cuestiona las propuestas de este teatro vanguardista de su tiempo. Así, parece referirse a las obras consideradas irrepresentables, que empezaban a aparecer en este tiempo, como El paseo de Buster Keaton (1925) de Federico García Lorca, con acotaciones poéticas, pero que propone acciones como comer un sombrero o un cuervo que habla. Esta obra tardó varios años en ser llevada a escena.

En el Perú, algo similar podría decirse de las piezas teatrales de Jorge Eduardo Eielson, como Maquillage (1946), que propone movimientos de paredes. A diferencia del texto de García Lorca, esta obra fue representada poco después, en 1950, por la Agrupación Espacio en la Asociación de Aristas Aficionados. Este tipo de teatro tenía todavía ciertas resistencias, pero ya existía gran variedad de posibilidades para llevarlo a escena.

Sin embargo, Sassone considera que este tipo de obras “no transforman el teatro en su aspecto ni en su esencia”, pues estos aspectos técnicos ya se habían visto antes. Cabe recordar que las obras vanguardistas, como las que mencionamos aquí, fueron llevadas a escena, interpretando esas acotaciones imposibles.

En la historia de las artes, las novedades de las vanguardias son validadas como lo más relevante de su tiempo, pero estas siempre han tenido detractores. Según Honores, hoy Sassone sería visto como un conservador.

La vanguardia de hoy

Las ideas de vanguardia se impusieron en la teoría y la práctica. Hans-Thies Lehmann propuso la existencia de un teatro posdramático, en el cual no se representa una historia, es fragmentario, y el espectáculo puede romper sus propias convenciones.

Algunos hitos de esto son Esperando a Godot (1952), de Samuel Beckett, cuyos protagonistas esperan a una figura superior, con diálogos sin sentido que se contradicen. Asimismo, Máquina Hamlet (1977), de Heiner Müller, que deconstruye al personaje de Shakespeare mientras se reflexiona sobre política, historia y misoginia, en la cual el protagonista se revela como un actor. Un ejemplo peruano es Sin título, técnica mixta (2004), de Yuyachkani, una serie de performances individuales sin historia única mientras el público camina alrededor.

Espectáculo “convivial”

Hoy, la visión dominante de qué es el teatro es la de Jorge Dubatti. Él propone que el teatro es un espectáculo “convivial” porque se basa en la interacción entre el elenco y el público, es efímero, pues solo existe mientras dura una función, y tiene una naturaleza socioterritorial porque debe ser presencial.

Sin embargo, esta definición también se ha cuestionado con el teatro por internet. En tiempos en que la humanidad ya está habituada a socializar mediante redes sociales o videollamadas, nos preguntamos, ¿es un teatro tecnomediado, como afirma Percy Encinas? ¿O no es teatro si no es presencial, como en las ideas de Eugenio Barba?

¿Es este el ciclo natural de debate por definir un arte como el teatro que siempre se adapta a los cambios? Recordemos cuánto ha cambiado en el teatro con los cambios de diseño de los anfiteatros y teatros, el uso de luz eléctrica, la música grabada y la proyección de video. Así, el rescate de las ideas de Felipe Sassone nos trae preguntas antiguas y las renueva. 

¿El fin del teatro?

En su ensayo de 1934, Felipe Sassone dedica un párrafo a reafirmar sus ideas y anunciar el fin del teatro: “Acaso al pergeñar estas líneas, hijas de mi amor al teatro en lo que tiene de tradición y de evolución, el mismo amor me haya llevado a equivocarme, y así tengan razón los que vieron en el dinamismo del cine sin palabras, y en su pluralidad ilógica de sucesos animados, un signo de los tiempos, una copia de la vida actual conforme con la sensibilidad moderna; pero entonces, aunque se pretenda dar el nombre de teatro a otra clase de espectáculo, el porvenir del teatro verdadero es… su desaparición”. (Miguel Ángel Vallejo Sameshima)

Dato

55 obras de teatro escribió Sassone.