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Quienes únicamente se solazan con el pasado, ignoran que el Perú, el verdadero Perú, es todavía un problema. Quienes caen en la amargura, en el pesimismo, en el desencanto, ignoran que el Perú es aún una posibilidad. Problema es, en efecto y por desgracia, el Perú; pero también, felizmente, posibilidad”. Jorge Basadre. “Perú, problema y posibilidad”.
Periodista
jvadillo@editoraperu.com.pe
Hay hombres que nacen dotados para escribir documentos vigorosos, sintetizar la compleja historia de los pueblos y ensayar preguntas sobre un porvenir en común. Eso lo hizo Jorge Basadre Grohmann (1903- 1980), tanto en los volúmenes de la Historia de la República del Perú como en sus demás trabajos sobre nuestra historia nacional.
“Fui terco al hurgar desde los 16 años en el campo del pasado nacional, sobre todo en la época republicana y esa porfiada tarea fue la razón de ser para mi existencia intelectual, anheloso siempre de no inyectar en los muertos mis pasiones y mis dogmatismos”, dijo en el discurso que ofreció a empresarios y políticos reunidos en Tacna, en la CADE 79.
La mirada
El académico norteamericano Mark Thurner, en su libro History’s Peru (2011), sostiene que la mayor virtud de Basadre fue su preocupación por la realidad del Perú. No quería ver la historia de nuestro país ni como “una cueva de bandidos” ni como “un santuario”, gracias a cualidades que el crítico colombiano Rafael Gutiérrez Girardot destacó en su momento del maestro tacneño como “sereno, innovador, rigurosamente científico de la historiografía en lengua española”.
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En uno de los prólogos de Historia de la República del Perú, Basadre escribió: “Aquí se ha buscado, ante todo, comprensión, objetividad, coordinación, ensamble, sin odio para nadie y sin adulación para nadie, con el afán de superar el atolondramiento, la vehemencia, el encono, la suciedad y la mezquindad, plagas de la vida criolla”. Como apuntó el historiador Franklin Pease, el proyecto historiográfico de Basadre apuntó a “hacer una historia del Perú global y accesible”.
El historiador Carlos Contreras coincide en que la obra del maestro tacneño despierta “ese sentimiento de solidez, serenidad y plenitud que solo adquieren las cosas definitivamente acabadas”. “Sin embargo, una visión así oculta los muchos meandros que tuvo su trayectoria intelectual, en la que, como es propio de pensadores en su vitalidad y talento, se interesó por temas y quehaceres variopintos, que luego no siguió explorando para concentrarse en la historia de la República.”
Lo social
“Todo lo que no emana de lo histórico es, en el Perú, radicalmente heterogéneo”, escribió Basadre en Perú: problema y posibilidad. Tuvo un compromiso social permanente. El desaparecido periodista César Lévano escribió que Basadre “no se adhirió al marxismo de Mariátegui ni al aprismo de Haya de la Torre, pero en la reedición de Perú: problema y posibilidad, que es de 1978, poco antes de su muerte, reiteró su credo socialista. Era este ajeno a vínculos soviéticos y planteaba ‘la construcción de una sociedad donde los intereses de la comunidad estén siempre por encima de los intereses particulares sin cortar el estímulo a la libre iniciativa legítima.’”
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Francisco Miró Quesada Cantuarias, por su parte, recordaría en un artículo la gran relación del tacneño con la cultura filosófica, en especial con el pensamiento histórico-filosófico de Kant, otro tema a considerar en el análisis de su legado intelectual.
Formación
Es indudable que su devenir intelectual y sentido tiene un cordón umbilical con el lugar y el contexto de su nacimiento: nació en Tacna, durante el cautiverio por la ocupación chilena. “El recuerdo que evoco es el asalto a las imprentas tacneñas La Voz del Sur y El Tacora por obreros chilenos que trabajaban en la construcción del ferrocarril Arica-La Paz. Pasaron frente a mi casa. Tenía 8 años y vi que apedreaban los balcones de mi casa. Es que se trataba de sofocar la educación y la expresión peruana”, recordaría en una de sus últimas entrevistas al periodista Óscar Vargas Romero.
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Y claro, fue detonante la vitalidad de su madre, la patriota Olga Grohmann de Basadre, quien a pesar de las vicisitudes de hacerse cargo sola de sus siete hijos a la muerte de su esposo, inyectó en toda una generación de tacneños el amor por la patria.
El historiador Manuel Burga recuerda otro elemento clave: lo gravitante que fue para la formación intelectual de Basadre la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y el contexto de un país de cambios, durante el Oncenio de Augusto B. Leguía, que significó el fin de la República Aristocrática y la “coyuntura de movilizaciones sociales” que sacudieron Lima, ergo, el Perú, de 1918, “intensas protestas, marchas callejeras y huelgas, cuyo punto culminante fue la Ley de las Ocho Horas”, escribe Burga.
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Son los años también de la primera Reforma Universitaria, donde un jovencito Basadre de 16 años participará en el Cusco del Congreso de Estudiantes, y Burga no deja de lado la gestación de obras “que sentarían las bases del horizonte ideológico”, como los 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana (1928), de Mariátegui; La realidad nacional (1931) de Víctor Andrés Belaúnde; los libros sobre el Apra de Haya de la Torre, amén del surgimiento de la corriente indigenista, y la huella del primer centenario de la independencia.
Todo ello fue parte de los debates que formaron a Basadre, cuya obra es de vital importancia, como escribe Burga por “establecer un diálogo con su tiempo, dar respuestas afirmativas y elaborar un programa de vida en el que su biografía terminó confundiéndose con la biografía de la sociedad y del tiempo que quiso retratar.”
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En la BNP
Sin embargo, para el intelectual su principal aporte al país fue levantar “de las ruinas” a la Biblioteca Nacional del Perú (BNP), donde fue nombrado director tras el incendio del edificio de la avenida Abancay, en 1943, y crear una conciencia bibliotecaria, promoviendo la creación de la Escuela Nacional de Bibliotecarios. Por ello, se le considera el Padre de la Bibliotecología Peruana. Otra contribución del enorme tacneño.